Una historia de nobleza y valor

Se cumplen 100 años del nacimiento del mítico Iberia, uno de los padres del fútbol de la ciudad y uno de los clubes fundadores del actual Real Zaragoza


Los inicios

Juntaban reseñas de partidos extranjeros, un desgastado reglamento y un balón roído. Era su forma de acercarse al ‘foot-ball’, un deporte que se adentraba lento pero seguro en la sociedad española. Eran los inicios del siglo XX, con el país pendiente del primer gran conflicto que sacudió a todo el globo: la Primera Guerra Mundial. Dos hermanos argentinos, los Abinzano, se reunían junto a varios colegas del colegio El Salvador en la Puerta de Santa Engracia. Allí practicaban fútbol con varias piedras o un montón de ropa a modo de porterías y conversaban apasionadamente sobre defensas y delanteros. Enamorados del deporte de la pelota, andaban como locos por formar un equipo para poder enfrentarse de forma oficial contra otros jugadores de la ciudad. Pero les faltaba un padrino, un hombre con experiencia y sabiduría que les guiara en su camino y les ayudara a constituir, de forma legal, una entidad deportiva.

Ese hombre era José María Gayarre, presidente y fundador del entonces ya extinto La Gimnástica. Un club anterior, pionero en Aragón, del que heredaron su equipación y sus colores, los míticos avispas, con franjas negras y amarillas. “Esto se realizó en una reunión celebrada en un banco de la Plaza del Pilar a la que concurrieron los hermanos Abinzano, Lorda, Burges, Beltrán, Velilla, Marqueta, entre los que más recordamos. ¿Campo? El de siempre, el del Sepulcro”, recuerda Juan Antonio Burges, uno de los protagonistas de aquella firma, en sus memorias. Nacía así, el 24 de marzo de 1917, el Sport Club Iberia.

Una de las primeras crónicas del Iberia en el HERALDO DE ARAGÓN.
Una de las primeras crónicas del Iberia en el HERALDO DE ARAGÓN.

Como recuerda Burges, uno de los futbolistas más carismáticos de los primeros años del equipo, el Iberia comenzó a jugar en el campo del Sepulcro (más tarde lo harían en La Hípica y en Torrero), en los terrenos que ocupó la Exposición Hispano-Francesa de 1908, ubicados en la actual plaza de Los Sitios. Allí disputaron los primeros partidos, conquistaron sus primeras hazañas y comenzaron a labrarse una reputación ganadora en Aragón.

Imagen de un Iberia-Patria disputado en Torrero.
Imagen de un Iberia-Patria disputado en Torrero.

El club incorporó, y convirtió de inmediato en un sello de su personalidad obrera y luchadora, a jugadores y aficionados de la industria de los ferrocarriles, un negocio pujante en España en los albores del siglo XX. Un grupo importante llegaron de Carde y Escoriaza, una empresa ferroviaria nacida de la fusión de entre Gustav Cardé, un francés especializado en carpintería metálica, y la firma zaragozana de los hermanos Escoriaza, instalada desde finales del siglo XIX en el centro de la capital aragonesa.

Uniforme habitual del Iberia: a franjas negras y amarillas.
Uniforme habitual del Iberia: a franjas negras y amarillas.

Sus valores honorables, su lucha constante y su fuerza sobre el terreno de juego pronto identificaron al obrero medio zaragozano con los colores del Iberia. Decían de este equipo que era pura potencia. Una demostración de esfuerzo y garra en cada partido. Patrones marcados que representaban también los futbolistas, llegados en algunas ocasiones de la cantera vasca, nicho que controlaba Gayarre, o de las propias calles e industrias zaragozanas.

El traslado a Torrero

Comenzó a jugar el Iberia, como otros tantos equipos de Zaragoza, en el campo del Sepulcro, un terreno denominado así durante el primero de los sitios a Zaragoza por su uso, esporádico, como tumba o sepulcro de cadáveres. Más tarde, disputó bastantes partidos en el campo de La Hípica, pero las comunicaciones no eran las mejores y a los aficionados les costaba demasiado llegar hasta el recinto. En este contexto, el Iberia quería crecer. Necesitaba crecer. Y para ello, era primordial buscar un campo propio. Grande y accesible. Moderno y funcional. Lo construyeron en Torrero, en un descampado monte de Olivos que adquirieron para edificar, entre 1922 y 1923, el bautizado como campo de Torrero, sede del Iberia hasta su fusión con el Zaragoza y sede del Real Zaragoza hasta 1957, año en el que se construyó La Romareda.

