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Lotería Navidad

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​Deja su trabajo porque cree que le va a tocar el Gordo

Un colaborador de HERALDO presenta su dimisión porque le va a tocar el Gordo.

Documentación 22/12/2015 a las 06:00
Noticia publicada el 22 de diciembre de 1914.

El 22 de diciembre de 1914, Alberto Casañal, poeta costumbrista, colaborador de HERALDO DE ARAGÓN, haciendo gala de la socarronería aragonesa que le caracterizaba, presentó ante los lectores su dimisión irrevocable porque estaba convencido de que le iba a tocar la Lotería de Navidad e iba a ser rico. La suerte no le sonrió y al día siguiente tuvo que rectificar, agachar la cabeza y, con su gracia habitual, pedir la vuelta a su puesto de trabajo. Así es como HERALDO contaba esta historia que hoy cumple 101 años.


Un compañero que nos deja

Sr. Dr. del HERALDO DE ARAGÓN


Muy distinguido amigo: Bien a pesar mío me veo obligado a tomar la determinación que expongo en los adjuntos versos y que le ruego publique en el número de mañana para que de ella tengan conocimiento los lectores del HERALDD, que tan cariñosos han sido para mí. Mi decisión es irrevocable, pero como comprenderá proceder de otro modo en estas circunstancias sería ridículo y bochornoso para mí. Por lo demás, usted y los demás redactores del HERALDO saben que pueden contar siempre con el afecto sincero y el agradecimiento profundísimo de su afectísimo s.s.q.b.s.m.

Alberto Casañal Shakery.


DESPEDIDA


Escrito para HERALDO


Queridísimos lectores:

Con dolor inenarrable, con lágrimas en los ojos, con sentimiento tan grande que no hallo en el diccionario palabras para expresarle, en el HERALDO presento la renuncia irrevocable del puesto que, injustamente, ocupo veinte años hace.

El romance que hoy público será mi último romance.

¿Por qué? Pues sencillamente porque dentro de un instante ya no seré un pelagatos, un humilladísimo vate que necesita estar horas y más horas calentándose la cabeza en la rebusca de ripios y consonantes para cubrir, sin fatigas, sus muchas necesidades.

Cuando leáis esta carta de despedida (¡agarrarse!) ya seré rico; tan rico, poderoso e importante como Lerroux, Romanones y otros ilustres cofrades que, gracias a su talento, han conseguido forrarse de billetes y ser amos de España y sus arrabales.

Sí señores, seré rico porque a las dos de la tarde ya me habrá tocado el gordo o algún premio de los grandes.

No es ilusión; no lo digo por el gusto de embromarles ni por buscar un pretexto para escribir un romance.

¡El gordo es mío! ¡Lo palpo! ¡Lo veo! ¡Es incuestionable! ¿Por qué? Pues porque hace días el lotero, al entregarme un décimo en el que llevo varios duretes me dijo: «¡Ahí tiene usted el gordo!» y como no es lo probable que al decir lo que procede se propusiera engañarme pues lo tengo por persona seria y de las más formales, no cabe duda ninguna de que la citada frase de: «¡Ahí tiene usted el gordo!» la dijo…porque lo sabe.

Su experiencia en el oficio es la que debió inspirarle; y ha sido tan generoso, tan espléndido y amable que en lugar de reservárselo para sí, tuvo un arranque desinteresado y digno de ser esculpido en mármoles y pensó (¡bendito sea!). «Yo, con los miles de reales que gano vendiendo décimos tengo más de los bastante. Que cobre ese pobre chico que es laborioso y es padre de familia y le convence cambiar de oficio cuanto antes pues si sigue haciendo versos acabará por secarse».

¡Y aquí me tienen ustedes tan alegre y tan campante esperando a que el HERALDO publique la lista grande para reventar de gozo y salir por esas calles a decir a todo el mundo: «¡A mí no me tose nadie! ¡Soy rico! Dentro de poco seré concejal y alcalde y jefe de algún partido y ministro si me place, pues con dinero no hay duda que se llega a todas partes».
Conque lo dicho, señores. Con pensar inenarrable el romance que hoy publico será mi último romance.

Alberto Casañal Shakery.

 

Un compañero que vuelve (Publicado el 23 de diciembre de 1914)

Sr. Dr. del HERALDO DE ARAGÓN

Muy distinguido amigo: Habiéndose salido la nuez cocona ruego a usted entregue al gerente del HERALDO la carta adjunta e interponga su valiosa influencia para que se me complazca en lo que pido.

La publicación del mencionado documento, implicará que son atendidos mis deseos.

De usted afectísimo s. s. q. b. s. m.

RECTIFICACIÓN
Muy señor mío y amigo:

Avergonzado, confieso que al despedirme de ustedes y renunciar a mi puesto en ese digno periódico obré un poco de ligero.

Una obcecación ridícula, que puso en tensión mis nervios, me hizo soñar, un instante, con pescar el primer premio.

La realidad, ha venido a echar por tierra mis sueños trayéndome un desengaño que lloraré mucho tiempo, pues creí cobrar el Gordo y no he cobrado ni un céntimo a pesar de que jugaba catorce reales y medio. No ha sido mía la culpa.

Fui tan cándido, tan necio, que tomé al pie de la letra las palabras del lotero a quien tenía, hasta ahora, por hombre formal y serio, incapaz de permitirse bromitas de tan mal género como decir: «¡ahí tiene usted el gordo!» cuando me entregaba el décimo.

Sin perjuicio de llevar las cosas a otro terreno y cantarle las cuarenta al mencionado sujeto, con lágrimas en los ojos humildemente le ruego que en el puesto que tenía se me coloque de nuevo, ya que los hados se empeñan en que siga haciendo versos.

La desilusión sufrida me pone en un grave aprieto, pues ya tenía encargados, con urgencia, al extranjero, dos automóviles (marca R. I. P. por supuesto) y al primo de mi criada que es chófer de nacimiento la había dado ese cargo con mil pesetas de sueldo y un par de botas en uso bastante bueno.

Hace dos días, a unos caballeros que vinieron a mi casa a verme, con el objeto de darme un acta en las próximas elecciones del Concejo, les entregué dos pesetas y un real, que llevaba sueltos, para la compra de votos y la confección de impresos y son tan intransigentes que no quieren devolvérmelos.

Por todas estas razones, señor gerente, le ruego que, olvidando lo pasado, acceda usted a mis deseos ya que, como ve, tan pobre como era antes sigo siendo, pues no me quedan más autos que uno de procesamiento que haré dictar, Dios mediante, contra el guasón del lotero para que, en lo sucesivo no le tome a nadie el pelo.

Por lo demás, aseguro que no me ha importado un bledo el chasco, y que no querría encontrarme en el pellejo de Juan Duplá, pues la gente al tener conocimiento de que ha tenido la pata de pescar el quinto premio en vez de exclamar «¡qué listo es ese chico!»), lo ha puesto de chambón y de salvaje que no hay por dónde cogerlo.

Yo, que no soy envidioso, como le admiro y le quiero, a él y a cuántos llevan parte alícuota, en esos décimos, les mando la enhorabuena y un abrazo al mismo tiempo.

Alberto Casañal Shakery

(Recopilado por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de HERALDO DE ARAGÓN)







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