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Terrorismo

​'Vivir después de matar'

Once disidentes de ETA narran su adiós a la "secta".

Sagrario Ortega. Madrid Actualizada 23/04/2016 a las 12:09
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En 2009 la cárcel de Nanclares de Oca puso en marcha una fórmula de reinserción para presos de ETA que pasaba por desvincularse de la violencia. Once etarras que se acogieron a ella, disidentes por tanto, cuentan su adiós a la "secta" en un libro que deja este interrogante: ¿Se puede vivir después de matar?.

Lo ha escrito Ana Terradillos, la periodista especializada en información de terrorismo e Interior de la Cadena Ser que habla con Efe de un libro, "Vivir después de matar" (Editorial La Esfera de los Libros), que no le ha resultado fácil escribir.

Ha sido año y medio de trabajo para recopilar, por primera vez, el testimonio de 11 de los 23 condenados de ETA (de un total de 700) que quisieron acogerse a la denominada "vía Nanclares" y que, para ello, tuvieron que pedir perdón a las víctimas, asumir el daño que causaron, colaborar con la justicia y, desde luego, desvincularse de la violencia.

No todos han querido mantener un "cara a cara" con la periodista, pero sí lo hicieron ocho de ellos, algunos aprovechando un permiso penitenciario. A otros, la autora tuvo que conformarse con enviarles un cuestionario. En cualquier caso, los once responden a perfiles diferentes.

¿Qué les llevó a sumarse a esa vía? Ana Terradillos ha oído de boca de todos ellos sus propios motivos, a veces muy diferentes. Pero también ha escuchado prácticamente de todos ellos una razón que, si no determinante, sí contribuyó a esa decisión: el hastío.

Hastío por comprobar, explica la autora, que las sucesivas treguas que declaró ETA desde las negociaciones de Argel hasta el atentado de la T4 del aeropuerto de Barajas, eran fallidas.

Y, sobre todo, la constatación, añade Terradillos, de que a los presos sólo se les pedían sacrificios, hasta que algunos se dieron cuenta de que no tenían otra salida que "tomarse en serio" la reinserción individual.

A partir de ahí, continúa la periodista, las motivaciones que impulsaron a los presos a convertirse en "disidentes" de la banda, conscientes de que iban a ser señalados por la organización, ya tienen que ver más con la privacidad de cada uno.

De hecho, según comenta Terradillos, algunos de los etarras entrevistados vieron en la religión el empujón final para esa decisión; a otros, fue un enamoramiento el que les determinó; algunos fueron conscientes de que todavía tenían mucha vida por delante...

Resulta curioso comprobar como algunos de estos etarras dejaron a sus familias por ETA y luego dejaron a ETA por una nueva familia, observa la autora del libro que prorroga el también periodista Iñaki Gabilondo.

También les animó a muchos la "sivergüenzada", como lo llega a definir uno de los entrevistados, que era ver a la izquierda abertzale inscribirse como partido político bajo el nombre de Sortu asumiendo la legalidad, mientras que la banda actuaba de forma "cruel" con los presos prohibiéndoles hacer movimiento alguno.

Si la "vía Nanclares" es una opción razonable, ¿por qué sólo se han acogido 23 de los 700 presos de ETA? Terradillos cree que ha habido miedo en el colectivo de reclusos y opina que muchos quisieron observar desde atrás cuáles eran sus beneficios.

Y comprobaron que no se trataba de una amnistía, ni suponía una inmediata salida de la cárcel. Porque como subraya la autora del libro, en realidad la "vía Nanclares" no es un "regalo", sino que simplemente aplica al terrorista la legalidad penitenciaria y le asimila a otros presos comunes.

Además, las estructuras de la banda terrorista de control de los presos intentaron frenar cualquier intento individualizado y parar "la pequeña grieta en el búnker" del colectivo que suponía la "vía Nanclares", explica Terradillos.

No se atreve la autora del libro a responder a esta otra pregunta: ¿Se han arrepentido estos presos? La respuesta solo la tienen ellos y será el lector quien saque sus conclusiones.

Sí hay algo que deja pocas dudas: Es la constatación de que la reinserción de estos reclusos no es fácil. Volver a la sociedad, probablemente señalados por unos y otros, encontrar trabajo, integrarse no está siendo fácil a pesar de algunos intentos de las administraciones.

Dice Gabilondo en su prólogo que impresionan esos relatos personales, esas "historias apagadas y tristes de inmensa soledad", la "memoria helada de los atentados, la despersonalización de las víctimas, la lógica aplastante de un universo construido a base de dogmas".

Unas historias que sus protagonistas han podido contar después de haber elegido una vía que, en palabras de Terradillos, es la única salida. Incluso Arnaldo Otegi ya ha dejado ver que Nanclares no es el enemigo. "No queda otra que asumir la legalidad", zanja la autora. 







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