Crónica fotográfica de la inauguración del campo de Torrero.
Crónica fotográfica de la inauguración del campo de Torrero.

El campo de Torrero se inauguró el 7 de octubre de 1923 en un partido frente a Osasuna. Bendijo el terreno de juego el señor Carceller y Don Juan Fabiani, entonces alcalde de la ciudad, hizo el saque de honor. El Iberia perdió 1-4 y Burgaleta, futbolista de Osasuna, anotó el primer tanto en Torrero. Smith, de penalti, tuvo el honor de marcar el primero de tantos goles avispas en el mítico estadio.

Una de las gradas de Torrero repletas de aficionados zaragozanos.
Una de las gradas de Torrero repletas de aficionados zaragozanos.

En la crónica de la inauguración, HERALDO DE ARAGÓN destacaba la importancia del acto y añadía: “Todavía comprendemos con más dificultad cómo no sintió el Iberia ese empuje de tantos corazones que le desearon la victoria, ni el enardecimiento de tantos ojos que les animaron con sus fulgores…”. Cuentan también las crónicas de la época que sobraron unos tomates en el almuerzo previo de las directivas y que, a modo de amenaza deportiva al Zaragoza (entonces RSAS), los enterraron en el centro del campo. Los jugadores de su gran rival aquellos años, con el que felizmente se terminarían fusionando en 1932, eran conocidos como ‘los tomates’ por el rojo color de su indumentaria.

Alineación del Zaragoza en un partido con su clásico uniforme tomate.
Alineación del Zaragoza en un partido con su clásico uniforme tomate.

Éxitos en Aragón y en Segunda División

Dominador del fútbol aragonés en la década de los 20, prácticamente desde su nacimiento, el Iberia cuenta en su palmarés con siete campeonatos de Aragón y tres participaciones en la Segunda División del fútbol español. Incluso rozó el ascenso a Primera en dos ocasiones.

Su primera aparición en Segunda fue en la campaña 1928-1929. En un torneo compuesto por 10 equipos, el Iberia terminó segundo con 22 puntos después de nueve victorias, cuatro empates y cinco derrotas. Los mismos registros que consiguió el Sevilla, que terminó primero (y con derecho a jugar el ‘play off’ por el ascenso) por la diferencia de goles. De hecho, en la última jornada del campeonato los aragoneses se impusieron a los andaluces en Torrero por 1-0. Pese a este resultado, el Sevilla acabó con un ‘golaveraje’ de +11 y el Iberia con +6. Tercero fue el Alavés, cuarto el Sporting de Gijón, quinto el Valencia, sexto el Betis, séptimo el Oviedo, octavo el Deportivo, noveno el Celta de Vigo y décimo el Racing Madrid.

Las crónicas de la época elogiaban las conquistas del Iberia.
Las crónicas de la época elogiaban las conquistas del Iberia.

Una temporada más tarde, el Iberia repitió participación en Segunda División y de nuevo estuvo a punto de ascender a Primera. En otra liga de diez equipos, el Iberia terminó tercero con 21 puntos, los mismos que el segundo, el Sporting de Gijón, y a solo uno del campeón, el Deportivo Alavés. Quién sabe cómo hubiera cambiado la historia si el Iberia hubiera conseguido aquel año o el anterior una plaza en la élite del fútbol nacional.

Peor le fueron las cosas en la tercera y última temporada en Segunda. El Iberia terminó último con 13 puntos. Eso sí, a solo uno del Murcia, el Oviedo y el Deportivo de La Coruña, que sumaron 14. Los avispas perdieron la categoría y descendieron a Tercera División. Un descenso que fue la antesala previa a la fusión con el Zaragoza y la fundación del actual Real Zaragoza.

