Miedo y memoria: las brujas de Laspaúles salen a la luz
Mario Cosculluela presenta en Espacio H de HERALDO Miedo, un álbum ilustrado sobre las brujas de Laspaúles que rescata un episodio histórico marcado por el silencio, el terror y la memoria.
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Hay historias que permanecen enterradas durante siglos hasta que alguien decide escucharlas. Miedo. Una historia de las brujas de Laspaúles, el nuevo libro de Mario Cosculluela, vuelve la mirada al Pirineo aragonés para recuperar uno de los episodios más estremecedores de su memoria: el proceso por brujería que marcó a la comarca de Ribagorza. La obra fue presentada el pasado 15 de junio en el Espacio H de Heraldo, en un acto dirigido por la periodista Carolina Iglesias.
Cosculluela, narrador oral desde 2003, conoce bien el territorio que ahora convierte en relato. Más de veinte años contando historias lo han llevado a recorrer y conocer la geografía aragonesa al completo. Sin embargo, el punto de partida es una historia real que permaneció oculta durante siglos. En 1980, unos albañiles encontraron en una viga del campanario de Laspaúles un manuscrito con documentos fechados entre los siglos XVI y XVII. Aquellos papeles sacaron a la luz un proceso judicial en el que 24 mujeres fueron acusadas de brujería, torturadas y ejecutadas en 1592. Un episodio considerado uno de los mayores procesos por brujería documentados en España.
A partir de esa investigación, Cosculluela construye un álbum ilustrado donde texto e imagen dialogan sin repetir el mismo discurso. "Siempre hubo tradición de brujas, pero no se conocía una historia como esta", explica. El autor reconoce que, al profundizar en los documentos, apareció un elemento común que vertebra toda la obra: el miedo. "Me preguntaba cómo era posible aquello sin que las familias se sublevaran. No tengo la respuesta, pero todo apunta al miedo", reconoce.
El libro, ilustrado por José Antonio Ávila, apuesta por un lenguaje visual que amplía la narración. "No queríamos que la ilustración fuera solo una traducción del texto, sino que aportara matices nuevos", explica el artista, que combina bocetos a lápiz con trabajo digital para dotar a la obra de una textura orgánica. "Buscábamos que el libro respirara", resume.
La historia se centra en la transmisión entre generaciones, a través de una abuela y su nieta que encarnan la memoria oral del territorio. Un hilo que conecta pasado y presente, y que refuerza la idea de que la historia no solo se cuenta, sino que también se hereda.
Cosculluela reconoce que el proyecto busca la reflexión: "No quería hacer un libro de miedo, sino mostrar lo que hay detrás del miedo". Y en ese ejercicio de memoria, el autor reivindica también el valor de la narración oral, un oficio que, asegura, sobrevive gracias a la pasión de quienes siguen contando historias de pueblo en pueblo.