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Un sector que se transforma con el mínimo impacto
Son muchos los avances conseguidos en materia de sostenibilidad en la industria porcina, sobre todo los que se han llevado a cabo en las propias granjas de cerdos.
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
La tecnificación y transformación del porcino se han desarrollado en los últimos años en consonancia con los esfuerzos por mitigar el impacto ambiental del sector, generando notables avances en toda la cadena de valor y, especialmente, en las granjas de cerdos.
Así, la eficiencia productiva se ha multiplicado de forma significativa, lo que hace que los impactos por cada kilogramo de producto sean más reducidos. No obstante, las explotaciones se han hecho cada vez más grandes, lo que exige un compromiso mayor, sobre todo, con la gestión de residuos para evitar la contaminación de aguas y suelos.
Así se puso de relieve recientemente en Porciforum, uno de los mayores salones del sector a nivel internacional. En una de las conferencias dedicadas a la sostenibilidad ambiental en las explotaciones porcinas, se reseñaron importantes logros, como el de la nutrición de precisión de los animales, que ha permitido reducir el contenido de proteína y el uso de aminoácidos sintéticos para disminuir la excreción de nitrógeno. Por otro lado, y con el fin de reducir el impacto de la producción de las materias primas, la inclusión de subproductos de la industria agroalimentaria en las dietas de los cerdos tiene un elevado potencial para reducir la huella ambiental de los piensos. Además, se están explorando otras alternativas para sustituir los alimentos proteicos de alto impacto (como la soja), a través de la recuperación de cultivos de leguminosas.
Por su parte, los purines constituyen un recurso fertilizante de alta calidad, según se recordó en el evento, que debe gestionarse y emplearse de forma adecuada. Se pusieron sobre la mesa, a este respecto, diversos tratamientos que permiten modificar sus características para reducir su impacto o, incluso, obtener un valor añadido, como la producción de biogás, por ejemplo.
Como conclusiones, el congreso recogió la necesidad de abordar los retos que impone la sostenibilidad en las granjas de un modo integral. La reducción del impacto ambiental pasa por optimizar el uso de materias primas mediante mejoras en nutrición animal, implementar tecnologías y buenas prácticas en la gestión de purines para reducir emisiones y, finalmente, promover la valorización de residuos como recurso agrícola y energético.