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Gente del campo

Nuevos obreros de la colmena

Buen emplazamiento y la mejor especie de abejas son factores a tener en cuenta en una explotación.

J. S. B. Huesca 18/10/2014 a las 06:00
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Un apicultor aragonés trabaja en sus colmenasArchivo

Comenzar desde cero con una explotación apícola no es tarea fácil, sin embargo, se trata de uno de los sectores productivos con más demanda de los últimos años. Entidades como la Asociación de Defensa Sanitaria (ADS) número 1 de Huesca, sectorial de la organización agraria Asaja, han comenzado por ello a organizar cursillos de iniciación, el último de los cuales finalizó el 28 de septiembre. Y es que, ya sea para la producción de miel o de enjambres, resulta necesario, para todo el que empieza, conocer las claves para sacar adelante su proyecto.

Como explica Rafael Blanc, veterinario de la ADS, el primer paso consiste, una vez el apicultor se ha registrado como ganadero, en presentar un proyecto de explotación al Ayuntamiento de la localidad en la que se vaya a ubicar. Un documento, señala Blanc, que se puede realizar con la asistencia de los profesionales de las ADS y que llevará la firma del veterinario de la misma. Se deben tener en cuenta aspectos como la distancia de la explotación a núcleos de población, caminos o carreteras nacionales. "Se debe especificar si se va a producir miel para autoconsumo –hasta 15 colmenas– o de forma industrial; o bien polen o enjambres. También si va a ser estante o trashumante, esto es, que irá cambiando su situación a lo largo del año en busca de las mejores floraciones", destaca Blanc.

Existen dos modelos de colmena, las ‘layens’, tipo cofre, que requieren una menor inversión, aunque un mayor trabajo manual y cuyo transporte resulta más sencillo. Y las verticales o ‘de alzas’, para un uso más tecnificado y cuando se cuenta con una experiencia mayor, que permiten ampliar su capacidad con la incorporación de nuevos departamentos. Para los no iniciados, las primeras resultan, en principio, más recomendables. Deben llevar visible, en todo caso, el número del Registro de Explotaciones Ganaderas (REGA) de la DGA y contar con el libro de la explotación en regla.

También es recomendable señalizar la zona con rótulos de aviso. En cuanto los panales, existen varias opciones, como comprar por un lado el enjambre y por otro la colmena, comprarlos en conjunto, o comprar un pequeño número de abejas para ampliarlo más adelante. "A un enjambre no se le pueden pedir muchas cosas a la vez. Si lo que queremos es que se multiplique, lo mejor es no tratar de obtener miel también", aconseja el veterinario de la ADS de Huesca.


Primero, la miel 

Para los noveles, lo más recomendable resulta comenzar con la producción de miel, a pesar de que también cuenta con sus complicaciones. "Lo difícil es conocer bien las floraciones, cuando realizar las trashumancias y eso es algo que los apicultores deben aprender por sí mismos, no se puede enseñar en un curso", comenta el portavoz de la asociación de defensa sanitaria.

Lo más común en estos casos suele ser realizar un primer desplazamiento con un número reducido de colmenas, con el fin de observar su evolución en un terreno determinado. Y en el caso de que la experiencia sea positiva y se obtenga rendimiento, acudir más adelante con el resto. La especie más recomendable es la abeja negra española "más rústicas y adaptadas al terreno", a no ser que se esté más tecnificado y preparado para trabajar con otras variedades. "La idea es mejorar el carácter de los insectos para que sean menos agresivos, con menos tendencia al enjambre y más productivas", afirma Blanc.

Una mejora que se realiza a partir de la selección de los mejores ejemplares de reina para su cría y posterior puesta en marcha de una nueva colmena. "No se trata de mejorar la explotación solamente con el material, sino con el caudal genético que el apicultor tiene entre manos", señala el portavoz de la ADS oscense. Para empezar se recomienda una explotación de no más de 50 colmenas, con un precio medio por unidad de unos 100 euros. 

Otra decisión importante es cómo dar el salto al mercado. Los gastos de producción de un kilo de miel rondan los 3 euros, por eso existen, en opinión de Blanc, dos opciones: "tratar de producir más teniendo los mismos costes o bien buscar un valor añadido a la comercialización, que revierta directamente en el apicultor, no en los intermediarios".


Con envasado propio 

Una ventaja importante en este sentido es la reciente normativa que permite a los productores envasar su propia miel, lo que facilita que cada apicultor venda su cosecha sin necesidad de darse de alta como envasador industrial, solo cumpliendo con la guía de buenas prácticas y contando con un número de registro.

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