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Zaragoza provincia

Cetina revive su tradición más ancestral

​Los nueve contradanceros representan bajo la luz del fuego y el silencio que inunda las calles las figuras humanas, declaradas Bien de Interés Cultural Inmaterial de Aragón.

Silvia Lacárcel 20/05/2016 a las 06:00
Los nueve contradanceros representan bajo la luz del fuego y el silencio que inunda las calles las figuras humanas,declaradas Bien de Interés Cultural Inmaterial de Aragón.

La contradanza de Cetina es, junto con la jota aragonesa, el transporte fluvial de la madera y la trashumancia, uno de los Bienes de Interés Cultural Inmaterial de Aragón. Tiene el reconocimiento desde 2012. Ayer, con esa escenificación, los cetineros volvieron a vivir una noche "mágica", como la califican muchos de ellos. El fuego, como única luz, y el silencio crean las condiciones para que esta tradición ancestral se manifieste y se viva cada año como un acontecimiento nuevo.

Cada 19 de mayo es el mismo ritual. Siempre, salvo contadas excepciones, la fiesta de San Juan Lorenzo termina con aplausos, abrazos, lágrimas que saltan al soltar la tensión, con sonrisas y palabras que premian el esfuerzo, la vitalidad y que sirven para reconfortar a los nueve protagonistas. Así es como se ha trasmitido y se sigue interiorizando un código colectivo con el que se identifica esta comunidad.

Las personas que la representan pasan, pero el significado permanece. La contradanza es memoria colectiva viva. "La ves desde que eres pequeño y te lo van enseñando hasta que llega un momento en que lo sientes como algo tuyo", explica Nines Maicas, descendiente de este pueblo y concejal de Cultura. Ella describe las horas previas, que se van cargando de ilusión y de un cierto "nerviosismo" centrándose en que todo salga bien.

Maicas confiesa que cuando se apagan las luces en la plaza del Castillo y suena el pasodoble con el que los contradanceros y el diablo entran en ella, es un instante que impresiona: "Te invade la emoción aunque no seas de aquí".

Varios de los jóvenes que ayer compusieron las mudanzas o figuras humanas, que es en lo que consiste esta representación bailada que guarda semejanzas con la mojiganga, ya se habían visto en ese papel. Otros era la primera vez que se envolvían en la indumentaria que han llevado todos los que hicieron su aportación para mantener viva la tradición.

La vista estaba puesta ayer en los movimientos de Richi, Adrián, Christian, Diego, Raúl, Leo, Bernardo, Ignacio y Alejandro. Solo el diablo lleva el rostro descubierto. Una máscara cubrió los del resto, cuando el olor a pez de las teas ya se exhalaba en la plaza. El Castillo, El Retablo, El Dios de las Aguas…., y al final El Afeitado. Estos son solo algunos de los cuadros plásticos que, estáticos o en movimiento, forman estos nueve jóvenes.

En el perímetro de la escena están pendientes de ellos amigos y familiares. Unos les guardan las antorchas y cuidan para que no se apaguen. Otros vigilan que los flashes de las cámaras no rompan su concentración y el misterio de la noche. En esta fiesta, que es también de Interés Turístico Regional, lo religioso y lo profano caminan juntos. Y se fusionan tanto en la representación nocturna como en el dance infantil de la mañana.

Este último es de los más antiguos de Aragón. Hay referencias documentadas del mismo en 1618. Ocho pequeños, un zagal y un mayoral salen en procesión con el santo del pueblo y patrón. Van relatando la vida de San Juan Lorenzo y con humor se narran algunos de los hechos más sonados del año en el pueblo. El negro y blanco predominan en los ornamentados trajes de los contradanceros, destacando sobre ellos el diablo, que viste de rojo. Por la mañana, los niños van de blanco y rojo.







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