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Aragón

Perros guardaespaldas de las especies protegidas

Dos labradores forman la unidad canina de lucha y prevención en Aragón contra el uso de venenos en el medio natural.

M. M. Zaragoza 07/01/2016 a las 06:00
Duna, uno de los labradores que forman la unidad canina antivenenos de Aragón, en un momento de su entrenamiento

Se llaman Duna y Sultán, son dos labradores retriever hermanos que desde hace dos años peinan el medio natural aragonés en busca de cualquier indicio de presencia de veneno. Ella, enérgica, juguetona y con una gran nariz, es especialista en terrenos muy abiertos y exigentes físicamente, mientras que Sultán es un perro más sensible y centrado. Junto con Javier, el guía, forman la unidad canina del Gobierno de Aragón gestionada por la empresa Sarga, una de las cinco que operan en toda España.

El origen de esta unidad canina radica en el proyecto LIFE Antídoto de lucha contra el envenenamiento de grandes carnívoros y rapaces carroñeras que se puso en marcha en el periodo 2009-2013 en los territorios de Aragón, y del Parque Nacional del Gran Sasso y Monte de Laga, en la región italinana de Abruzzo y el Lazio.

Al igual que los perros se adiestran para encontrar personas en grandes catástrofes y escenarios caóticos o para las redadas de localización de drogas, estos canes están especialmente preparados para detectar veneno tanto en cebos como en cadáveres de animales intoxicados. "Se trabaja a diario con ellos y se va reforzando la formación", apunta Javier Sanz, guía de la unidad, quien explica que los labradores funcionan muy bien para estas funciones por que "son dóciles, fáciles de adiestrar y socializan, es importante que faciliten el trabajo porque tienen que estar con distintas personas que son desconocidas".

Tanto el trabajo de adiestramiento como el entrenamiento se basan en el juego y en la recompensa. Se esconden cebos en entornos controlados con sustancias variadas, se ponen pruebas, búsquedas y se trabajan marcajes, y cuando el perro los encuentra se les premia con un juguete, un mordedor o una pelota. "A diferencia de perros enseñados para otros servicios, a estos se les adiestra también en el rechazo a la comida para que no cojan nada mientras están trabajando porque se podrían intoxicar", apunta el guía, por lo que cuando los animales detectan una sustancia peligrosa se paran, se sientan al lado, esperan y miran al guía como queriendo expresar que ahí pasa algo. A partir de ese momento se despliega todo un protocolo de investigación, revisión ocular y recolección de pruebas y rastros que corre por cuenta de los Agentes de Protección de la Naturaleza o los Agentes del Seprona, que siempre acompañan a la unidad en sus actuaciones en el campo.

Delitos contra la fauna

En los seis primeros meses de 2015 los agentes del Seprona en España impusieron 102 infracciones administrativas y otras 15 penales por estas prácticas, pues no hay que olvidar que el uso de cebos envenados está considerado un delito contra la fauna.

Su uso fue habitual durante años en el medio rural para exterminar plagas, roedores y otros animales que se consideraba que mermaba las actividades de agricultores y ganaderos, y también en la caza el veneno se ha colocado tradicionalmente para eliminar especies de predadores que pudieran constituir una competencia para el cazador al alimentarse con especies de caza menor, como perdices o conejos, pero su uso se prohibió en los años 80.

Sin embargo, plaguicidas, insecticidas y raticidas se han seguido utilizando en el territorio constituyendo un grave riesgo especialmente para rapaces y mamíferos. "La mayoría del veneno que aparecen son insecticidas que en su día eran legales y se prohibieron, su toxicidad es espectacular. Hay muchos de los animales que se intoxican con estas sustancias que no llegan ni a tragarse el cebo, son muy letales", explica Sanz.

Desde que se puso en marcha, la unidad canina de Aragón ha actuado en diversos casos de envenenamiento, como milanos reales en Ribagorza, alimoches en la ribera alta del Ebro o galgos envenenados en Villamayor, pero además de que su trabajo evita la extensión de los tóxicos en la cadena alimentaria animal, sus batidas ordinarias en el campo suponen una importante labor de "prevención y disuasión", destacan desde Sarga.

La de Aragón es una de las cinco unidades caninas especializadas que operan en España desde que en 2004 se puso en marcha en Andalucía la primera de ellas. Además, también cuentan con estas herramientas en Madrid, Castilla-La Mancha y Asturias, en esta última comunidad gestionada por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos dentro del LIFE Europeo para la reintroducción de la especie en Picos de Europa.

Según un informe de Adena, el envenenamiento es una de las grandes amenazas para la conservación de la fauna silvestre en España y en otros países de Europa. Desde 1990 a 2003 en el país se produjeron unas 7.300 muertes de animales por envenenamiento en unos 3.100 episodios. Las especies más afectadas fueron las rapaces (38% del total), seguidas de los mamíferos domésticos (27%), otras aves, la mayoría de ella córvidos (21%) y carnívoros terrestres (7,5%).







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