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Cine

González Iñarritu: 'El renacido es una metáfora de la vida'

Con 'El Renacido' el cineasta mexicano busca algo más que relatar una prodigiosa aventura supervivencia.

OTR/Press. Madrid Actualizada 03/02/2016 a las 19:38
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MÉXICO CINEJosé Méndez

Con sus 12 nominaciones a los Óscar bajo el brazo, este viernes llega a los cines españoles 'El Renacido' (The Revenant), la nueva película de Alejandro González Iñárritu. Una cruda y brutal historia de supervivencia protagonizada por Leonardo DiCaprio que, subraya su director, no está ni mucho menos exenta de espiritualidad y misticismo.

"Hay una dimensión espiritual muy marcada en la película", reconoce Iñarritu en que en una entrevista asegura que su película, la historia de un hombre que malherido y abandonado en mitad de la naturaleza más salvaje saca fuerzas de la nada para sobrevivir, no es otra cosa que "una metáfora de la vida".

"Hay un personaje que está perdiendo todo, que va muriendo y renaciendo constantemente. Es una metáfora de la vida, en la que morimos y renacemos muchas veces por muchos eventos", señala el cineasta mexicano que en este personalísimo y arriesgado proyecto ha querido recrear con total y absoluta fidelidad el crecimiento espiritual a través del sufrimiento, del dolor físico. Todo ello personificado en el trampero y explorador Hugh Glass, un personaje real al que da vida Leonardo DiCaprio.

Y es que con 'El renacido' ('The Revenan't) Iñárritu busca algo más que relatar una prodigiosa aventura supervivencia, quiere zambullir al espectador en la cruda realidad de su protagonista tal y como él la percibe: "Se trata de conocer al personaje por su realidad, una realidad que tiene mucho que ver con el subconsciente, con los sueños. De conocerle por cómo él siente la vida más que por cómo es en la realidad. Meternos en su mente, en sus sueños y saber qué piensa ese hombre".
 

Un rodaje complejo

Filmada durante meses las montañas nevadas de Calgary (Canadá), el de 'El Renacido' fue un rodaje tan duro como complejo, una verdadera hazaña en pos de conseguir estas brutalmente bellas y largas tomas, filmadas todas con luz natural, que Iñárritu se exigió para contar esta historia de supervivencia y venganza.


"La logística fue muy complicada: bajas temperaturas, terrenos inaccesibles y escenas muy complejas con muy pocas horas de luz y con una coreografía difícil" todo ello supeditado a los "caprichos" de la naturaleza -"una negociación en la que siempre acabas perdiendo", apunta el director- y con el objetivo de alcanzar la excelencia en cada plano.


"Nosotros mismos nos pusimos unas ambiciones muy grandes, un estándar muy alto y luchar por obtener eso todos los días fue una batalla muy grande y pesada pero valió la pena", sentencia el cineasta mexicano que afirma que el reto, el desafío de un rodaje tan complejo le excitaba.

Un entusiasmo que compartía con el protagonista, Leonardo DiCaprio, que aceptó estas condiciones como parte fundamental del propio proyecto. "Cuando hablamos al inicio Leo entendió perfectamente cuáles eran las implicaciones. Cuando uno se embarca en un viaje como este no puede pensar que no existirán este tipo de cuestiones. Desde el principio compartimos muy abiertamente lo que vamos a necesitar, le conté muy específicamente lo que iba a hacer y lo que esto iba a requerir", dice Iñárritu que insiste que el actor "lo tomó como una gran oportunidad".

"Creo que esa gran dificultad le excitaba, fue lo que le animó a participar y compartimos ese entusiasmo por el proyecto desde un inicio", revela un Iñárritu que recuerda los muchos retos que tuvieron que vencer día tras día para sacar adelante un rodaje tan complejo y ambicioso con el que todo indica que, al fin, DiCaprio conseguirá ese ansiado Óscar como mejor actor.
 

Supervivencia en un contexto complejo

Y si complejo fue el rodaje, también lo era el contexto histórico en el que se enmarca la historia de Hugh Glass. Y precisamente ese fue otro de los atractivos que más llamaron la atención de Iñárritu. "Leí un primer borrador de la historia escrito por Mark L. Smith hace como unos seis años y me gustó la espina dorsal de la película y sobre todo su contexto", señala el cineasta mexicano que se tomó tiempo para "reescribir completamente el guión" y darle su enfoque.

Para hacerlo, recuerda, leyó mucho acerca la Norteamérica salvaje del siglo XIX, una época en la que le hombre y la naturaleza mantenían "una relación muy cercana, casi imposible de imaginar en nuestro mundo de cemento y de aires acondicionados".

Era además, apunta, "un país con una gran complejidad" en el que en un territorio desconocido convivían ingleses, franceses, canadienses, mexicanos, españoles... y los pueblos indígenas y en el que el comercio de pieles era la principal fuente de riqueza y, por tanto, también de conflicto.

"Había un gran racismo, un gran miedo al otro que casi destruye a la población nativa", subraya Iñárritu que encontró en odisea Hugh Glass, que fue atacado por un oso y tuvo que sobrevivir durante semanas en mitad de un paraje totalmente hostil, "una historia fascinante de supervivencia en un contexto muy interesante".







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