perspectivas 2026
José Antonio Pradas: "El regadío del Alto Aragón es hoy clave para la economía y la estabilidad del territorio"
Agricultor y jurista, José Antonio Pradas ejerce su actual cargo desde el año 2022. Representa a miles de regantes y coordina la gestión de uno de los sistemas de riego más relevantes de España, impulsando inversiones, modernización y diálogo permanente con las instituciones.
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Qué balance hace de 2025?
Ha sido un año complejo, pero razonablemente satisfactorio. Hemos cerrado la campaña con garantías de suministro y cumplido hitos relevantes en modernización, consolidando la cooperación con las administraciones pese a un contexto económico y normativo muy exigente. El año concluye, no obstante, con la incertidumbre que provoca la falta de regulación hídrica y la necesidad de descender el embalse de El Grado por debajo de sus niveles históricos con motivo de las obras en las compuertas de fondo, lo que añade preocupación de cara a la campaña 2025-2026, para la que será imprescindible una primavera muy lluviosa y una importante reserva de nieve que permitan recuperar sus niveles. Todo ello se produce, además, en un contexto en el que sigue pendiente la puesta en marcha del embalse de Almudévar.
¿Cuál es la situación del regadío en el Alto Aragón?
El sistema mantiene una posición sólida, con una superficie modernizada creciente, un alto nivel de profesionalización de los regantes y una estructura organizativa que permite gestionar de forma coordinada infraestructuras muy extensas. Nuestro objetivo es garantizar estabilidad, servicio y seguridad jurídica a las comunidades de base. Seguimos trabajando en completar actuaciones pendientes, optimizar la explotación de los embalses y canales principales y asegurar que las obras en marcha se traduzcan en un mejor servicio al usuario final.
¿Qué papel juega el regadío ante la volatilidad de los mercados?
El regadío del Alto Aragón es un elemento de estabilidad. Aporta volúmenes de producción previsibles, permite planificar siembras con menor incertidumbre y sustenta industrias agroalimentarias que generan empleo y valor añadido. En un escenario de precios volátiles, disponer de un regadío eficiente es una auténtica política de Estado. Nuestro papel es garantizar que esa capacidad productiva se apoye en infraestructuras fiables, reglas claras y un marco de funcionamiento que dé confianza a agricultores, cooperativas e industria.
¿Hacia dónde debe mirar la planificación hídrica?
La planificación debe orientarse a asegurar la fiabilidad del recurso para los usos existentes, culminar las infraestructuras comprometidas y dar respuesta ordenada a los nuevos retos normativos europeos. Es imprescindible combinar rigor técnico, seguridad jurídica y diálogo con todos los usuarios, evitando decisiones que pongan en riesgo inversiones ya realizadas. Para Riegos del Alto Aragón resulta prioritario disponer de un marco estable que reconozca el peso del sistema y permita planificar a medio y largo plazo las decisiones de cultivo, financiación y modernización. Todo ello no será posible, a medio plazo, sin una regulación efectiva en el río Gállego y sin la puesta en marcha inminente del embalse de Almudévar.
¿Son importantes la automatización y la inteligencia artificial para la gestión del agua?
Son decisivas. Los sistemas de telecontrol, sensorización y tratamiento avanzado de datos nos permiten conocer en tiempo real el estado de la red, anticipar incidencias y ajustar la distribución a las necesidades reales. Estas herramientas mejoran la eficiencia, reducen costes de explotación y facilitan la toma de decisiones estratégicas. Sin embargo, no deben convertirse en un mecanismo de presión sobre los usuarios orientado a forzar reducciones de dotaciones, sino en una herramienta para conocer mejor el buen uso del agua y, en consecuencia, reforzar y justificar las dotaciones aplicadas.
¿A qué retos de futuro se enfrentan?
Debemos afrontar la adaptación a escenarios hidrológicos más exigentes, el incremento de los costes energéticos y la necesidad de seguir modernizando infraestructuras sin perder competitividad. Al mismo tiempo, es clave asegurar el relevo generacional en las explotaciones y mantener la confianza institucional, ofreciendo certidumbre a largo plazo a quienes invierten en regadío. Y, sobre todo, nos enfrentamos al reto de fortalecer la posición del regadío como única forma de garantizar un suministro estable de alimentos, razón por la cual la regulación hídrica y la protección de las dotaciones de riego deberían considerarse una cuestión fundamental y de Estado.
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