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Entrevista

Luis Eduardo Aute: “Solo soy un curioso que se mete en diversos campos para contar cosas”

El artista publica en 'EL SEXtO ANIMAL' (Espasa) una nueva entrega de sus 'poemigas'.

P. Zapater. Zaragoza Actualizada 02/04/2016 a las 12:37
Luis Eduardo AuteP. Z.

No tiene móvil ni 'tablet' ni sigue Twitter ni Facebook ni falta que le hace. Le ilusiona mas tener una calle en Calanda que en Hollywood. Y en Calanda la tiene. Luis Eduardo Aute (Manila, 1943) es un animal artístico que juega con palabras, música, imagen, pintura... Luis Eduardo Arte.

Goya y Buñuel asoman con frecuencia en su obra y ahora, en el momento en que cumlpe 50 años como músico, publica 'EL SEXtO ANIMAL' (Espasa), un sexto libro de 'poemigas', una suerte de composiciones poéticas que comenzó a crear hace más de dos décadas en torno a la palabra animal, cuyas letras también forman Manila, la ciudad donde nació y vivió durante su infancia.

Lleva más de 20 años dejando un rastro de 'poemigas'. ¿Son greguerías, neologismos, juegos de palabras..?
Los llamo 'poemigas' porque no sé cómo ubicarlos. Son juegos de palabras, son un poco aforismos, aerolitos, como los de Carlos Edmundo de Ory, un poco piezas de Yoko Ono, un poco de todo y un poco de nada. Son ideas, ocurrencias que pasan por la cabeza en cualquier momento. Las apunto, las dejo dormir un poco, luego las vuelvo a mirar y si alguna de ellas me provoca seguir jugando y darle vueltas y revueltas a las palabras me meto con ella. Unas veces, algunos de esos textos acaban siendo canciones; y otras, poemas. Los que no son ni canciones ni poemas se quedan en ese formato de 'poemiga'. Lo he llamado por si se daba el caso de que alguno de ellos tuviera miga poética.


Abarca muchos temas. Entre ellos la tecnología, aunque no es muy amigo de ella...

No uso teléfono móvil ni 'tablet' ni Twitter ni Facebook ni 'whastsappeo' ni nada de esto, aunque sí tengo ordenador. Pero no es tanto por animadversión a la tecnología sino porque estoy seguro de que me entregaría a ello. Me acosa mucho la falta de tiempo y veo que la gente que anda con todo ese aparataje está totalmente abducida por la tecnología y le dedica muchas horas. No tengo nada en contra, sino que simplemente quiero aprovechar el tiempo para seguir haciendo algunas cuantas cosas que tengo pendientes.

En la mitad del libro dedica un apartado ¿a la pornografía marmórea?
Eso fue un poco una casualidad. Ese juego de imágenes es un poco también un juego de palabras. De una palabra, si la retuerces, aparece otra y otra con un significado a lo mejor contrario al significado primigenio. En las imágenes pasas lo mismo. Esos mármoles que aparecen en el libro están, existen realmente en ese cuarto de baño de un hotel en Puebla (México). Me metí en la bañera, empecé a mirar las vetas de los mármoles y las imágenes estaban ahí. Me quedé muy sorprendido. Parecía una pornoteca en la que aparecían traseros, vaginas, penes... Eran naturales, nada retocado. Hice unas cuentas fotos y después unos dibujos a lápiz a la manera de las vetas de los mármoles. Fue puro azar. Ahora me pasa que cuando veo por ahí un mármol me detengo y empiezo a mirar a ver qué imágenes surgen. Pasa como con las nubes.

Este año cumple cinco décadas como músico, una faceta en la que comenzó un poco por azar...
No tenía ninguna intención de meterme en este lío. Me gustaba escribir poemas y tocaba un poco la guitarra. Era inevitable juntar los dos medios y empecé a hacer canciones por curiosidad. También un poco como consecuencia de conocer la canción de autor francesa, a Brasens, Brel, Ferré... que eran poetas, músicos también, y además interpretaban sus canciones. La primera vez que los escuché me impactó mucho. Entonces pensé que eso de hacer canciones podría ser algo que tuviera la dignidad de un poema. La canción siempre se ha considerado un subgénero. Para los músicos, quienes hacemos canciones somos submúsicos; para los poetas, los que escribimos letras de canciones somos subpoetas. Me parece que es injusto. Creo que escribir una buena canción es bastante complicado y puede tener la misma dignidad que la poesía, la música, la literatura, el cine o cualquiera de las demás artes.

