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"Con la llegada de la era digital, el periódico nunca cierra"
De la máquina de escribir al portátil y del teléfono antiguo al móvil: así ha vivido el periodismo la nueva era tecnológica a los ojos de Víctor Orcástegui, redactor de la sección de Opinión de Heraldo
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Adaptarse o morir. Así ha sido la historia del periodismo, en especial desde la llegada de las nuevas tecnologías. Una carrera de fondo por mantener las buenas costumbres y metodologías mientras se incorporan todas estas novedades.
Víctor Orcástegui, redactor en la sección de Opinión de este medio, compartió en la Gala Heraldo cómo se han vivido estos cambios que reafirman al periodismo como una profesión en continua evolución.
¿Cuáles son los hitos tecnológicos que han marcado el periodismo?
Ha habido tantos… Llevo ya treinta y siete años en Heraldo y cuando llegué acababan de aparcar las máquinas de escribir. La pantalla de los ordenadores era pequeña, solamente podían verse las letras en verde sobre el fondo casi negro y al escribir tenías que poner unas claves para adaptar el formato y la estructura de la página. Luego, a mediados de los noventa, llegó el gran salto: internet.
¿Y cómo se vivió esa llegada de internet en la redacción?
En los primeros años yo estaba en el Departamento de Documentación y lo aprovechamos más los documentalistas que los periodistas. Para nuestro trabajo era un enorme campo a explorar, sin embargo, el periodista allí no iba a encontrar la noticia del día. Después llegó el móvil. En la época más intensa de trabajo de Gervasio Sánchez, reportero de guerra vinculado a Heraldo y al que admiramos con cariño, tenía que buscarse la vida para encontrar un teléfono, por ejemplo, en pleno sitio de Sarajevo, con el fin de enviar la crónica a la redacción de Zaragoza. Ahora nos llevamos el portátil o el móvil y lo escribimos desde ahí y, además, si un jefe de sección tiene a un redactor en cualquier lugar, puede estar en contacto permanente con él, como también lo estamos entre compañeros.
El periodismo es una profesión de "prisas". Antes por llegar al cierre; ahora, además, por publicar la noticia en digital al minuto. ¿Cómo ha cambiado el proceso de preparación del periódico?
Esa celeridad siempre ha existido, pero es cierto que desde la llegada de la era digital es mucho mayor y más inmediata, con el añadido de que ahora el periódico nunca cierra. Otro de esos cambios es que, aunque llevamos mucho tiempo conviviendo con papel y digital, desde hace aproximadamente un año el trabajo de la gran mayoría de redactores se crea en digital, con las actualizaciones y rapidez que requiere, y luego se traslada y adapta a papel. Lo cierto es que ha sido un proceso de adaptación que todavía continúa.
¿Hay alguna anécdota o reflexión con la que pensara "esto ha cambiado"?
Recuerdo un suceso en el que mataron en Zaragoza a una persona en relación a la concesión de unas licencias de juego de casino, a las que aspiraba una gran empresa norteamericana. Desde Documentación conseguimos meternos en la página web de la SEC, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, y recopilamos la información financiera básica de esa empresa. Esto sirvió a los redactores para contextualizar toda la información sobre el negocio que ondeaba alrededor de la parte criminal del caso. Entonces recuerdo que pensamos: "hemos conseguido todo esto sin salir de la oficina, resulta que internet sirve de algo".
¿Qué opina de este nuevo "periodismo ciudadano" que ha llegado con el auge de las redes sociales?
Todas las actividades se pueden ejercer como aficionado o de manera profesional. No todo es periodismo. Entiendo que para los redactores las redes sociales son una mina de información que permite ver y conocer, pero también me da la impresión de que son una herramienta que, aparte de ser el cauce especial para bulos y mensajes absurdos, consigue subir la tensión arterial. Lo que recomendaría es: apaga X (antiguo Twitter) y enciende Heraldo. Estarás mucho mejor informado y no tendrás que tomar tanto Orfidal.
¿Qué echa de menos del periodismo "de antes"?
No sé si esto ha cambiado o es que la edad me ha cambiado a mí. Cuando empecé aún no tenía ni 30 años y había siempre una especie de lo que hoy se llama "afterwork". Quizá por las altas horas del cierre, era muy normal irnos a tomar una de esas cañas que pueden convertirse en copa. Lo echo de menos porque eso no solo era un encuentro de ideas profesionales, sino también un entorno de ocio y desahogo. Además, a veces corremos el riesgo de que la tecnología nos absorba y no hay que olvidarse nunca de que el periodista no está para dominar aparatos, hay que aprender y adaptarse, pero nuestra labor es seguir buscando información interesante, fiel a la realidad y, si es posible, agradable de leer, ver y escuchar.
¿Cree que todos estos avances tecnológicos han hecho que se pierda el periodismo de calle?
Ese es otro de los peligros. El teléfono es tentador, pero es cierto que la gente aquí también está mentalizada de que, dentro de las posibilidades de la organización interna del periódico, hay que salir a la calle. Si hablas con los redactores que estuvieron en la riada de Biescas te contarán mil cosas porque estuvieron allí, pisando el barro. Lo mismo que está ocurriendo ahora en Valencia con nuestro compañero Ignacio Muñoz. Sin moverse de la redacción falta esa vibración que se transmite viviendo los hechos.
Si tuviera que escoger tres valores que deben mantenerse fieles al buen periodismo, independientemente del paso del tiempo, ¿cuáles serían?
Creo que hace falta curiosidad, un cierto coraje, porque hay que meterse en muchas salsas; y, por encima de todo, fidelidad a la verdad, a los hechos.