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Literatura

El Sender ignorado, el autor de teatro

Ediciones Críticas Manuel Aznar Soler edita la producción dramática del autor de 'Crónica del alba'

José Domingo Dueñas Actualizada 26/06/2015 a las 21:10
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Víctor Meneses

En el II Congreso Internacional sobre Ramón J. Sender, que organizó el Instituto de Estudios Altoaragoneses en 2001, con motivo del centenario del nacimiento del escritor, el profesor Aznar Soler participó ya como ponente invitado. Habló entonces sobre "La literatura dramática de Ramón J. Sender: de ‘El secreto’ (1935) a ‘Comedia del diantre’ (1969)". En aquel momento la organización del Congreso le propuso editar la obra dramática del autor. Manuel Aznar, catedrático de Literatura Española de la Universitat Autònoma de Barcelona, reunía ya en aquellos años dos condiciones que le convertían en la persona idónea para este cometido: ser gran especialista en teatro contemporáneo y uno de los mejores conocedores del exilio intelectual de 1939.

El empeño se ha hecho realidad en un volumen de casi ochocientas páginas. Recordaba Rafael Conte que Sender, para no ser propiamente poeta, había escrito poemas hasta configurar un tomo de 700 páginas,‘Memorias bisiestas’. Podemos parafrasear al gran crítico aragonés y destacar ahora que, sin que Sender se dedicara expresamente al teatro, este volumen recoge nada menos que trece piezas teatrales, toda su dramaturgia conocida, si bien hay constancia de que se perdieron algunas de sus obras más tempranas.

Ya en 1917, cuando el futuro novelista contaba solo con 16 años, entregó un breve texto teatral a ‘El Pilar’, semanario católico de Zaragoza, titulado ‘Diálogos arbitrarios’. Aquí un medallón de la Virgen del Pilar salva la vida del torero que protagoniza la escena. Su esposa había insistido en colocarle la medalla en el pecho poco antes de iniciarse la corrida. Luego el asta del toro choca contra el metal y se evita así una muerte segura. Como bien se sabe, Sender buscó más tarde la inspiración literaria en asuntos muy diferentes, pero en esta obra juvenil demostraba ya innegable habilidad para la construcción de la trama y el trazo de los diálogos. El último título recogido en este ‘Teatro completo’ es de 1969, ‘Los antofagastas’, donde, según el propio autor, "trata de levantar la cortina del misterio eterno en las relaciones eróticas, en las cuales todo el mundo busca soluciones y no las halla nadie".

En este periodo de más de cincuenta años que va entre una obra y otra, Sender mostró una constante preocupación teórica hacia el género, pero además una clara ‘tentación escénica’, en expresión de José-Carlos Mainer, que se manifestó no solo en su teatro sino también en la narrativa, salpicada con frecuencia de episodios dialogados, dramatizados, de acotaciones escénicas en la presentación de los personajes, etc. No se ha olvidar que uno de los autores más admirados por Sender fue Valle-Inclán, con quien el aragonés mantuvo en sus años mozos una envidiable y correspondida complicidad. En 1931 publicó Sender su colección de ensayos ‘Teatro de masas’, donde defendía una dramaturgia que apelara a las emociones, que fuera capaz de movilizar y de educar; un teatro entendido como arte pero también como espectáculo. Piscator o Valle-Inclán eran los más importantes inspiradores de sus teorías.

En los años treinta se representó numerosas veces su breve pieza teatral ‘El secreto’, situada en la Barcelona de los años veinte, la época del sindicalismo revolucionario y de la contumaz represión dirigida por Martínez Anido, como gobernador militar. La obra alcanzó popularidad incluso en Rusia, donde fue comentada y representada. De la misma época es también ‘La llave’ (2001), recuperada y editada en su versión primigenia por Jesús Vived Mairal. La obra, situada en el marco de la sublevación asturiana de 1934, representa la avaricia en grado sumo de un pequeño burgués mientras corre peligro la vida de algunos heridos al no ser atendidos por falta de medios económicos. Más tarde, la figura de Hernán Cortes, la recreación de textos clásicos (así ‘El retablo de las maravillas’, a partir del entremés de Cervantes), la complejidad de las relaciones humanas, la personal interpretación del donjuanismo, etc., constituyen los principales asuntos que dramatizó Sender.

Recuerda Aznar Soler que los textos teatrales del escritor no están a la altura de su producción narrativa, pero que aun así no merecen ser olvidados. A mi juicio, el instinto de gran fabulador que acompañó tantas veces al autor de Chalamera se manifiesta también con frecuencia en su creación teatral. El rigor y la exhaustiva documentación con que el profesor Manuel Aznar ha editado los textos le otorgan a este volumen la condición de obra definitiva.







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