en colaboración con ibercaja
"La flexibilidad y la visión a largo plazo son la mayor fortaleza de las empresas"
La Directora de Banca de Empresas de Ibercaja, Teresa Fernández, habla de los desafíos que enfrentan las empresas y del acompañamiento que presta el banco, que este año celebra 150 años de trayectoria al lado del tejido empresarial
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La Directora de Banca de Empresas de Ibercaja, Teresa Fernández, habla en esta entrevista de los desafíos que enfrentan las empresas y del acompañamiento que presta el banco, que este año celebra 150 años de trayectoria al lado del tejido empresarial.
La incertidumbre y el convulso escenario geopolítico siguen marcando la actividad económica. ¿Cómo condiciona esta situación el día a día de las empresas?
Efectivamente, la incertidumbre geopolítica se ha convertido en un factor estructural y de gestión para todas las empresas, conllevando impactos muy directos en el día a día más allá del plano macroeconómico. Así, el riesgo geopolítico es desencadenante directo de tensiones comerciales, problemas en las cadenas de suministros, incremento de los costes energéticos y de materias primas, e incluso puede provocar un incremento del riesgo cibernético.
Todo ello impacta directamente en la toma de decisiones del business as usual, exigiendo mayor agilidad, una gestión más sofisticada de los riesgos y una planificación financiera capaz de equilibrar prudencia y crecimiento.
Esta situación no es nueva, llevamos ya unos años hablando de incertidumbre. ¿Cree que las empresas están reaccionando con la suficiente rapidez a estos cambios?
Yo creo que las compañías españolas están mostrando una capacidad de adaptación y de resiliencia admirable, y los equipos directivos han desarrollado una mayor cultura de anticipación y adaptación. Han aprendido a ser flexibles, a ser capaces de reaccionar y cambiar el rumbo si es necesario y tener un planteamiento estratégico a la hora de tomar cualquier decisión. Parece contradictorio, pero frente a la incertidumbre, se está reaccionando con calma y planificación.
No obstante, la velocidad de respuesta no es la misma en todas las organizaciones, y más que preguntarnos si las empresas reaccionan de forma suficientemente rápida, quizás deberíamos preguntarnos por si están desarrollando las capacidades necesarias para anticiparse, pues la anticipación se ha convertido en una ventaja competitiva tan importante como la eficiencia o la innovación.
¿Cómo han logrado las empresas españolas esta flexibilidad frente a la incertidumbre?
Esta capacidad de respuesta ante la incertidumbre es fruto de una estructura sólida que se ha ido configurando a lo largo de los años. Me refiero a que están más capitalizadas, tienen menos endeudamiento y más liquidez, se han abierto a nuevos mercados, se han digitalizado, se han profesionalizado y mejorado su gobernanza… Todo esto les hace ser menos vulnerables frente a impactos externos.
Frente a este contexto tan exigente, las empresas familiares parecen contar con ciertas ventajas competitivas. ¿Qué fortalezas destacaría como clave en este tipo de compañías?
Yo destacaría su ADN emprendedor, su cultura del esfuerzo, su compromiso y arraigo al territorio, su responsabilidad social y su visión a largo plazo. Si ponemos todos estos ingredientes juntos, tenemos casi la fórmula perfecta para hacer frente a la incertidumbre porque las empresas familiares no priorizan los resultados a corto, sino que buscan principalmente proteger el legado que se transmite de generación en generación, con una mezcla de prudencia y visión de futuro. Todo esto las hace fuertes ante cualquier contratiempo.
Muchos de esos valores describen también la forma de trabajar de Ibercaja.
Es cierto que, sin ser una empresa familiar en sentido estricto, en Ibercaja compartimos muchos de sus valores y formas de hacer. Tenemos una clara coincidencia de responsabilidad y compromiso con el territorio, con las personas, y con los principios que han guiado a la entidad durante los 150 años de vida que este año celebramos.
Esta identidad se traduce en una manera de trabajar basada en construir relaciones de confianza a largo plazo con nuestros clientes, acompañándoles en todas las etapas de su crecimiento. Apostamos por un modelo de cercanía y conocimiento profundo del cliente, aderezado de responsabilidad social y vocación de servicio.
¿Cómo se traducen esos valores en el día a día del negocio? ¿De qué manera influyen en las decisiones estratégicas de Ibercaja?
De una forma muy directa. Cuando digo que somos un banco de cercanía, quiero decir que nuestros equipos conocen de primera mano la realidad de las empresas con las que trabajamos, sus inquietudes y también sus aspiraciones. Eso nos permite acompañarlas de verdad, no solo ofrecerles productos financieros, sino respaldar sus proyectos de crecimiento y estar presentes en las decisiones que marcan su futuro.
Cuando hablamos de visión a largo plazo, estamos diciendo que no tomamos decisiones pensando únicamente en el resultado inmediato, sino en construir relaciones sólidas y duraderas. En banca de empresas esto es especialmente relevante, porque nuestros clientes necesitan un socio financiero en el que confiar a lo largo del tiempo, alguien que entienda su negocio y esté ahí en los momentos buenos, pero también cuando el contexto se complica.
Menciona el 150 aniversario que se celebra este año. ¿Cómo se mantienen vivos esos valores en un entorno empresarial tan cambiante?
150 años son muchos años y llegar hasta aquí ha sido el resultado de saber adaptarnos a cada época sin perder de vista quiénes somos y cuál es nuestra función en la sociedad. Los valores que nos guían constituyen nuestro ADN y por ello son la base estable sobre la que incorporamos atributos que van permitiéndonos evolucionar a lo largo del tiempo, otorgándonos una identidad reconocible que se mantiene a lo largo del tiempo. Yo diría que en un entorno tan volátil como el actual, estos valores son precisamente nuestra mayor fortaleza.
"Nos mueven las empresas que no paran de moverse". ¿Es este lema la hoja de ruta de Ibercaja para seguir acompañando a las empresas en el futuro?
Sin duda alguna. Una empresa que no para de moverse es una empresa que innova, que busca nuevos mercados, que se reinventa cuando hace falta. Ese dinamismo es el que nos interpela directamente, porque nuestro trabajo es estar a la altura de esa ambición. Por eso, nos esforzamos en anticiparnos a sus necesidades, en ofrecerles soluciones que les permitan seguir creciendo y, sobre todo, en ser el socio financiero de confianza que les acompaña no solo hoy, sino durante muchos años.
Que las empresas que confían en nosotros sigan activas, sigan generando empleo y sigan dejando huella en sus territorios, es lo que nos mueve a nosotros y seguirá moviéndonos otros 150 años.