Fotografía de la visita del Oviedo al abarrotado campo de Torrero.
Fotografía de la visita del Oviedo al abarrotado campo de Torrero.

El día en el que Ricardo Zamora fue un avispa más

Había terminado la temporada 1922-1923 y, a escasas semanas de inaugurar el campo de Torrero, el Iberia quería despedir la campaña con un amistoso por todo lo alto (una práctica muy habitual en la época). El invitado fue el RCD Español de Barcelona, un club puntero de la élite en aquellos tiempos. Con el Iberia todavía dando sus primeros pasos, la diferencia entre ambos conjuntos era importante. ¿Cómo reducirla? ¿Por qué no cambiar el portero? Dicho y hecho. El Iberia disfrutó aquella tarde del entonces mejor cancerbero del mundo, Ricardo Zamora, cuyo apellido todavía da nombre, cien años después, al trofeo para el guardameta menos goleado de la temporada.

Ricardo Zamora con la indumentaria del Iberia.
Ricardo Zamora con la indumentaria del Iberia.

Zamora, que posó con el escudo del Iberia en el pecho en una imagen para la historia, fue la gran atracción del partido, que se disputó en el campo de La Hípica. “La llegada de Zamora, el guardameta con mayor fama del mundo es un verdadero acontecimiento para la gente”, relataba la crónica de la jornada. Pese a sus intervenciones, el Iberia perdió 0-2. Y Zamora se marchó “agradecido a Zaragoza por el recibimiento dispensado”. Expresó, además, que “tenía ganas de jugar aquí”.

Algunas intervenciones de Zamora en su partido de avispa.
Algunas intervenciones de Zamora en su partido de avispa.

¿Cuánto costaba un abono?

En agosto de 1929, en uno de los mejores momentos de la historia del Iberia, el HERALDO DE ARAGÓN anunciaba en sus páginas una subida en las cuotas para los nuevos socios. Concretamente de una peseta mensual. “Es propósito de la directiva del Iberia proponer a la Junta General que se celebrará el domingo, el aumento en una peseta mensual de la cuota de la Sociedad para los socios que ingresen a partir de la fecha. En consecuencia, dicha cuota será de cuatro pesetas para los socios de general y goal, seis para los de tribuna lateral y siete para los de tribuna central. Los socios que en la actualidad pertenecen al Iberia, seguirán pagando las cuota antiguas de tres, cinco y seis pesetas, respectivamente. Los socios de general y goal, tendrán derecho a un asiento fijo mientras haya vacantes. Los socios de nuevo ingreso, al presentar solicitud de alta, pagarán la primera mensualidad”, se comunicaba en el periódico.

Las gradas de Torrero, a reventar para ver jugar al Iberia.
Las gradas de Torrero, a reventar para ver jugar al Iberia.

Por tanto, las cuotas para ver al Iberia en Torrero fluctuaban entre las tres y las siete pesetas mensuales, dependiendo de la antigüedad y de la ubicación de la localidad en el terreno de juego. Para los niños, como es habitual, las cuotas eran menores: “En la categoría de socios infantiles se seguirá pagando una peseta mensual, lo mismo que la temporada anterior. Los socios infantiles de nuevo ingreso, pagarán la cuota de entrada de dos pesetas”.

Un futbolista del Iberia posa junto a una aficionada.
Un futbolista del Iberia posa junto a una aficionada.

El papel de la mujer

Era una imagen habitual ver mujeres en las gradas de los partidos del Iberia, un club que fomentaba la participación femenina en sus actos. Así, por ejemplo, unos días antes de su fusión con el Zaragoza organizó un partido amistoso de fútbol femenino entre el Valencia y el España. A juzgar por las crónicas, a las chicas les faltaban todavía horas de vuelo, pero poco a poco comenzaban a abrirse un hueco en un deporte de marcado predominio masculino.

El equipo del Valencia femenino, en Torrero.
El equipo del Valencia femenino, en Torrero.

Un par de días después de la fusión entre el Iberia y el Zaragoza Club Deportivo, el HERALDO DE ARAGÓN recogía en sus páginas un sentimiento que compartían ambas entidades con respecto al importante papel que debía tener la mujer en el fútbol de inicios de la década de los 30. “Hay que atraer sus encantos a esta manifestación deportiva para completar así el magnífico cuadro que se prepara. Ellas son necesarias en estos momentos”.

