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La Fresneda

La Fresneda: bastión fílmico de libertarias con cárceles clasistas

La simpar belleza de La Fresneda incluye una visita turística muy atípica: las dos antiguas cárceles del municipio, la de ‘lujo’ y la popular. Vicente Aranda rodó en sus calles hace veintidós años.

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En 1996, Vicente Aranda estrenó su filme ‘Libertarias’ en diversas localidades del Matarraña. Amén del flechazo confeso del realizador con la zona, había razones históricas y de coherencia estética para la elección de estos escenarios. En La Fresneda se rodaron un año antes algunas de las escenas más recordadas, con Ana Belén, Ariadna Gil, Victoria Abril, Loles León y Miguel Bosé como protagonistas principales junto a Blanca Apilánez y Laura Maña; la película narra la historia de un grupo de mujeres que querían luchar junto a los hombres y junto a Durruti en el frente de Aragón.

La cinta es una anécdota cercana en el tiempo de las muchas que maneja Cristina Bel cuando ejerce su profesión: es la guía de turismo del municipio desde hace catorce años. Desde su oficina parten visitas guiadas de duración variable, a un precio módico. "Siempre me había interesado la historia de mi pueblo, y un día me llamaron del Ayuntamiento con la propuesta de que llevara la oficina de turismo. Aquí sigo, y a verdad es que me encanta mi trabajo. La gente muestra mucho interés, se sorprende por la cantidad de rincones bonitos que tenemos; muchos repiten, y llegan con regalos. Hace poco vino un autobús de Tortosa y trajo una gran bolsa de naranjas; los de Zaragoza siempre traen frutas de Aragón... en fin, son anécdotas, pero me llaman la atención".

 

 

Cristina no ha descuidado su formación en estos años, idiomas incluidos, y ha tratado de extender su curiosidad a conocimientos complementarios de toda la comarca. "Hay pautas que se repiten en varios pueblos de aquí, como los edificios consistoriales; muchos de ellos datan de finales del siglo XVI. En La Fresneda, lo que más llama la atención es el asunto de las dos cárceles, la de ‘lujo’ y la popular, que son objeto de una visita específica de 20 minutos. Tenemos otra de hora y cuarto que, además de las cárceles, abarca edificios religiosos, el Ayuntamiento y diferentes puntos de interés del pueblo". La belleza de La Fresneda salta a la vista; desde 1983, además, su bagaje patrimonial merece el reconocimiento de conjunto histórico artístico.

Caer preso: feo asunto

En La Fresneda no se andaban con chiquitas a la hora de aplicar la ley, pero definitivamente era una mala idea dejarse apresar siendo de clase baja; en muchas ocasiones, la retención se convertía en condena a muerte por las terroríficas condiciones de la reclusión. La cárcel que alojaba a nobles, clérigos y militares pillados en falta era otra cosa; una estancia de veinte metros cuadrados, con entrada de luz natural y diversos trazos e inscripciones en paredes y suelo, cosa que no ocurre en la otra, donde sí hay dibujos e iconos; buena parte del pueblo llano era analfabeto.

En el Ayuntamiento, cuya construcción terminó en 1576, llaman la atención las efigies demoníacas que coronan las esquinas superiores; se cree que están ahí para atemorizar a la población y someterla al poder. Maniobra disuasoria aparte, la observación del edifico desde unos pasos más atrás tiene el efecto contrario; genera admiración instantánea.

Las mazmorras populares están junto a la puerta de la oficina de turismo. Cristina las abre, el visitante se asoma... y su estomago, desprevenido, se encoge un poco. "Hay que imaginar esto sin luz, y sucio, no como ahora −aclara Cristina− pero la verdad es que entrar aquí era terrible. Desde este primer piso se arrojaba a los presos al sótano por este agujero circular, llamado alzapón;es una palabra de origen árabe que significa puerta de entrada al infierno. Era una caída de varios metros hasta el pozo o pudridero, que ya les dejaba malheridos; luego, la comida se les lanzaba por un agujero lateral, y la cantidad dependía de la voluntad del pueblo, así que normalmente era poca".

