Aeronáutica: cómo ha construido el Béarn su ecosistema industrial

Desde los motores de helicóptero de Safran hasta las aeroestructuras de Dassault, la aeronáutica constituye uno de los pilares de la economía de los Pirineos Atlánticos. La crisis sanitaria de 2020 golpeó este sector que, actualmente, se ha reactivado.

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Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.

Safran Helicopter Engines lleva décadas fabricando turbinas para helicópteros en Bordes y es uno de los mayores empleadores del Béarn.Ascensión Torrent

En la actualidad, son muy pocos los vecinos del Béarn que no cuentan entre sus familiares y amigos con algún contacto o vínculo directo con la industria aeronáutica. Esto es así debido a la relación entre el territorio y esta industria, que se remonta atrás en el tiempo, hasta los inicios de la aviación francesa.

Hoy en día, Safran Helicopter Engines (empresa filial del grupo industrial francés Safran, líder mundial en la fabricación de motores para helicópteros) constituye uno de los pilares de la industria aeronáutica de la región.

Fundada en 1938 por el ingeniero Joseph Szydlowski y André Planiol, la empresa, conocida entonces y a la que todavía hay quien se refiere a ella en ocasiones como Turbomeca, se dedicaba inicialmente al diseño de compresores para motores de avión.

Durante la II Guerra Mundial, la presión alemana durante la ocupación de Francia motivó que la compañía abandonase la región parisina y se trasladase al suroeste del país, donde se instaló en Bordes en 1942. Como vestigio de aquella parte de la historia, hoy en día todavía es posible visitar en Bordes una calle que sigue llevando el nombre del ingeniero fundador de la empresa.

Más adelante, Turbomeca se especializó en la elaboración de turbinas de gas y motores de helicóptero. El éxito del Artouste, máquina a la que equipa, entre otros, al Alouette II -un helicóptero ligero polivalente-, contribuyó a apuntalar la fama de esta compañía a nivel internacional.

Así, aunque hoy en día la empresa mantiene una importante planta en Bordes, su actividad se complementa por la de la planta de Tarnos, ubicada en el departamento de las Landas, lo que ha favorecido la implantación de otras empresas industriales en la zona.

En Bidos y Arudy, al sur del Béarn, Safran Landing Systems desarrolla equipos para trenes de aterrizaje. En Anglet, Dassault Aviation, otro de los grandes contratistas de la zona, cuenta con una fábrica dedicada a las aeroestructuras. Construida por Latécoère en 1937, hoy da empleo a cerca de mil personas.

Para fabricar determinados componentes de sus aeronaves, estos grupos recurren a subcontratistas especializados en mecanizado, metalurgia, tratamientos de superficies, electrónica e ingeniería.

El 12 % de la economía

Si se habla de empleo de Pau, las cifras lo dejan claro: un total de 101 establecimientos estaban vinculados a la aeronáutica en 2022, según los datos del INSEE (Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia). En ellos trabajaban cerca de 6.000 personas, de las cuales 4.600 se dedicaban específicamente a esta actividad.

En la zona de Oloron-Sainte-Marie, 26 empresas daban empleo a 1.876 personas, de las cuales 1.597 trabajaban directamente en el sector. La aeronáutica representaba el 12,4 % de la economía de esta zona, frente al 2,3 % en el conjunto de Nueva Aquitania.

En la fábrica de Safran Landing Systems de Bidos se fabrican trenes de aterrizaje para aeronaves.Safran

Esta red de pequeñas y medianas empresas constituye un eslabón esencial de la economía local. Cuando Safran o Dassault aumentan su producción, los pedidos repercuten en sus proveedores, que también tienen que invertir y contratar personal. Sin embargo, una reducción del ritmo de producción, un aumento del precio de las materias primas o una pandemia pueden debilitar rápidamente toda la cadena, especialmente a las pequeñas empresas situadas al final de ella.

Tras la covid-19

La crisis de la covid-19 interrumpió bruscamente esta dinámica en el año 2020. El desplome del tráfico aéreo debido a los confinamientos y la caída de los pedidos de aviones obligaron a los fabricantes a reducir sus ritmos de producción y a recurrir menos a la subcontratación. Fueron años difíciles para la industria. Sin embargo, a partir de 2022 y más claramente en 2023, la paulatina recuperación del ritmo del transporte aéreo así como el regreso de los pedidos dieron un nuevo impulso al sector.

