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Mariano Rajoy

España es el ejemplo a seguir en la UE, pero continuará fuera de su cúpula hasta 2018

La amarga derrota para lograr el Eurogrupo ha evidenciado que la cuarta potencia del euro no logra ganar terreno tras perder en 2012 el sillón del BCE.

Adolfo Lorente. BRUSELAS Actualizada 26/07/2015 a las 07:22
El ministro Luis de Guindos, el pasado martes.Ángel Díaz/efe

Decía Mariano Rajoy que "las batallas que no se libran son las que se pierden", que España "merecía" la presidencia del Eurogrupo porque, en tan solo tres años, el país ha pasado de "estar al borde de la quiebra y ser el enfermo de Europa" a ser la potencia que más crece dentro de la eurozona triplicando incluso el registro de Francia o Italia. Pero la nueva Alemania del sur, el alumno "ejemplar y brillante" que pretendía pasar de rescatado (financieramente) a jefe de los rescatadores, perdió. Un trago demasiado amargo para un Mariano Rajoy que se juega la reválida nacional en unos meses y que llegará a las urnas con ningún trofeo comunitario bajo el brazo. Pese a todo, el Gobierno insiste en ver el vaso medio lleno. Lo llaman consuelo. "Si en 2011 hubiésemos dicho que aspirábamos a presidir el Eurogrupo las carcajadas se hubieran escuchado en el Peloponeso", destacó tras la derrota el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo.

España perdió frente a Holanda por varios factores: la mala suerte de coincidir con la crisis griega, la minoría que el PP europeo tiene en el consejo de ministros de Finanzas y una estrategia diplomática plagada de errores, como intentar quitarle la silla a Dijsselbloem antes de tiempo usando a Angela Merkel o el órdago de Luis de Guindos diciendo que ya no sería ministro la próxima legislatura cuando hay una ley no escrita que dice que para ocupar la presidencia del Eurogrupo tienes que serlo.

Ahora poco importa si fueron Grecia o Francia los que inclinaron la balanza a favor de Dijsselbloem. La realidad, siempre tozuda, dice que no existen vacantes de relevancia en la cúpula económica de la UE hasta al menos octubre de 2017, cuando el alemán Klaus Regling termina su mandato al frente del cada vez más importante fondo de rescate de la Eurozona (MEDE). Un instrumento que, según la hoja de ruta de la gobernanza del euro (informe de los cinco presidentes), está llamado a ser una suerte de FMI europeo. Sin embargo, España aún le adeuda 36.000 millones del préstamo recibido en 2012, así que esta opción es bastante improbable.

Todo se decidió hace un año

Solo queda armarse de muchísima paciencia y diseñar, esta vez sí, una estrategia diplomática de país, no de partido. ¿Qué posibilidades existen a corto plazo? "Depende de los calendarios", reconoció De Guindos en su comparecencia posterior a su derrota. Margallo, por su parte, sugirió que "a España se le va ofrecer un puesto más importante o más que la presidencia del Eurogrupo". Eso sí, ni dijo el qué ni dijo cuándo.

Que España, la cuarta gran potencia del euro y la quinta de la UE, está infrarrepresentada en la cúpula económica es algo que reconoce hasta el mayor enemigo del país. En Bruselas es un clamor, de ahí que haya escocido y sorprendido tanto lo ocurrido en el Eurogrupo. Una derrota que pese a todo no ocultan los muchos elogios que está recibiendo Rajoy por su gestión de la crisis y su agenda reformista. "Es el ejemplo a seguir", insisten. Así podrá comprobarse el 21 y 22 de octubre en Madrid, donde los grandes líderes comunitarios como el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el de la Comisión, Jean-Claude Juncker, o la canciller de Alemania, Angela Merkel, participarán en el congreso anual del PP europeo para avalar la candidatura de Rajoy a unas semanas de las elecciones.

Parálisis diplomática

El gran baile europeo de altos cargos se celebró hace un año y España, ante la sorpresa de muchos, decidió quedarse sentada a la espera de que sonara la melodía del Eurogrupo. El problema es que nunca sonó. Y, mientras, Luxemburgo se llevaba la presidencia de la Comisión; Polonia, la del Consejo; Italia, la Alta Representante Exterior; Holanda, la vicepresidencia primera comunitaria; Finlandia, la vicepresidencia ‘estrella’ para vender el plan Juncker; Francia, la cartera de Asuntos Económicos; Dinamarca, la de Competencia (la que tenía Joaquín Almunia)... España perdió su vicepresidencia europea, pero insiste en que la Comisaría de Acción Climática y Energía que ocupa Miguel Arias Cañete es la "más importante de la Comisión porque la legislatura pasada la tuvo Alemania".

¿Por qué se ha llegado a esta situación? La respuesta la dio el propio Cañete en una reciente entrevista: "En Europa, el respeto se gana todos los días y durante la crisis, España perdió mucho peso político". ¿Y ahora, qué? El gran reto siempre se ha llamado recuperar uno de los seis sillones del comité ejecutivo del Banco Central Europeo, ese puesto que el país perdió en el maldito verano de 2012, el del rescate. La coincidencia quiso que José Manuel González-Páramo terminase por aquel entonces su mandato y entonces, el resto de potencias decidieron que la vacante debía cubrirla Luxemburgo




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