Las jugadoras del España FC en el campo del Iberia.
Las jugadoras del España FC en el campo del Iberia.

La sección ciclista

Marzo de 1924. En aquella época, ya existían en Zaragoza dos clubes ciclistas: el Pedal Aragonés y el Real Ciclis Club que, sin embargo, dejaron de existir poco después ante el auge que tomó rápidamente la sección ciclista del Iberia Sport Club. La primera Junta Directiva estuvo formada por Francisco Martínez (presidente), Marcos Rubio (secretario) y Manuel Baraza, Enrique Trasobares y José Zaurín (vocales).

Desde su creación, la sección ciclista del Iberia Sport Club organizó un sinfín de pruebas y excursiones. La primera carrera destacada de la que se tiene constancia es el Campeonato Social del Club (en 1924), cuya victoria correspondió a Ángel López. Ya en 1926, crearon una importantísima competición para el ciclismo aragonés, el Circuito de la Ribera del Jalón, cuya primera edición se celebró un 13 de junio con victoria del corredor catalán Benito Milián.

Ángel López, con la vestimenta del club ciclista.
Ángel López, con la vestimenta del club ciclista.

El gran objetivo de la primera Junta ciclista fue la construcción de un velódromo en los terrenos del Iberia, unas instalaciones deportivas de gran nivel que incluían la única piscina que por entonces existía en Zaragoza y el famoso campo de fútbol de Torrero. La tenacidad de la Junta Directiva comandada por Martínez y Rubio propició la creación del Velódromo de Torrero (no confundir con el que actualmente se sitúa junto al Parque de Atracciones), inaugurado por el presidente de la Unión Velocipédica Española (después, Federación Española de Ciclismo), Santiago Jaumandreu el 27 de mayo de 1928.

Imagen de la inauguración del velódromo de Torrero.
Imagen de la inauguración del velódromo de Torrero.

A partir de entonces, además de las carreras de pista, todas las pruebas de carretera concluirían en el velódromo. Entre 1929 y 1930, la sección ciclista del Iberia Sport Club organizó, al menos, 35 carreras entre el velódromo -la auténtica modalidad reina en el ciclismo de la época- y la carretera.

Tras la fusión entre el Zaragoza y el Iberia en 1932, la sección ciclista del Iberia Sport Club pasó a llamarse entonces sección ciclista del Zaragoza Fútbol Club. Sin embargo, la fusión entre los dos clubes de fútbol influyó negativamente en la sección ciclista del club, ya que el equipo de fútbol utilizaba la pelousse del velódromo para realizar sus entrenamientos.

En 1934, la creación del filial del Zaragoza, el Atlético Zaragoza, acentuó todavía más las dificultades, ya que jugaba sus partidos en el Velódromo. En ese difícil contexto, la asamblea de la sección ciclista realizada ese mismo año acordó la separación del club de fútbol para pasar a ser un club independiente respetando la antigüedad de la entidad (24 de marzo de 1924), petición que fue aceptada por la Unión Velocipédica Española presidida entonces por Emilio Guiseris. El nombre de la nueva entidad fue el de Club Ciclista Iberia, una organización que todavía sobrevive en las carreteras aragonesas en nuestros días.

Foto de familia de varios de los primeros integrantes de la sección ciclista del Iberia.
Foto de familia de varios de los primeros integrantes de la sección ciclista del Iberia.

La fusión con el Zaragoza Club Deportivo

Ambas entidades, grandes rivales durante década y media, atravesaban momentos de zozobra deportiva y económica. El Zaragoza ya se había vinculado previamente al Fuenclara (1924) y al Stadium (1925), pero a finales de 1931 se vio obligado a darse de baja en la Federación por las asfixiantes deudas contraídas.

