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La tercera parte de la vida se pasa durmiendo

Los especialistas médicos quieren demostrar que las "tradicionales ocho horas" no son necesarias. En Bulgaria (país de centenarios) los campesinos sólo duermen cuatro horas.

Heraldo 07/03/2016 a las 06:00
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En 1966, HERALDO DE ARAGÓN nos hablaba de una curiosa manera para conseguir vivir más: dormir menos. La iniciativa de un doctor estadounidense invita al autor a recordar a insomnes ilustres y supuestos desvelados anónimos. No apto para dormilones.
¿Le gustaría tener más tiempo libre para dedicarlo a sus ocupaciones u ‘hobbies’ predilectos? ¿Por qué no prueba a encontrarlo en las horas que, normalmente, dedica al sueño? La mayor parte de las personas pasan, una tercera parte de sus vidas en la cama. A pesar de ello, es muy poco lo que sabemos acerca del sueño. Pero, según los especialistas, existe un creciente número de indicios de que las tradicionales "ocho horas de sueño" no son en absoluto necesarias.


El doctor Nathan Kline, uno de los más destacados psiquiatras de los Estados Unidos, ha efectuado estudios en este sentido y ha llegado a la conclusión de que el sueño puede ser eliminado por completo. Por el momento todavía no ha conseguido hacerlo él mismo, pero espera eliminarlo pronto de su vida. De todas formas, ha llegado a la fase en que tres horas de ligero sueño le bastan para descansar. Kline, director del Hospital Rockland, en el Estado de Nueva York, decidió recetar un determinado producto farmacéutico a los aquejados de depresión psíquica. Pero como era un tratamiento completamente nuevo, el doctor decidió probarlo personalmente. Casi inmediatamente notó que disminuía sensiblemente la necesidad de descansar.

Entonces preparó unas píldoras a partir de aquel producto y llegó a la conclusión de que le bastaba dormir de cuatro a siete de la mañana para descansar adecuadamente. "Al levantarme me sentía perfectamente bien", dice el doctor.

Pero al hablar de los indicios sobre una posible reducción del número de horas que dedicamos al sueño no nos referíamos ni mucho menos al procedimiento siempre dudoso y peligroso de conseguirlo tomando píldoras de ninguna clase. Se trata de una adaptación psíquica a una condición de vida que varía sin cesar.

Un especialista polaco, el doctor Joseph Karensky, dice: "El sueño es algo que ha evolucionado a través de los tiempos, una mera cuestión de adaptación. El hombre primitivo no podía hacer nada en las horas de oscuridad. Por ello acabó acostumbrándose a pasar la noche olvidándose por completo del mundo que le rodeaba".

Ensayos en el ártico

Hace ya mucho tiempo que se ataca la teoría de que es indispensable dormir ocho horas. Ya en 1951 se efectuó un estudio sobre las costumbres de la población del Ártico donde el sol nunca desaparece del horizonte en verano.
El doctor Nathaniel Kleitman, de la Universidad de Chicago, se instaló en la ciudad noruega de Tromsoe, que se encuentra más al norte del Círculo Polar Ártico. Pronto llegó a una conclusión. Como las horas adicionales de luz durante el verano les proporcionaban mayores ocasiones de trabajar o de divertirse, las gentes se acuestan más tarde.


Luego, con una serie de experiencias demostró que a los habitantes de Tromsoe dormir en verano dos o tres horas menos que invierno no les causaba ningún perjuicio apreciable.
El doctor Mangalore Pai, director de una clínica inglesa en la que se investigan los problemas del sueño, va todavía más lejos: "He estudiado más de cuatro mil casos –afirma-, y no me cabe la menor duda de que las personas más sanas, más felices, que triunfan en la vida e incluso que tienen una mayor inteligencia son aquellas a las que bastan cinco horas de sueño".

