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Berlín se empeña en ir contracorriente y torpedea de nuevo la unión bancaria europea

Juncker impulsa un sistema de garantía de depósitos común antes de final de año, pero el Gobierno de Alemania exige enormes contrapartidas para ello.

Adolfo Lorente. Bruselas Actualizada 21/10/2015 a las 07:52
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El ministro alemán Wolfgang Schaeuble y el gobernador del Banco de Alemania, Jens Weidmann.j. w./EFE/EP

Todos los caminos comunitarios conducen a Berlín. Refugiados, Grecia, crisis... Como justificación, como solución, como chivo expiatorio o como salvador. Poco importa, siempre aparece Alemania. Ellos mandan, ellos ponen el dinero, ellos sostienen el presupuesto comunitario y ellos –bueno, en realidad, ella: Angela Merkel– marcan el ritmo en una Europa que sigue sin ver clara la salida a siete años de crisis.

Es una Europa monotemática en lo mediático que ahora intenta gestionar la llegada de cientos de miles de refugiados pero que a su vez, y aunque haya quedado ahora relegado a un segundo plano, está viviendo momentos decisivos en el aspecto económico. Por un lado, en el debate abierto para reforzar la integración de la eurozona y, de otro, en la negociación para levantar el tercer y último pilar de la unión bancaria: crear un sistema de garantía de depósitos único a escala comunitario. Y sí, a que no adivinan quién está poniendo trabas... En efecto, también Alemania.

Por partes. ¿Qué es la unión bancaria? Es ese proyecto imposible que finalmente logró ver la luz en abril de 2014 y que hace que los bancos dejen de ser españoles, italianos o alemanes para ser entidades europeas. Su relevancia es tal que es considerado uno de los mayores hitos europeos, al igual que la moneda única. Se creó primero el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) bajo el paraguas del BCE y después un Mecanismo Único de Resolución (MUR), que, aunque ya está trabajando, no asumirá sus funciones hasta 2016.

Los países, pese a sus diferencias, lograron la cuadratura del círculo empujados por la virulencia de la crisis. Pero queda mucho por hacer. Y es que el MUR sigue sin ser completado ya que los Estados no se han puesto de acuerdo sobre cómo financiar el colchón de seguridad (‘backstop’) necesario para afrontar la insolvencia de varias entidades. Porque en la práctica, el MUR es un ente capaz de ordenar la liquidación o reestructuración de un banco europeo en 24 horas, para lo cual hace falta dinero.

Las capitales acordaron crear un fondo dividido en compartimentos nacionales, que tendrá 55.000 millones aportados por los bancos –a España desembolsará 7.000–. El dinero, 6.875 millones cada año, se pondrá a lo largo de ocho ejercicios (hasta 2024), aunque con una intensidad diferente. Durante los dos primeros años se producirá una mutualización del 60% de los distintos minifondos nacionales y a partir del tercero habrá una cadencia del 6,67%. Es decir, que el fondo no será 100% europeo hasta 2024. Pero, ¿y si llegan los problemas antes?

Esa es la clave. La Comisión ya ha advertido que este fondo de resolución solo tiene la función de ‘gestor de problemas’ y no de aportar las soluciones definitivas, las cuales llegarán a través del ‘backstop’ que se está negociando. "La situación es complicada porque la opción de usar el fondo de rescate (MEDE) para afrontar inconvenientes es incompatible con la actual legislación, así que la idea que está ganando más peso es la de crear líneas de crédito nacionales", explican fuentes comunitarias. El plan es que esté operativo antes del próximo 1 de enero, cuando también entrará en vigor la normativa que hace que sea el sector privado y no los contribuyentes los que asuman casi de forma íntegra el rescate de un banco. Veremos qué dice Alemania.

Lo que ya están diciendo en Berlín es que aún no quieren ni oír hablar de levantar el tercer pilar de la unión bancaria. Así queda constancia en un documento filtrado horas antes de la reunión que los ministros de Finanzas de la UE de Luxemburgo. "Empezar ahora una discusión sobre más mutualización de riesgos bancarios con un seguro de depósitos común o un sistema europeo de reaseguro de depósitos resulta inaceptable", reza el texto suscrito por el equipo del ministro alemán, Wolfgang Schaeuble.


Condiciones

Una de las condiciones de los alemanes es que los inversores privados que compraron deuda de países que se declaren insolventes asuman su parte de las pérdidas antes de que los contribuyentes del resto de países del euro tengan que acudir al rescate. Para ello exigen, por ejemplo, impulsar la creación de un sistema de reestructuración de deuda pública de países sobreendeudados. Y en Europa ya hay unos cuantos.

El mensaje de Berlín se lanzó apenas 48 horas después de que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anunciara en su primer discurso del Debate de la Unión la voluntad de Bruselas de impulsar antes de finales de año este sistema único de garantía de depósitos.

Han sido muchas las alarmas disparadas en la capital comunitaria a raíz de la negociación griega y socios como Francia están empujando para que la integración de la eurozona deje de ir al ralentí, creando para ello desde un Parlamento a un presupuesto propios. Pero en Berlín, precisamente por estar con socios como el griego, no lo tienen nada claro. Y sin Alemania, poco o nada se puede hacer en esta Europa. Pero Schäuble ve "inaceptable" empezar a hablar, aunque las negociaciones acaban de comenzar.







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