en colaboración con asapme aragón

Asapme Aragón: cuando la salud mental se convierte en un derecho y no en tabú

En el Día Mundial de la Discapacidad, esta asociación reivindica más recursos, menos estigma y una atención comunitaria que devuelva a cada persona su lugar y su voz.

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Se realizan excursiones a la montaña.
Desde Asapme Aragón se realizan excursiones a la montaña.Asapme Aragón

Hay preguntas que se dan por hecho, pero cuando se hacen cambia el rumbo de una vida. Una de ellas es "¿cómo estás?". Detrás de esa cuestión, que tantas veces se responde de manera automática, empieza el trabajo de entidades como Asapme Aragón, que lleva acompañando, apoyando y ofreciendo recursos reales a personas con problemas de salud mental y a sus familias desde 1984.

En un contexto en el que la discapacidad por motivos de salud mental sigue siendo una de las menos visibles y más estigmatizadas, su labor se ha convertido en un pilar esencial. Su gerente, Ana López, recuerda que lo que más ha cambiado es "la desinstitucionalización y la visibilidad", un tránsito decisivo desde los antiguos modelos «manicomiales» hacia «una atención comunitaria» que hoy forma parte de la agenda pública. Ella, aunque destaca cómo la gente joven habla de salud mental "con más naturalidad", reconoce que persiste "el miedo a la diferencia y la asociación automática de la enfermedad mental grave con la peligrosidad o la falta de capacidades".

La atención en Aragón ha evolucionado hacia un enfoque biopsicosocial que ya no se conforma con la estabilidad clínica, sino que persigue la participación social y la calidad de vida. Según López, la colaboración entre el Servicio Aragonés de Salud y el tercer sector ha permitido pasar "de la hospitalización a la rehabilitación psicosocial y la recuperación funcional en centros de días o pisos supervisados", aunque advierte de que el sistema sigue necesitando más recursos y coordinación.

El acompañamiento, la escucha y la empatía no son complementos, sino la base: "El acompañamiento no es solo supervisión, es presencia incondicional y activa". La escucha "despatologiza" y devuelve protagonismo, mientras que la empatía ayuda a desmontar el autoestigma y el rechazo externo.

Asapme atiende a más de 1.700 personas al año. El perfil, tal y como señala Ana López, se ha diversificado desde jóvenes y adultos con ansiedad, depresión o problemas de adaptación hasta personas con trastorno mental grave que buscan autonomía, empleo y apoyo contra el aislamiento.

En este sentido, advierte que las demandas han cambiado porque "antes eran de supervivencia y ahora son de integración, empoderamiento y acceso a derechos", con un aumento exponencial de la necesidad de apoyo psicológico en jóvenes tras la pandemia.

Pero Aragón todavía no está preparado para asumir el incremento de estas patologías, ya que la ratio de profesionales en salud mental pública es insuficiente y se generan listas de espera "inasumibles". La solución, subraya, pasa por más inversión, psicólogos en la Atención Primaria y programas de prevención sólidos en los entornos educativo y laboral.

No obstante, la principal barrera laboral sigue siendo "el estigma empresarial y el autoestigma", debido a que persisten mitos como la supuesta peligrosidad o la idea de incapacidad laboral. Ante ello, Asapme trabaja para desmontarlos llevando testimonios reales a empresas y colegios y mostrando que las personas con enfermedad mental "trabajan, estudian, tienen familia y participan activamente en la vida social".

Pioneros

Las familias, por su parte, soportan un desgaste emocional y físico muy grande. En palabras de López, "viven la discapacidad con incertidumbre, culpa, sobrecarga y aislamiento social". Por eso, la entidad ofrece psicoeducación, apoyo emocional y servicios de respiro familiar para fortalecer un entorno saludable.

En un día como este, la gerente de Asapme es clara: Aragón necesita más recursos comunitarios, mayor integración sanitaria y social, profesionales suficientes, prevención desde la infancia, financiación estable para el tercer sector y programas de prevención del suicidio.

Mientras tanto, Asapme impulsa iniciativas pioneras como Zaragoza + Humana para combatir la soledad no deseada a través de la cohesión social. Además, lleva a cabo programas de atención infantojuvenil, asistencia personal para la autonomía y proyectos integrales de empleo con apoyo.

Dentro de diez años, la entidad se imagina aún más integrada en el territorio, combinando salud mental comunitaria con herramientas digitales y llegando a zonas rurales donde la soledad es mayor. Pero, según anticipa López, el reto es atender la salud mental en la infancia y adolescencia, combatir la cronicidad y la soledad, e integrar la discapacidad por salud mental en el mercado laboral sin discriminación.

"El sueño", concluye López, "es ser menos necesarios en rehabilitación y más en prevención e inclusión total".

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