Como para demostrar estos puntos de vista, se conocen casos sorprendentes de personas que afirman no haber domido en muchos años, incluso en décadas. En 1962, por ejemplo, se conocieron dos casos. Uno de ellos llevaba un cuarto de siglo sin dormir. El otro más de cincuenta años. Éste -su nombre era Eustace Burnett y vivía en Melton Mowbray, condado de Leicestershire-, afirmaba que poco después de cumplir los treinta años dejó de dormir por completo. A los ochenta y dos gozaba todavía de buena salud.
"Incurable"

El otro caso, George Betts, de Dover, condado de Kent, que tenía entonces setenta y dos años, después de no dormir durante veinticinco años, pudo afirmar: "Nunca me he encontrado realmente enfermo, porque jamás me siento cansado ".
Más notable fue el caso de Valentín Medina Poves, que en 1961 salió de un hospital de Madrid con un certificado médico firmado por tres doctores, en el que se decía: "Examinado y considerado incurable. Se trata de un caso de insomnio total".
Medina tenía entonces sesenta y un años. Según él, no había dormido en toda su vida, excepto quizás en el primer año de la misma. Alguna anomalía de su organismo le permitía trabajar y "descansar " al mismo tiempo.
El hecho perfectamente demostrado de que, después de toda clase de cuidados y observaciones médicas, hubiera que acabar certificando que Medina sufría de "insomnio total" contradice la opinión normal de muchos médicos de que es imposible permanecer sin dormir durante más de doscientas horas.

Desde luego hay muchas personas que pretenden haber pasado períodos de tiempo superiores sin sueño. Los médicos no ponen en duda sus afirmaciones. Pero tienen pocas dudas de que los que tal cosa afirman en realidad han tenido períodos más o menos cortos de sueño. De un sueño tan ligero que les ha pasado desapercibido.
No vamos a entrar ahora en una controversia médica. Lo que parece cierto es que la inmensa mayoría de las personas no pueden pasar sin dormir más que un período de tiempo limitado. Que de todas formas existen casos anormales de insomnio más o menos total. Y que todos ganaríamos si nos acostumbráramos a no dormir tanto.

"Cabezaditas"

El famoso dramaturgo George Bernard Shaw sufrió de insomnio toda su vida. Incluso a los noventa y dos años y acostándose a medianoche o más tarde, su mente permanecía tan activa que raras veces conseguía una noche completa de sueño.
Pero Bernard Shaw, a diferencia de lo que íes ocurre a otras personas, nunca se preocupó excesivamente por su estado. Estaba convencido de que la falta de sueño no le producía ningún efecto nocivo. Por otra parte, como lo ocurría también a sir Winston Churchill, conocía perfectamente el valor de dar unas "cabezaditas" durante el día. Y las daba siempre que podía.

Sabido es que Churchill afirmaba poseer el don de dormir exactamente el tiempo que quería y que como si llevara un despertador en su cerebro, el sueño le abandonaba en el momento previsto. Esto puede ser o no cierto. Pero lo que todos los colaboradores del gran político certifican es que durante la guerra, si tenía por cualquier motivo un pequeño espacio de tiempo libre -digamos un cuarto de hora o veinte minutos- Churchill lo aprovechaba para "echar una cabezadita", que nunca tuvo dificultad en dormirse inmediatamente en estos casos y que, al despertar, por corto que hubiera sido el sueño, se encontraba muy descansado y dispuesto a enfrentarse con las más duras tareas hasta altas horas de la madrugada. A menos, naturalmente, que se presentara otra oportunidad para algunos minutos de sueño.

Otro ejemplo curioso es el de los campesinos húngaros. Estos en verano se acuestan a las siete de la tarde y en invierno a las cuatro. Cuatro horas después se levantan, hacen la principal comida del día, y no se vuelven a acostar hasta la tarde siguiente.
Puede ser mera coincidencia. Pero es un hecho conocido que en Bulgaria hay más centenarios que en cualquier otro país.
¿Quieren ustedes un consejo? Prueben mañana a poner el despertador dos horas antes de lo normal. Y cuando lo oigan sonar, levántese: Quizás estén en el umbral de una nueva vida.

Horvey Jones

Recopilado por Mapi Rodríguez y Elena de la Riva. Documentación de Heraldo de Aragón







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