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cómo planificar la boda

3, 2, 1... ¡comienzan los preparativos!

Lo primero que hay que plantearse es qué tipo de boda se quiere para calendarizar las tareas.

Es preciso tomar buena nota de lo que se requiere para celebrar el enlace.
Es preciso tomar buena nota de lo que se requiere para celebrar el enlace.
Africa Studio - stock.adobe.com

Concurrida o íntima, por todo lo alto o modesta, tradicional o arriesgada, de día o de noche, civil o religiosa… Del tipo de celebración que se quiera dependerán cuestiones tan importantes como los plazos, los preparativos y los costes. Eso sí, la planificación siempre será importante y los detalles no deberán descuidarse en ninguno de los casos.

Para establecer los tiempos, hay que elegir fecha. Suele tratarse de una simbólica para los futuros contrayentes y, sobre todo, que permita organizar el enlace con tiempo suficiente. La metereología y las horas de luz, así como la mayor disponibilidad de los invitados también son determinantes en esta elección.

No hay que olvidar que hay una boda para cada presupuesto. Es preferible excederse en los detalles en las celebraciones más sencillas que no llegar a los mínimos en las que se plantean por todo lo alto. Hay motivos ‘low cost’ que marcarán la diferencia sin un gran desembolso. Solo se necesita tiempo e inspiración para dar con la mejor alternativa.

¿Cómo, dónde y con quién?

La imagen cobra gran protagonismo el día del enlace. La elección del vestido de la novia y sus complementos precisan tiempo, por lo que debe ser una de las prioridades en los preparativos de la boda. El peinado, el maquillaje y, en definitiva, el aspecto que luzca la protagonista no se improvisa, por ello se realizan pruebas semanas antes del enlace. Igualmente, el novio deberá cuidar su imagen y ser muy pulcro en la elección del traje y los detalles, sin dejar nada al azar.

Una vez que se ha decidido cuándo y cómo, queda decidir el dónde. Las opciones son numerosas: en el pueblo, en la ciudad, en plena naturaleza, en un recinto monumental… El escenario de la boda también suele tener alguna connotación para los novios: el lugar donde se conocieron, el preferido para sus vacaciones o el que identifican con algún recuerdo especial. En este punto, es preciso tener en cuenta el número de invitados y facilitar su desplazamiento en la medida de lo posible.

A quién invitar es una de las decisiones que más quebraderos de cabeza genera a los prometidos y que más influye en la organización nupcial. El espacio, los desplazamientos e, incluso, el posible alojamiento de los invitados deberán tenerse en cuenta para conseguir que la celebración sea un éxito. Además, para propiciar una mayor acogida, se recomienda enviar las invitaciones con unos cuatro meses de margen.

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