Tras numerosas reuniones, negociaciones, tiras y aflojas, el 15 de marzo de 1932 cinco representantes del Iberia y otros cinco del Zaragoza firmaban el acta de fusión que daría lugar, tres días después, el 18 de marzo de 1932, a la creación del Zaragoza Fútbol Club. José María Gayarre, Antonio Hormigón, Juan Briz, José Torregrosa, Liberto Herrero, Luis Ferrer, Julián López Herrero, Antonio Sánchez Candial, José María Muniesa y Luis Gayarre acordaron una unión llena de éxitos para la ciudad que ya ha cumplido 85 años.

Documento de la firma de la fusión entre el Zaragoza y el Iberia.
Documento de la firma de la fusión entre el Zaragoza y el Iberia.

Como habían pactado previamente, el nuevo club luciría en el pecho el escudo de la ciudad de Zaragoza y los colores blanco y azul, los habituales entonces de la Federación aragonesa, que medió con un papel importante en las negociaciones. Una semana antes, el 13 de marzo de 1932, el Iberia disputaba en Valladolid su último partido. Perdieron 3-0 y la alineación fue la siguiente: Rolloso, Tomás, Chomin, Zorrozúa, Latre, Anduíza, Juanito, Almandoz, Epelde, Orcolaga, Blesa y Benjamín Simón.

Uno de los últimos partidos del Zaragoza.
Uno de los últimos partidos del Zaragoza.

Siete días más tarde, ya con el nuevo uniforme del Zaragoza FC, el Valladolid era el que visitaba Torrero y, unidos los futbolistas del Iberia y el Zaragoza, golearon 4-0 a los pucelanos. Seis jugadores del Iberia (Epelde, Orcolaga, Zorrozúa, Almandoz, Anduíza y Rolloso) repitieron en la alineación titular.

Para la historia quedará el inicio de la crónica en el HERALDO DE ARAGÓN de aquel inolvidable acontecimiento: “Agitadas fuertemente por el viento, ondeaban ayer tarde, por primera vez unidas, las banderas del Iberia y del Zaragoza, izadas en uno de los mástiles que presiden, dominando con su altura, la superficie del campo de Torrero. Cuando terminado el primer partido fueron arriadas, un silencio de emoción ahogó por unos minutos los sentimientos de quienes presenciaban la desaparición a un mismo tiempo y en un mismo lugar de cuanto en otras ocasiones fue motivo de desbordados apasionamientos”.

“En un instante y en medio de ese silencio, que era a la vez emotividad y emoción, fueron arriadas todas las diferencias, todos los antagonismos, todas las animadversiones que separaron, dividiéndola, diezmándola, a la afición futbolística local. Fueron arriados también todos los entusiasmos que unos y otros pusieron en la defensa de aquellos colores, todos los sacrificios ofrecidos en su holocausto… Solo que mientras aquellas quedaron enterradas en el foso profundo del olvido, éstos revivieron instantáneamente prontos a ser puestos al servicio del nuevo ideal que simboliza la bandera que comienza a ser izada”.

“Y en un desbordamiento inigualado, estos entusiasmos, ese espíritu de sacrificio, que no se resigna a desaparecer, brotaron nuevamente al estruendo de los aplausos con que fue acogida la nueva enseña blanca, símbolo de paz, cuyo centro es blasonado con el escudo de la ciudad, símbolo de nuevas aspiraciones”.

“Que la nueva bandera blanca sea verdaderamente símbolo de que se han fundido en ella todos los colores del iris futbolístico local, y que el emblema de Zaragoza, que es el nuevo escudo, nos inspire a todos en el buen deseo de laborar intensamente por el buen nombre de la ciudad”.

Primera alineación del nuevo Zaragoza FC.
Primera alineación del nuevo Zaragoza FC.

Textos: Dani Álvarez
Fotografías: Archivo Heraldo de Aragón
Documentación: Archivo Heraldo de Aragón. ‘El largo camino hasta la Recopa’, de Ángel Aznar Paniagua (1995). ‘El sueño de ser grandes: Historia social del nacimiento del fútbol en Zaragoza, 1903-1936’. Tesis de la Universidad de Zaragoza. De Pedro Ciria Amores (2012). ‘Real Zaragoza. 1932-1995’. De Pedro Luis Ferrer y Javier Lafuente (1995)
Diseño y programación: R. Torres