en colaboración con quirónsalud
Carlos Gil, tras superar una leucemia: “Lo primero que pensé fue que había que curarse”
Los estudios moleculares, la inmunoterapia y el tratamiento individualizado marcan el abordaje de estos pacientes en el Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza.
Contenido creado para una empresa, marca u organización que ha pagado su producción y publicación y que cuentan con su aprobación.

Carlos Gil acudió a Urgencias en julio de 2025. Llevaba unos días más cansado de lo habitual y había tenido unas décimas de fiebre. “Yo lo achacaba a otra cosa porque no tenía ni idea de que pudiera venir de esto”, recuerda.
Una analítica realizada en el Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza mostró alteraciones en los glóbulos blancos. El equipo de Hematología analizó entonces la muestra al microscopio, donde ya se observó la presencia de células malignas. Las pruebas posteriores, entre ellas una biopsia de médula ósea y estudios moleculares, confirmaron el diagnóstico: leucemia linfoblástica aguda, con afectación del sistema nervioso central y características genéticas de alto riesgo. El tratamiento comenzó pocos días después de su ingreso.
“Nos quedamos bastante impactados porque no nos esperábamos esto”, cuenta Carlos. Sin embargo, tuvo claro desde el principio cómo afrontarlo: “Lo primero que pensé cuando nos lo dijeron es que había que curarse”.
Un tratamiento a medida
El doctor Alejandro García Ortego, especialista en Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza, destaca la importancia de individualizar cada caso. “Carlos no es solo una persona con una leucemia linfoblástica aguda, tiene su familia, su entorno, su vida”, explica. Por eso, las decisiones tienen en cuenta tanto las características de la enfermedad como las circunstancias del paciente.
La primera fase consistió en una quimioterapia de inducción dirigida a eliminar las células malignas de la médula ósea. La afectación del sistema nervioso central hizo necesario administrar también quimioterapia mediante punciones lumbares. Durante este periodo, Carlos sufrió una infección y una bajada de plaquetas y hemoglobina, por lo que necesitó transfusiones y el apoyo del banco de sangre del hospital.
De la quimioterapia a la inmunoterapia
Al finalizar esta primera fase, en la médula ósea ya no se observaba enfermedad. Sin embargo, los estudios moleculares detectaron un pequeño porcentaje de enfermedad mínima residual. El equipo optó entonces por la inmunoterapia, un tratamiento “mucho más selectivo, mucho menos dañino y muy eficaz”, explica García Ortego.
La terapia se administró mediante infusión continua durante 28 días en cada ciclo. Tras permanecer ingresado durante el primero, una bomba portátil permitió a Carlos continuar el tratamiento desde casa. “Pude hacer mi vida normal llevando la mochilita colgada con el gotero”, señala.
También se valoró realizar un trasplante de médula ósea. Tras estudiar los riesgos y beneficios, abordar el caso en distintos comités y contrastarlo con profesionales de otros hospitales de Quirónsalud, se decidió de forma consensuada con Carlos continuar con la inmunoterapia. Al finalizarla, las pruebas moleculares confirmaron una respuesta completa. Actualmente, sigue un tratamiento de mantenimiento y permanece sin enfermedad detectable.
Avances clave
“Hoy en día, el abordaje de una leucemia requiere mucho más que administrar un tratamiento”, señala García Ortego. El Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza se apoya en laboratorios de referencia para realizar estudios de biología molecular y citogenética que permiten caracterizar cada leucemia y determinar si existen dianas específicas para su tratamiento.
A ello se suma la coordinación entre diferentes servicios del hospital y el soporte transfusional que estos pacientes pueden necesitar. Además, los avances de los últimos años han incorporado opciones como la inmunoterapia y la terapia celular, que están permitiendo obtener mejores respuestas en determinados pacientes.
El especialista subraya también la importancia de la relación con el paciente durante un proceso que puede prolongarse durante meses. “Tienes que tener un vínculo especial con tu médico y, sobre todo, una gran confianza”.
Volver a la normalidad
Hoy Carlos ha recuperado su día a día. Cuida el jardín, lee y continúa disfrutando de la música y la fotografía. “Hago mi vida absolutamente normal”, afirma. Mantiene controles periódicos y un tratamiento que describe como “muy suave”.
Lo que sí ha cambiado es su forma de valorar algunas cosas. “Vives más el día a día porque ves que la vida transcurre y tienes que disfrutarla”. Y resume lo aprendido durante este proceso en algo esencial: “Una de las cosas más importantes que he aprendido es valorar la salud”.
Su historia forma parte de ‘Píldoras de vida’, el proyecto de sensibilización del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza que, a través de las experiencias de sus pacientes, pone rostro a diferentes procesos oncológicos.