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Baloncesto femenino

Subcampeonas en la gloria

La selección española pierde la final mundialista ante la incontestable superioridad de Estados Unidos, pero con el honor de haber alcanzado un hito en el baloncesto 

Javier Bragado 09/10/2014 a las 06:00
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El técnico zaragozano Víctor Lapeña (abajo, tercero por la izquierda) celebra con el equipo nacional la medalla de plata.TOLGA BOZOGLU/efe

La selección española de baloncesto trató de saltar un listón muy alto: Estados Unidos. Es el más elevado que se puede encontrar porque las norteamericanas sólo han perdido un encuentro en los últimos 82 que han disputado en Mundiales y Juegos Olímpicos. Son más altas, más fuertes, más rápidas y están acostumbradas a la mayor exigencia del deporte de la canasta. Son casi tan inalcanzables que ni siquiera las españolas, que han compartido vestuario con ellas, se atreven a discutirlas. De este modo, pelear la final del torneo con ellas se había convertido en una utopía antes de saltar a la pista, en una dificultad apuntalada sobre los 2,03 metros de Brittney Grinner, la pívot capaz de hacer un mate. Sin embargo, las españolas grabaron en la final un momento inolvidable de Estambul gracias a su voluntad para mantener la lucha que impidió una derrota aplastante ante la mejor selección del mundo. Así, las españolas, que llegaron a perder por 25 puntos, cerraron el campeonato sólo 13 puntos por debajo de las dictadoras del balón naranja.

No obstante, la todopoderosa Estados Unidos aplastó pronto las opciones de España. Con un juego rápido y efectivo se dispararon al comenzar y las españolas fueron estranguladas por su propio miedo. El marcador enseñó pronto la realidad del abismo entre conjuntos (5-15). Desde la desventaja pronosticada la mayor parte de las españolas perdieron la fe en la posibilidad de sorpresa. Con miedo a entrar en la zona se multiplicaron los lanzamientos exteriores, con los correspondientes fallos, mientras que en el bando contrario se elevaron con un 75% en las canastas de tres puntos.

Pero Lucas Mondelo, con el apoyo en el banquillo del zaragozano Víctor Lapeña, demostró de nuevo su capacidad para encontrar nuevas vías. El seleccionador descubrió en la salida de Silvia Domínguez y Anna Cruz un revulsivo para trastocar los planes de Geno Auriemma, cuyas jugadoras interiores habían embocado hasta entonces 18 puntos en la pintura. Sin embargo, el mayor ejemplo para la resistencia de España se levantó de nuevo en la figura de Sancho Lyttle, quien fue la única que permaneció con los brazos en alto para esperar los errores de sus adversarias. La jugadora con nueve años de experiencia en la WNBA se empleó a fondo en los bloqueos y apretó los dientes incluso después de cometer tres faltas personales al comenzar el segundo cuarto. Contagiadas por la caribeña, las españolas se aplicaron hasta recuperar la tensión, las ayudas y los robos de balón que caracterizaron el juego de las de Mondelo durante todo el torneo. Sólo la condena de un 18% en tiros triples y la sequía total e inesperada al contragolpe al descanso (frente a los 12 tantos de las norteamericanas) impidieron a España acercarse en el marcador. 

Con la desventaja de 23 puntos, el equilibrio regresó a la pista. El amor propio de las de Mondelo y la aportación de los deseos de las jugadoras del banquillo enseñaron un tercer cuarto en el que España logró igualar en puntos a las omnipotentes nuevas campeonas del mundo. Además, Alba Torrens logró al fin escaparse de la eficaz vigilancia de sus defensoras. La balear anotó su primera canasta a casi cuatro minutos para el final del tercer período y sus compañeras pudieron relajarse a la hora de construir, al disfrutar de una vía de anotación regular y fluida.

El último parcial sirvió para algún detalle con las suplentes, para superar en rebotes totales a las norteamericanas y para ganar un cuarto (16-10) para recordar una final que debe ser un hito en su carrera. Acceder al choque por la medalla de oro ha sido inesperado incluso para las vigentes campeonas de Europa debido a los avisos de humildad en años cercanos.

Con la lección aprendida, las de Mondelo desarrollaron en el torneo un excelente capítulo para la historia del baloncesto español por la voluntad de trabajo, disciplina, creatividad y capacidad para canalizar los puntos fuertes de cada jugadora. Para el próximo reto cuentan con la capacidad de dirección y de innovación de un entrenador que ha moldeado un nuevo grupo que aspira a mantenerse entre las mejores a pesar de ser el sexto mejor equipo del mundo según el ranquin de la FIBA.
 







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