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La galería Antonia Puyó reabre sus puertas con el grafitero E1000 como invitado de lujo

​Patricia y José Antonio Rodrigo dirigen el espacio, que aunará el ‘coworking’ con la expresión artística.

Pablo Ferrer. Zaragoza Actualizada 01/10/2015 a las 07:11
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Los hermanos José Antonio y Patricia Rodrigo, responsables de la galería Antonia Puyó. Atrás, el artista E1000, en plena faena.aranzazu navarro

"Hablé con mi hermano, su proyecto se complementaba bien con el mío, y vimos que juntar fuerzas era una buena idea". Patricia Rodrigo Puyó y su hermano José Antonio reinauguran en apenas ocho días –el próximo miércoles 9– la galería Antonia Puyó, fundada por sus padres Antonia y Pepe en el número 31 de la calle Madre Sacramento en 1990, y que cerró sus puertas en 2012 debido a la crisis. La siguiente generación viene con fuerzas renovadas: se trata de una idea de negocio que aúna la galería de arte con un moderno espacio de ‘coworking’ –espacio laboral compartido– y que, aún sin publicitarse, ya tiene varios espacios reservados.

Patricia es licenciada en Historia del Arte por la universidad SEK (Segovia) y cursó un máster en Museografía y Exposiciones en la Complutense madrileña. "Hice las prácticas en el Reina Sofía y, cuando estaba casi acabando mi estancia, salió una plaza en el propio museo. En ese momento, mi madre me llamó y me dijo que cerraba la galería; me pedía que volviera a Zaragoza para echar una mano en el proceso. Así lo hice... y a los 15 días me propuso que la llevara yo. Le daba pena cerrar. Hablé con la gente del Reina Sofía y me dijeron que allí había que opositar, y que no había nada como un espacio privado para crecer en la profesión. No me arrepiento de haber seguido este camino".


De nuevo en la trinchera

Han pasado tres años desde que la galería Antonia Puyó echase la persiana. ¿Qué ha cambiado para que los hermanos Rodrigo retomen la apuesta de sus padres, con la corrección y aumento arriba detallados? "José Antonio –explica Patricia– acabó arquitectura hace dos años en Madrid. Tenía varias ideas, empezando por el tema del ‘coworking’, que había experimentado allí. El modelo de un espacio laboral compartido con facilidades comunes para los involucrados está en alza en los últimos años. Yo quería seguir con el proyecto de la galería: de hecho, continué programando a nuestros artistas en otros espacios, y también trabajamos en intervenciones de arquitectura efímera".

La factoría Antonia puyó tiene en su equipo artistas muy diversos. David Latorre, por ejemplo, interviene (y fotografía esas intervenciones) en espacios que van a ser derribados; Cristina Silván evoluciona en el campo pictórico de las geometrías, y Sandra Montero trabaja con su cuerpo en el espacio, ejercicio que plasma en fotografía y vídeo.


Víctor Solanas también experimenta con geometrías y tintas adhesivas, mientras que Xavi Muñoz navega por el mundo onírico, sirviéndose de la pintura, el dibujo figurativo y las instalaciones como medios de expresión; el argentino Jorge López investiga en los miedos del ser humano a través del dibujo y la instalación... en suma, un grupo muy heterogéneo, que sigue sumando miembros y garantiza a la galería la cuota de eclecticismo, calidad y riesgo que siempre ha constituido su marca de identidad.


La reapertura ha traído consigo una colaboración largamente deseada por la galería con el festival Asalto, que este año llega a su décima edición. Patricia celebra la cristalización de ese acuerdo. "Hace tiempo que quería trabajar mano a mano con ellos, pero no habíamos podido hacerlo por la actividad de la galería, choques de fechas y exposiciones... esta vez ha sido posible. Estuvimos viendo artistas que podían encajar en los dos ámbitos y E1000 nos encantó. Es diferente dentro del discurso urbano, por el modo en que provoca la intervención del espectador en sus obras. Realiza un tratamiento del espacio privado en el arte urbano; normalmente, el disfrute de su obra es el resultado de un juego de búsqueda y un hallazgo, hay que juntar las piezas. Maneja de maravilla las perspectivas, las deformaciones ópticas y anamorfismos".


E1000 lleva un lustro sorprendiendo a los viandantes en Madrid: también ha internacionalizado su especial dedicación a las verjas y rincones, en las que estampa su firma de un modo inusual. Lo suyo es ‘mapear’ la memoria del abandono: ejerce una acción basada en vivencias y recuerdos, y asigna luz a objetos encontrados en el olvido: trata de abrir puertas a paseos y exploraciones, por lo general en espacios lejanos a la actividad social.







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