Charles Hours, una estrella en Jurançon

Al frente de la bodega Clos Uroulat, que este año celebra su 250º aniversario, se encuentra este profesional, que trabaja desde hace 42 años para promover la grandeza de este vino blanco

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28 jun 2025 - 05:00
Charles Hours, con una selección de vinos Jurançon elaborados en Clos Urolat.
Charles Hours, con una selección de vinos Jurançon elaborados en Clos Urolat.Ascencion Torrent

Él es de la vid como se es de un país. Y, por un inmenso golpe de suerte, su país es uno de los de la vid. Charles Hours es de Béarn hasta la médula, incluso luce un polo de una marca local del suroeste francés. "Si me da alzhéimer, me traerán de vuelta", comenta entre risas. Pero su identidad es más profunda que una prenda de vestir, es como un tatuaje. Está en la tierra de su vida.

Nacido en Lacommande -en la región de Aquitania, entre Oloron y Pau- en 1955, Charles Hours creció allí y descubrió el rugby y la posición de 3ª fila: una primera licencia en Billère, una temporada en Section Paloise, aventuras en Monein. Estudió en los institutos Saint-Cricq y Barthou, y después en el colegio de ciencias. France Telecom le esperaba para iniciar su carrera profesional, pero en 1976 se trasladó a Burdeos para estudiar el Diploma Nacional de Enología, que obtuvo dos años más tarde.

En Gironde, en la costa atlántica, no se quedó más tiempo del necesario. Después y siempre, sería Béarn. "Soy de un sitio", dice, como si fuera evidente. El hombre cuyos abuelos maternos regentaban un vivero en Monein regresó como un imán. Primero ocupó un puesto en la cooperativa Gan, antes de aprovechar la oportunidad de su vida en 1983 con la bodega Clos Uroulat. Un total de 3,5 hectáreas anteriormente en manos de Albert Lonné, que producía vino en las denominaciones Jurançon y Jurançon sec, así como un renombrado tinto de Béarn.

250 años

La historia de Clos Uroulat comienza en un almacén de vino construido en 1775 y en el granero contiguo inaugurado en 1820. Desde allí la vista es sublime, un paisaje preservado y una biodiversidad protegida. "Es un privilegio vivir aquí, –admite el propietario–. Una de mis colegas solía decir que era la mitad de su sueldo... Es un lugar de ensueño y disfrutamos de una gran calidad de vida. Así que mantengamos la discreción".

Hours se instaló en Clos Uroulat, ubicado en las alturas de Monein, el 1 de agosto de 1983. Y rápidamente convirtió este sitio en un lugar emblemático y en uno de los mejores embajadores de Jurançon. Siendo exigente, ha elaborado un vino que combina "equilibrio, frescura y elegancia", en palabras de la Revue du Vin de France, y está decidido a darlo a conocer. Durante 27 años, nunca viajó más allá de Burdeos, Toulouse y Pamplona. Después, recorrió las ferias del vino. "Ojos que no ven, corazón que no siente", explica. "Hay que estar cerca de los clientes y ser creativo".

Desde entonces, han pasado 42 vendimias y el Clos se ha ampliado: ahora ocupa 14 hectáreas, dos de ellas arrendadas, y produce entre 60.000 y 80.000 botellas al año, una cuarta parte de las cuales se exporta a Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón, Argentina, Europa, etc. Desde 1992 no hay vino tinto y sí mucho Jurançon seco, ya que las cuvées elaboradas con la variedad gros manseng representan el 75% de la producción.

Un papel importante

El objetivo primordial es seguir siendo accesible. Charles Hours camina por la cuerda floja: "Tiene que ser económicamente viable y seguir siendo razonable". Es una tarea difícil en una denominación en la que los costes de producción son elevados y en una finca en la que las uvas se vendimian a mano (durante todo el año, cuentan con ocho trabajadores, cifra que asciende a 16 en el momento de la vendimia en otoño).Pero el acto de equilibrio está bien gestionado, como atestiguan los precios: 7,5 euros para los vinos de entrada, 19,5 euros para la botella más cara.

En la evolución de la denominación, que ha pasado de 6.000 hectáreas a finales del siglo XIX a 1.300 en la actualidad, es uno de los 300 viticultores, 120 de ellos independientes, que ha desempeñado un papel importante en su reconocimiento y en la aparición de una nueva generación. Su hija trabajó con él de 2006 a 2024 y hasta Lionel Osmin, el famoso comerciante de vinos, también trabajó en Clos Urolat. Pero, desde la humildad, se niega a reconocer el mérito: "Estamos un poco de moda, pero nunca se acaba. Estoy convencido de que seré olvidado muy, muy rápidamente. Lo más importante es sentirse bien con los vecinos", comenta.

Hours también fue el impulsor de la creación de la Ruta del Vino de Jurançon, pero ahora se ha retirado, continuando su alegre camino con los amigos que ha conocido por el camino y su equipo, que incluye a Mélanie Soto, encargada de las ventas, y Jon Parmentier, cuyas responsabilidades de producción se extienden desde el viñedo hasta la bodega. Estos son los refuerzos necesarios para mantener la aventura al frente de una finca que celebra su 250 aniversario. Aunque en marzo celebró su 70 cumpleaños, imagina una jubilación activa. "Es una profesión apasionante", sonríe. "La viticultura es una profesión extraordinaria. El vino no es un fin en sí mismo, es un producto de encuentros. Como el pan y el fuego, es algo que se comparte. Una promesa que se vive en Clos Uroulat".

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