En un artículo publicado en los medios franceses el 6 de abril de 2023, Florence Gourmanel, directora de Recursos Humanos de Safran Helicopter Engines, atribuía esta evolución a "una mayor demanda de motores nuevos en todo el mundo", en todos los sectores, así como al "aumento de las horas de vuelo" (mucha gente salió de la pandemia con más ganas de viajar y recorrer mundo), lo que favorecía la actividad de mantenimiento.

Tanto es así que en el año 2023, la empresa anunció un total de 450 ofertas de empleo con contrato indefinido: unas 300 en Bordes y el 20 % del total en Tarnos. También preveía elevar la producción en el Béarn hasta los 800 motores anuales. Sin duda, los pedidos de motores Arriel para el operador italiano Leonardo, así como los de helicópteros ligeros de Airbus y Bell, contribuyeron a esta recuperación.

Dificultades para contratar

Sin embargo, no todo son buenas noticias ligadas al aumento de la producción, ya que esta actividad se enfrenta a un obstáculo importante: la contratación. "Mientras el desempleo sigue aumentando, nuestras fábricas continúan sufriendo una grave escasez de mano de obra", lamentaba Christian Houel, entonces presidente de la Unión de Industrias y Oficios de la Metalurgia del Adour y director general de Aquitaine Électronique, en declaraciones a La République des Pyrénées en octubre de 2018.

Cinco años después de estas declaraciones, el 86 % de las empresas del sector aeronáutico y espacial del suroeste de Francia que habían contratado personal o tenían previsto hacerlo declaraban tener dificultades para cubrir sus vacantes, frente al 78 % en 2022, según datos facilitados por el Insee. Por su parte, la industria militar también ofrece oportunidades y ayuda al crecimiento de este ecosistema.

Tanto es así que en la zona de los Pirineos Atlánticos, la base industrial y tecnológica de defensa (BITD) genera unos 2.800 puestos de trabajo, según las cifras facilitadas por la prefectura en 2024. El departamento cuenta con 72 subcontratistas de la industria armamentística y 260 empresas y proveedores directos del Ministerio de las Fuerzas Armadas francés.

Feria de orientación profesional organizada por Safran en abril para atraer a jóvenes.Ascensión Torrent

El rearme aumenta pedidos

A escala nacional, los servicios del Estado señalan también que la Ley de Programación Militar 2024-2030 ha proporcionado a las empresas de la BITD una "visibilidad de siete años".

La principal consecuencia es que "los pedidos han pasado de una media anual de 9.500 millones de euros entre 2012 y 2016 a 20.000 millones en 2023. Así, la cifra ha aumentado más del doble en nueve años, lo que ha exigido una importante adaptación por parte de las empresas", según la prefectura de los Pirineos Atlánticos.

En el caso de Dassault, el ritmo de producción de las fábricas pasó de uno a tres aviones Rafale al mes entre 2022 y 2025, algo que repercute inevitablemente, a medio plazo, en la economía del Béarn.

Queda por ver si el actual contexto de rearme europeo se mantendrá en los mismos términos durante el próximo mandato presidencial.

Pau, siempre con la mirada puesta en el cielo

Pau y la aeronáutica mantienen una larga historia de amor. Si nos remontamos a varios años atrás, ya en el siglo XIX la ciudad real atraía a una clientela extranjera adinerada, sobre todo británica, seducida por su clima invernal, sus paisajes y sus actividades deportivas. En 1906, el International Herald Tribune llegó a proclamarla "centro del deporte mundial". Esta apertura al extranjero, unida a la suavidad de los inviernos del Béarn y a la disponibilidad de los extensos terrenos de la landa de Pont-Long, favoreció los comienzos de la aviación.

En enero de 1909, el estadounidense Wilbur Wright se instaló en Pau para continuar sus pruebas y formar pilotos, en virtud de un contrato firmado con inversores franceses. El 3 de febrero, su Flyer realizó el primer vuelo de un aeroplano en el Béarn. Las demostraciones atrajeron a multitudes y a numerosas personalidades, y la escuela de Wright se convirtió en la primera escuela de aviación organizada del mundo.

Otros pioneros siguieron sus pasos. Louis Blériot, famoso por haber cruzado el canal de la Mancha en avión en julio de 1909, abrió su propia escuela en Pau en noviembre. Varios fabricantes instalaron allí sus centros, convirtiendo el Béarn en un centro internacional de formación aeronáutica. Durante la Primera Guerra Mundial, más de 6.000 militares de una decena de países acudieron allí para formarse, entre ellos futuros ases de la aviación como Georges Guynemer, así como mandos de la escuadrilla Lafayette. Pau se consolidó así como una de las cunas de la aviación civil y militar.

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