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Libia

Sirte, una guerra por el futuro en una ciudad donde cuesta imaginar el mañana

Es una ciudad casi fantasmal, reducida a cascotes, en la que nació y murió el derrocado dictador Muamar al Gadafi.

Mohamad Abdel Kader. Sirte (Libia) Actualizada 19/08/2016 a las 09:41
Ataque con coche bomba en la ciudad libia de Sirte.Reuters

Abdeslam Duira, jefe de las muchas milicias dispares que componen la alianza de grupos que combate a la rama libia de grupo yihadista Estado Islámico en la ciudad portuaria de Sirte, admite que el miedo es uno de los principales compañeros de viaje.

Sin haber llegado a los treinta años, comanda una columna de una decena de jóvenes apenas veinteañeros que combaten en sandalias, zapatillas de deporte y botas, pantalón militar en algunos casos y camisetas de mercadillo falsificadas de distintos colores.

Trabajan en la vanguardia: desde hace días tienen orden de peinar casa por casa el llamado distrito 1, en el centro de la urbe, lugar en el que se han refugiado la mayoría de los combatientes yihadistas que aún resisten. "Cada paso adelante representa un riesgo", explica en uno de los descansos entre edificio y edificio.

"Hace poco, uno (de los nuestros) no tuvo la suerte de completar una misión en una zona cercana al mar. Fue blanco de un tiro de un francotirador yihadista", explica bajo un silencio plomizo y un sol de justicia.

Su equipo forma parte de la aguerrida vanguardia de 'Bunian al Marsus' (edificación sólida), la operación lanzada el pasado mes de junio por el gobierno de unidad libio forzado en marzo por la ONU para liberar la ciudad del yugo radical y potenciar al mismo tiempo a este débil Ejecutivo.

Nader al Burki, también en la veintena de edad, es otro de ellos: alistado en la milicia conocida como 'Usud al Wadi' (leones del río) camina con un fusil de asalto clase Kalashnikov, cananas de munición y proyectiles de RPG.

Estos últimos son esenciales en las escaramuzas cortas pero de gran peligrosidad e intensidad que se libran calle por calle en una ciudad casi fantasmal, reducida a cascotes, en la que nació y murió el derrocado dictador Muamar al Gadafi.

El lanzagranadas sirve para abrir las hostilidades y despejar por unos instantes los edificios, en los que suelen esconderse francotiradores o los que han sembrado las esquinas de explosivos y vehículos bomba. Hace unos días "cuatro a bordo de un vehículo fueron atacados por el EI cuando se equivocaron de camino. Uno de ellos quedó en manos de los terroristas mientras que los otros tres pudieron escapar", rememora.

"Hemos sufrido con los francotiradores, los dawaish (yihadistas) nos han amenazado escribiéndonos en varios muros del distrito 1 que la cita es en el siguiente. Pensábamos por ello que la batalla iba a ser larga, pero aunque fue violenta hemos podido tomar el control del barrio de manera muy rápida e inesperada", explicó.

Abdelhakim al Hami, comandante de la Alianza, admite, no obstante, que más allá del arrojo de estos jóvenes, es la artillería -y los bombardeos estadounidenses- los que han permitido que el avance se haya acelerado en las últimas dos semanas tras un mes en el que el frente apenas se movía.

"Usamos la artillería pesada para eliminar a los francotiradores, que considerados como mayor obstáculo. (En una de las operaciones) hallamos al menos seis cadáveres de yihadistas calcinados como consecuencia de una explosión en el distrito 2", dijo Al Hami a modo de ejemplo.

Y es que la de Sirte, coinciden la mayoría de ellos, es una guerra política pero sobre todo ideológica en la que está luchando la juventud libia, pero también las nuevas generaciones musulmanas del norte de África.

Porque jóvenes, en su mayoría veinteañeros, son también los miembros de la rama libia del EI que están dejando sus vidas y arrebatando las de otros en ese puerto mediterráneo situado a escasos kilómetros al sur de Italia.

Según estos combatientes libios, sus enemigos nacieron como ellos poco antes del cambio de siglo, gran parte de ellos en Túnez -pero también en Chad, la propia Libia, Argelia y Egipto entre otros países musulmanes- y pertenecen a las clases medias.

"Es una guerra de ideología. Por eso se suicidan cuando se encuentran en una emboscada" asegura Abdeslam al Masmir, un miliciano de Misrata que dice luchar por su futuro en una ciudad en la que es difícil imaginar un mañana entre el bramar inmisericorde de las armas.
 







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