Costes, tecnología y conductores: grandes retos
El sector del transporte afronta 2025 con la mirada puesta en varios objetivos: lograr flotas más sostenibles, reduciendo costes y apostando por la tecnología. A nivel local, el foco está en la ejecución de autovías y en reforzar el servicio de tren.
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Si bien el sector logístico en su conjunto afronta el año venidero con buenas perspectivas, el del transporte mira al futuro con cierta incertidumbre. Empresas y organizaciones apuntan a la necesidad de lograr flotas más sostenibles, especialmente en carretera. Una cuestión primordial para lograr que el sector siga creciendo y evolucionando acorde a las necesidades del mundo actual, pero de más urgencia dada la fluctuación del precio del petróleo y, en consecuencia, el aumento de gasto en combustible, además de las normativas europeas y sus consecuentes peajes en relación a las emisiones de CO2.
Otro de los retos acuciantes es la implementación de medidas tecnológicas. Digitalizar las compañías de transporte y recurrir, por ejemplo, a la inteligencia artificial para optimizar operaciones y rutas o mejorar la trazabilidad supondría también una reducción de costes, si bien hay que tener en cuenta cuestiones regulatorias sobre su uso.
La falta de personal cualificado constituye otro de los desafíos del colectivo, especialmente en el transporte por carretera. Más en concreto, se calcula que en España harían falta unos 20.000 conductores, cifra que crecerá en los próximos años debido a la falta de relevo generacional, ya que la gran mayoría de profesionales de este ámbito supera los 50 años de edad y prevé jubilarse de aquí a los próximos diez años. Según la Organización Internacional para el Transporte por Carretera (IRU), el 70% de las empresas europeas ya están aplicando medidas para captar trabajadores, ya que las vacantes podrían superar las 700.000 en Europa en 2028.
En Aragón: más infraestructuras terrestres y ferroviarias
En Aragón, a los retos colectivos del sector se añaden otras cuestiones de interés que mejorarían su competitividad, especialmente en lo que se refiere al transporte terrestre y ferroviario.
Por un lado, y tal y como se concretó en el último trimestre del año pasado en una reunión entre el Departamento de Fomento del Gobierno de Aragón y el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, están previstas, en este 2025, varias actuaciones que mejorarán el transporte terrestre. Entre ellas, reducir el plazo de conversión en autovía del tramo Lanave- Sabiñánigo de la A-23; concluir la obra del tramo El Burgo-Fuentes de Ebro de la A-68, que estará acabado antes de que finalice 2026; y sacar a información pública otros tres tramos de cara a completar los proyectos constructivos: Fuentes de Ebro-Quinto, El Regallo Alcañiz y Alcañiz-Ventas de Valdealgorfa. También se puso de relieve en dicha reunión las dificultades para sacar adelante varias autovías prometidas en la provincia de Teruel –la A-40 Teruel-Cuenca y la A-25 Monreal del Campo-Alcolea del Pinar–, debido a las autorizaciones ambientales necesarias para ponerlas en marcha. También la próxima licitación de la variante de Jaca y de la posible circunvalación sur que conectaría la A-23 y la A-22, que requiere de un estudio informativo que cuantifique la captación de tráfico que conllevaría el tramo para adoptar una decisión al respecto.
En lo que se refiere al transporte en tren, ya se ha retomado la conexión de alta velocidad entre Madrid y Huesca los fines de semana y hay un compromiso del Ministerio para facilitar la negociación entre el Gobierno de Aragón y la Generalitat de Cataluña para reestablecer una tercera frecuencia de la línea Zaragoza-Huesca-Monzón-Binéfar hasta Lérida, una conexión que se perdió en 2022.
Se comentó también un posible servicio de Cercanías entre Zaragoza y Huesca que lograría conectar puntos estratégicos como Plhus, Walqa, la Academia General Militar, la Ciudad del Transporte y los futuros desarrollos industriales y logísticos en Villanueva de Gállego y Zuera; y un impulso por parte de gobierno estatal y autonómico al Corredor Cantábrico-Mediterráneo, con la mejora de las capacidades previstas en el tramo Teruel-Sagunto y la Travesía Central Pirenaica.