Dylan también ejerció una poderosa influencia en su camino...
Cuando escuché por primera vez a Dylan me sorprendió que en aquellas primeras canciones que hacía tan largas, medio surrealistas (yo en aquellos años andaba muy metido en la poesía surrealista de los franceses) un americano se pusiera a escribir como Bretón, con unas músicas muy sencillas y una guitarra tocada malamente, con cuatro acordes. Dije, si este tipo hace eso yo también lo puedo hacer. Entre una cosa y otra empecé a componer canciones sin el más mínimo ánimo de ponerme a grabar ni hacer conciertos. Eso ya vino después por carambolas diversas.

Que Massiel grabase dos de sus primeras composiciones y se convirtieran en un éxito mundial ¿fue una de esas carambolas?
Massiel fue la primera que escuchó y cantó aquellas primeras canciones. No conocimos antes de que se dedicara a cantar. Sacó sus dos primeros discos, escuchó mis canciones 'Rosas en el mar' y 'Aleluya Nº 1' y las quiso grabar. De repente, esas canciones tuvieron un éxito tremendo en todo el mundo y empezaron a acosarme las compañías discográficas para que las cantara. Yo estaba encerrado en mi estudio de pintura dedicado a hacer exposiciones y a trabajar y se me cruzó por el camino esta historia. Resistí casi un año hasta que ya me rendí y dije: “Voy a grabar un disco para que me dejéis tranquilo y así tendré un disco que podré enseñar a mis nietos y decir: Mira, tu abuelo, cuando era joven, cometió este imprudencia”. Pero la cosa derivó por otro lado y aquí estoy con treinta y tantos discos, y parece ser que con más de 400 canciones, sin comerlo ni beberlo.

A lo largo de su carrera también ha compuesto temas para cine. Uno de ellos es 'El soldadito', que aparece en el filme ‘Cabo de Vara’, del director aragonés Raúl Artigot.
Eso fue en una época en la que me retiré. Mis primeros discos tuvieron mucho éxito y eso me abrumó, me descentró y lo dejé. Estuve cinco años sin tener ninguna relación con discos ni con música. Sí que me puse a escribir canciones porque me gustaba y en esos años tuve que vivir de trabajos diversos. Entre ellos, hacer bandas sonoras de directores como Artigot, Chávarri, Betriú, Fernán Gómez... pero eso lo hacía para ganarme la vida. También realizaba carteles con Iván Zulueta para un cine de arte y ensayo en Madrid. Eran trabajos diversos, alimenticios.

Su colaboración con el cine aragonés llega hasta la actualidad, a través de los directores Javier Espada y Gaizka Urresti...
Javier es un amigo extraordinario y nos vemos con frecuencia. Le admiro muchísimo por el valor que ha tenido al levantar el Centro Buñuel en Calanda. He estado varias veces allí, en la Rompida de la Hora. Esta Semana Santa volví porque me han puesto una calle, algo que me ha hecho mucha ilusión. Les dije que prefiero tener una calle en Calanda que en Hollywood, infinitas veces más. A Gaizka le conocí a través de Javier Espada y ahí anda haciéndome una película. Me va siguiendo y persiguiendo para un 'Imprescindibles', en La 2. En el documental sobre Buñuel que dirigieron juntos colaboré musicando el poema 'No me parece ni bien ni mal',del director calandino; y en 'Tras Nazarín', de Javier Espada, aparezco por ahí y también suena el tema 'Allí' (Un perro Calandaluz)'.
 