Un poco más de historia

La Fresneda estuvo en manos musulmanas hasta la reconquista por Alfonso II el Casto en 1170, que donó el pueblo a la orden religiosa-militar de Calatrava, lo mismo que ocurrió con otros pueblos de la zona. En 1283, el Rey Pedro III concedió a La Fresneda el título de villa.

Entre los atractivos arquitectónicos de La Fresneda no se puede soslayar la capilla del Pilar, con una bella fachada barroca. Junto a ella está el palacio de la Encomienda, que actualmente es propiedad privada y sirvió como residencia del comendador de la Orden de Calatrava. En lo referente a los edificios religiosos, hay que mencionar la iglesia de Santa María la Mayor; fuera del pueblo, a unos cinco kilómetros y en plena zona boscosa, está el santuario de la Virgen de Gracia, muy querido por los fresnedinos por honrar a la patrona de la villa: el 8 de septiembre se hace una fiesta en su honor, aunque los festejos mayores son a finales de agosto en honor de San Bartolomé y San Felicísimo.

Amparito Roca, musa de Jaume Teixidor y amante del general Sanjurjo

Esta famosa cupletista, cuya actividad artística brilló especialmente en Madrid (Perico Chicote le dedicó uno de sus cócteles) nació en 1904 en una casa solariega de la plaza Mayor de La Fresneda, y también fue conocida por ser la amante del general Sanjurjo. Amparito consta como la unica mujer detenida tras la ‘sanjurjada’ contra la República en agosto de 1932. Los viejos del lugar recuerdan que en un cumpleaños de la madre de Amparito, Sanjurjo envió un avión a La Fresneda para arrojar un ramo de rosas sobre el domicilio familiar. El músico Jaime Teixidor se inspiró en ella para componer el famoso pasodoble que lleva su nombre: los compases de ‘Amparito Roca’ son muy apreciados en los cosos taurinos, y la pieza es el himno popular de las fiestas de Santa Tecla, patrona de la ciudad de Tarragona. Cuiosamente, el pasodoble que inspiró Amparito sonó para acompañar a la delegación olímpica española en el desfile de la ceremonia de clausura de los Juegos de Sidney en el año 2000. El responsable de la elección fue Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional.

Almendrados, casquetas, carquiñols y hortereta para alegrar la vida

En La Fresneda se cuidan al máximo los pequeños placeres culinarios. Como digno representante de una tradición dulcera que abarca buena parte del Matarraña, el pueblo presume de una serie de productos destinados a endulzar los paladares y posponer los planes de dieta para una mejor ocasión. La mesura, por supuesto, acaba siendo la mejor consejera. Los almendrados son típicos del pueblo, lo mismo que las casquetas, unos deliciosos panecillos rellenos de confitura de calabaza o cabello de ángel. También son muy populares los carquiñols horneados, con dos variedades de almendra como base. El vino de nueces también es muy apreciado.

En cuanto a platos contundentes, la palma se la lleva la deliciosa hortereta de l’hort. Para prepararla se hace un sofrito de panceta y jamón, al que se añaden caracoles, cebolla, ajo, judías verdes, pimiento rojo y verde, calabaza, patatas y acelga, todo en trozos pequeños. Se cuece y se añaden luego tomate, arroz y unas hebras de azafrán. Se deja cocer nuevamente todo junto, hasta que el arroz absorbe el agua. Hay que rectificar de sal antes de emplatar, con un adorno singular: las hojas de la flor de la calabaza.

LOS IMPRESCINDIBLES

Feria de antigüedades

Lleva dieciocho ediciones y se celebra cada año el Sábado Santo. A la populosa compraventa de todo tipo de objetos se añade la degustación de productos típicos de la zona y demostraciones de oficios tradicionales.

El caracol de piedras

Apareció de pronto en la década de los ochenta, en lo alto del monte de Santa Bárbara: es una espiral de piedras de considerable tamaño. Muy cerca, además, se halla un observatorio luni-solar de la Edad de Bronce.

La obra de Julve y Cuella

El volumen ‘La Villa de La Fresneda. Historia, monumentos, instituciones’ fue escrito por Enrique Julve y mosén Ovidio Cuella y editado en 1986. En 2009, el ayuntamiento local lo reeditó en formato facsímil.

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