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Concurso Adopta tu molécula

Reto químico. Descubre a alguien muy influyente

Bienvenidos a una nueva edición de ‘Adopta tu Molécula’. Además de las pistas para averiguar quién es, la molécula enigmática nos da un recado final. Lee este artículo hasta la última línea para saber qué te pedimos.

Fernando Gomollón Bel y José Ignacio García Laureiro 03/03/2016 a las 06:00
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Esta es la molécula enigmática de este mes.

Soy una moleculica muy pequeña. Tan pequeña que estos días me cuesta ir por la calle con este cierzo. Vengo de una gran familia de compuestos llamados alcaloides. Aunque muchos de mis primos (como la nicotina, la heroína o la estricnina) tienen mala fama, yo soy bastante buenecita. Colaboro con unas moleculicas de vuestro cuerpo llamadas neurotransmisores y consigo provocaros sensaciones. Siempre buenas y agradables, que soy buena chica.

Mi familia molecular

En general, casi todas las moleculicas de mi familia conseguimos alterar vuestro estado de ánimo. Mi prima cafeína os despierta; mi suegra, la morfina, os deja adormilados… Otra prima mía, la adrenalina, os da subidón y os pone el corazón a mil por hora. Ya os he hablado sobre las ovejas negras de la familia: ¿os suenan la metanfetamina (sí, la de ‘Breaking Bad’) y la mescalina? ¡Hermanas mías! Se parecen a mí un montón, pero sus efectos en vuestro cuerpo son muy muy peligrosos. Así que, ojo. Decid no a las drogas.
 

La molécula de San Valentín

Pero me estoy yendo por las ramas. Mi fama se disparó allá por 1980, cuando unos médicos estadounidenses sugirieron que yo inundaba los cerebros de las personas enamoradas. Un poco exagerados, sí, pero he de confesar que me gusta ser conocida como la molécula de San Valentín. Estos médicos realizaban un estudio en pacientes aquejados de mal de amores, la típica depresión que llega tras un desengaño amoroso. Observaron que estos pacientes se hinchaban de comer chocolate. Como yo estoy presente en el cacao, los investigadores pensaron que tal vez la ‘chocoadicción’ se debía a que los pacientes trataban de compensar mi ausencia (y no la de sus exparejas) en su cerebro. ¿Tendrían razón?


Y es que cuando ando suelta por vuestros cerebros, estimulo la secreción de dopamina, norepinefrina y oxitocina, que proporcionan sensaciones de vigilia, excitación, taquicardia, enrojecimiento e insomnio. Amor, decís, ¡si es todo química! Pero pensadlo bien, ¿acaso los enamorados no pueden pasarse horas y horas charlando, noches enteras haciendo el amor o ratos eternos simplemente mirándose a los ojos? ¿Cómo es que no se cansan o les entra sueño? ¡Culpa nuestra! Toda vuestra euforia ocurre gracias a nosotras. Pero que conste, ¡yo soy la primera! ¿eh? Dicen que hasta un simple roce, una mirada de esa persona puede desencadenar mi secreción en tu cerebro.
 

Deportista

Ah, y los solteros, tranquilos. No solo doy placer a los enamorados. Algunos estudios han demostrado que también inundo vuestro cerebro tras media hora de ejercicio físico. ¿Sabéis esa sensación de bienestar que se tiene tras practicar deporte? (No, Bobby Fischer, el ajedrez no vale) ¿Y ese subidón que te da al terminar una carrera? Pues también soy yo. De nada. Así que ya sabes, para animarte no tomes anfetas, haz deporte.

Posdata: como soy una moleculica muy fácil de adivinar, no basta con descubrir mi nombre. También tendréis que justificar si es cierto o no que comiendo chocolate se logra que aumente mi presencia en vuestro cerebro.
 

¿Sabes qué molécula soy?

Manda tu respuesta y tus datos (nombre, dirección y teléfono) a milenio@heraldo.es con el asunto Adopta tu molécula. Sortearemos un premio entre los acertantes. Fecha límite: 18 de marzo.

 

¿Quieres adoptarme?

Para ser una buena madre o un buen padre, tendrás que averiguar sus propiedades, usos y la opinión que la gente tiene de ella. No te preocupes si te parece difícil y una gran responsabilidad; desde el blog ‘Moléculas a reacción’  te ayudaremos y guiaremos en tu adopción.

Fernando Gomollón Bel y José Ignacio García Laureiro Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea 

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