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INVESTIGADORES

Las bajas fingidas copan el trabajo de los detectives privados

Actualizada 15/01/2011 a las 21:17
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Javier Bellot, en su oficina de Factum con su perra Spy (espía).CARLOS MONCíN

La imagen del detective privado continúa asentada en el imaginario colectivo como un tipo oscuro, inquietante y misterioso, que persigue amantes infieles y tramas negras ligadas al espionaje. Nada más lejos de la realidad. Desde hace bastantes años, y sobre todo ahora en época de crisis, el trabajo más demandado pertenece al ámbito laboral (bajas fingidas, duplicidad de empleo, control de ejecutivos) y al económico-empresarial (fraude, piratería, falsificaciones, alzamiento de bienes). Tan solo un 20% de los encargos se refieren al entorno familiar, en el que han descendido las infidelidades y han aumentado los encargos de vigilancias a cónyuges para reclamar custodias de hijos o para controlar a estos en sus ratos de ocio.

La crisis se ha notado también en las agencias de detectives de Zaragoza. Ha disminuido tanto el número de clientes como las tareas que se encomiendan. Lo único que han aumentado son los intrusos. Por eso, recomiendan que se pida la identificación a los profesionales cuando se encargue un trabajo. Las tareas que más reclaman son las bajas fingidas o exageradas. Es decir, las de gente que no les pasa nada o que alargan sin motivo su recuperación.

"Durante la época de bonanza económica, los empleados caraduras cogían la baja para quedarse en su casa y disfrutar de la nómina que cobraban sin trabajar. Ahora lo hacen para poder pluriemplearse y ganar más dinero, pero en negro", explica Javier Bellot, de la agencia Factum.

En el 80% de las investigaciones de este tipo descubren que, efectivamente, el trabajador ha fingido su enfermedad, como recuerda E. Gracia, responsable de IGS Detectives. "Normalmente, cuando nos encargan la vigilancia de un empleado, el empresario ya sospecha algo, pero no lo puede demostrar. Nosotros aportamos pruebas que pueden ser utilizadas ante un juez y el resultado es un despido objetivo sin derecho a indemnización", cuenta E. Gracia.

En su profesión han encontrado casos para todos los gustos. Desde el hombre que se cogía la baja en su empresa siempre que llegaba la época de recolección de fruta en su pueblo, hasta el que con una supuesta incapacidad jugaba al tenis con soltura.

Pero la actual situación económica también se nota en el número de encargos incluso para investigar estos fraudes laborales. "Los cientos de Expedientes de Regulación de Empleo que ha habido en los dos últimos años han servido para que muchos empresarios se quitaran a trabajadores absentistas", señala IGS Detectives.

Ambos coinciden en que su labor en este ámbito es muy importante, puesto que los inspectores de Trabajo no se dedican realmente a investigar. "Las comprobaciones son superficiales y actúan con poco criterio. Si aciertan, bien y, si no, también", dice E. Gracia sin ánimo de crítica porque sabe que el cuerpo de inspectores es reducido para tantas bajas que habría que indagar.

"Hay determinadas dolencias, como la depresión o lumbalgias, en las que es muy difícil saber si el paciente finge o no. Y eso solo se puede hacer con un seguimiento", comenta Javier Bellot. Por eso, cree que a la Seguridad Social le compensaría tener un número de investigadores privados adscritos, igual que hay psicólogos, grafólogos u otro tipo de profesionales agregados en otros ámbitos, como los judiciales.

Otro resultado de la crisis es el incremento de los casos de alzamientos de bienes o de empresarios que han dejado deudas a proveedores y se ponen a trabajar en industrias similares creadas por ellos mismos pero sin que su nombre figure por ningún lado.

El testaferro listo

E. Gracia recuerda un asunto en el que logró descubrir un fraude fiscal -que comunicó a la Policía pues no pueden investigar delitos públicos- perpetrado por una gran empresa, que utilizó a un testaferro "que se cubrió muy bien las espaldas". El individuo en cuestión, a la hora de facilitar sus datos para figurar en la firma los dio con tres erratas: una en el nombre, otra en el DNI y otra en la dirección de su domicilio. El juzgado no tenía forma de localizarlo hasta que el detective descubrió la treta.

En el ámbito familiar, las peticiones vienen por parte de padres o madres custodios o no custodios que dudan de que la otra parte esté cuidando correctamente a los hijos. "Bien porque los dejan con los abuelos, se los llevan de bares o porque tienen adicciones y no los atienden", relata Bellot. También hay situaciones extremas, como un padre que pidió ser vigilado para evitar ser denunciado falsamente por su ex mujer.





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