Para usted ¿Calanda es ese oscuro objeto del deseo?
Calanda es muy peculiar. Ahí, el fantasma de Buñuel está en todas partes. Para mí es el cineasta más grande de la historia del cine. Él y Hitchcock, pero él primero, según mis identificaciones con su cine. Estar en el pueblo donde nació Buñuel y además con ese delirio de los tambores, que se cuenta a cualquiera y no lo entiende... Hay que estar allí para ver cómo es esa catarsis colectiva. Siempre que puedo vuelvo a Calanda.

Gaizka Urresti dice de usted que es como un artista del renacimiento...
Calumnias (bromea). Ya me gustaría a mí ser Leonardo o Miguel Ángel pero me faltan capillas para pintar. Cerca de mi casa hay una iglesia y les pedí pintar el techo y el frontispicio, gratis. Me respondieron que no. No se confiaron en mí y pensaron: “Este tipo va a hacer aquí cualquier barbaridad”. Nada me gustaría más que subirme a un andamio y ponerme a pintar pero no se ha dado el caso. Y no por el hecho de que utilice vehículos diversos para contar y expresar cosas, eso no quiere decir que sea nadie que tenga que ver con el Renacimiento. Eso son palabras serias. Los artistas del Renacimiento son maestros. Yo solo soy un curioso que se mete en diversos campos para contar cosas.

Su primera participación en una película fue a lo grande: 'Cleopatra', de Joseph Leo Mankiewicz...
Trabajé como ayudante del ayudante del ayudante del ayudante de Manckiewicz. Estuve allí nada más que en las secuencias de batallas. Fue una película que rodaron durante cuatro años. Según me contaron, cuando ya estaba terminada, en la proyección que se hizo para el productor Zanuck este dijo: “Muy bien, querido Joseph, pero aquí no hay batallas. Hay que rodar batallas”. Se cortó la película y se fueron a Almería, justo después del rodaje allí de 'Lawrence de Arabia'. Descubrieron los paisajes de Almería para rodar y se grabaron allí todas las escenas de batallas. Mi participación fue más como intérprete porque en la coproducción, en la que estaba la 20th Century Fox, había americanos, ingleses, franceses y españoles. Yo era ayudante de Andrew Marton, que era ayudante, a su vez de Manckiewicz. Marton, especialista en escenas de acción, es quien rodó la carrera de cuadrigas de 'Ben Hur'.

¿Cuánto tiempo estuvo trabajando en el filme?
Estuvimos un mes y medio en Almería. Conocí a Manckiewicz, a quien tenía mucha ilusión por conocer, y a Rex Harrison, Burton no estuvo, era un doble el que participó en todos los rodajes de batallas. Aquel fue mi primer contacto con el cine en una gran producción. Pero básicamente estaba de intérprete de francés, inglés y español. Y llevaba los cafés. A Rex Harrison le ponía la silla para que se sentara después de cada plano que rodaba. Se dejaba caer. Yo tenía que estar a la espera de donde se dejaba caer para que se sentara en la silla.

Siempre se has sentido más volcado en la pintura que en la música. Sin embargo, ha dedicado buena parte de su vida a componer, cantar y dar conciertos...
Sí, le he dedicado más tiempo a la música. En ese sentido ha tenido más peso todo lo que he hecho, aunque he realizado muchas exposiciones, algunas de ellas en Huesca y Zaragoza. También recuerdo que en una de las primeras ediciones de la Bienal de Pintura y Escultura de Zaragoza, yo tendría 17 o 18 años, envié un cuadro que se quedó la Bienal. Andará por ahí o habrá desaparecido. Pero sí, la música me ha acaparado más tiempo.

¿Pasará por Aragón la gira de celebración de sus 50 años en la música?
Creo que por Zaragoza pasaré en junio, pero no lo puedo confirmar. Espero venir pronto con esta gira antológica, en la que interpreto una selección de las canciones más significativas que he escrito. Yo no he hecho la lista porque me cuesta elegir. Se lo pedí a los amigos porque me sentía incapaz. Al final, después de la criba, se queda en algo más de treinta temas. Antes del concierto se proyecta un mediometrajes que he dibujado y que sale en el disco de homenaje 'Giralunas' que me hicieron mis compañeros músicos benjamines.







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