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especial III homenaje a don elisardo pardos bauluz

Dos pasiones unidas por el mismo espíritu

Especial III Homenaje a Don Elisardo Pardos Bauluz.

Juan Pablo Pardos, a la conclusión de la maratón de Tokio.
Juan Pablo Pardos, a la conclusión de la maratón de Tokio.

El esfuerzo, el hábito de trabajo o la fuerza de voluntad son principios esenciales para dirigir con éxito una clínica odontológica. Una carrera de fondo, al fin y al cabo, que se asemeja con el tesón necesario que requiere prepararse para una prueba tan exigente como una maratón. Ambas labores constituyen las pasiones de Juan Pablo Pardos, odontólogo, asesor clínico y formador en implantología y reparación ósea, que lidera desde 2011 el prestigioso Centro Médico Palafox. Unas tareas que lleva a cabo gracias a los valores que heredó de su padre, Don Elisardo Pardos Bauluz, una auténtica eminencia en el campo de la odontología tanto en España como fuera de nuestras fronteras y de cuyo fallecimiento se cumplieron este lunes tres años.

Para honrar a su padre, Juan Pablo se embarcó en 2016 en un ambicioso proyecto: correr las seis maratones más importantes del mundo. El pasado 13 de octubre disputó la quinta, en Chicago, y ya solo le resta la que tendrá lugar en Boston en abril del próximo año. En todas ellas, el odontólogo viste una camiseta que lleva la fotografía de su padre, imagen con la que sus familiares y amigos le esperan también en la meta. "Ya no es solo disputar las maratones, ni incluso la preparación, sino más bien el hecho de superarse a uno mismo y de lograr retos. El espíritu de sacrificio es uno de los principios más importantes que me transmitió mi padre y por eso corremos juntos todas las carreras", expone Pardos. 

Con ello se homenajea a un hombre que lo fue todo en la odontología española. "Fue un referente nacional e incluso internacional. Trató a más de 15.000 pacientes, una cifra elevadísima para la época y que sería impensable en la actualidad. Y, además, al 90% de la gente mayor de 45 años de Zaragoza que llevó ortodoncia, se la hizo mi padre", apunta Juan Pablo. Una trayectoria exitosa que fue posible gracias a la esencia del trabajo constante, una seña de identidad que fue el motor que marcó la existencia de Don Elisardo y que ahora lo hace con la de su hijo: "Con eso puedes conseguir todo lo que quieras, tanto a nivel profesional como en el resto de los planos de la vida", concluye el doctor Pardos.

Unos retos que suponen el homenaje perfecto

"Haz deporte, hijo mío. Que yo toda la vida me he arrepentido de no hacerlo", fue una de las frases que Don Elisardo le dijo a su hijo poco antes de morir. Con ese objetivo, Juan Pablo, que hasta entonces corría a nivel ‘amateur’, empezó hace tres años a entrenarse a fondo. "Me apunté al club de ‘running’ de ESIC, dirigido por un atleta de renombre como Carlos García, olímpico en Atenas 2004. Entreno corriendo dos días a la semana y el resto, dependiendo de si tengo o no carrera, sigo el programa que me hace el preparador: sentadillas, abdominales, cargas, ajustes, fuerza... Al final son entre 500 y 700 kilómetros de distancia en tres o cuatro meses, en los que hago una media de 70 kilómetros semanales", indica el especialista, quien ha disputado diferentes carreras como la del Ebro, la Behobia-San Sebastián o las medias maratones de Soria y Zaragoza.

El 13 de octubre corrió la maratón de Chicago y antes había participado en las de Berlín, Nueva York, Londres y Tokio. Tanto la prueba neoyorquina como esta última de Chicago han sido más especiales si cabe porque en Estados Unidos reside su hija Alejandra, que acudió a animarlo en varios puntos de las carreras. La joven, de 21 años, estudia becada desde los 15 años allí y actualmente cursa el último año de la titulación ‘Double major in economic and computer science’ en el Trinity College de Hartford, Connecticut, y el próximo año trabajará como analista en investment banking (banca de inversión) en una empresa en Nueva York. La estudiante ha heredado igualmente los valores del trabajo duro de su padre y de su abuelo, continuando la saga al otro lado del Atlántico. 

Los maratones constituyen así el homenaje perfecto para Don Elisardo Pardos Bauluz, cuya figura sirve además a su hijo de motivación en los momentos difíciles: "Cuando estoy corriendo y me encuentro más flojo o cuando las condiciones son duras debido a la lluvia o a la nieve, me acuerdo mucho de mi padre y eso me sirve como estímulo. Me da las fuerzas necesarias para seguir adelante", explica Juan Pablo, quien añade que todo ello es una forma de "lograr metas importantes juntos" y, en suma, de "encumbrar" a una de las personas más importantes de su vida, a la que toda la familia echa mucho de menos y a quien tienen muy presente en su día a día.

Don Elisardo Pardos Bauluz, recibiendo un galardón.
Don Elisardo Pardos Bauluz, recibiendo un galardón.

Don Elisardo, el mejor maestro

Nacido en Magallón en 1934, Don Elisardo estudió Medicina en la Universidad de Zaragoza y se licenció en Estomatología en la Complutense de Madrid. "Estudió con becas y comenzó trabajando de médico en Arija. Mientras ejercía en Soria se licenció en Estomatología en Madrid, para luego compaginar los trabajos de médico y odontólogo hasta que finalmente dejó la medicina para dedicarse en exclusiva a la ortodoncia, trabajando todos los días de la semana entre Soria y Zaragoza", explica Juan Pablo.

El odontólogo recibió de su ascendiente una educación firme y las herramientas para saber pelear. No en vano, Don Elisardo se quedó huérfano de padre a los 18 años y tuvo que luchar mucho para sacar adelante a su familia.

Además de los viajes y el buen vino, otra de las pasiones que heredó son los recortables. "Era un manitas. Se pasaba horas recortando libros, encuadernando, rotulando y haciendo planos. Mi madre, el bastón de la familia y un pilar importante en nuestras vidas, dice que si no hubiese sido dentista se habría dedicado a la arquitectura", apunta el experto.

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