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VIENTO

El fuerte cierzo hace descender la sensación térmica hasta diez grados en algunos barrios

Las zonas más expuestas son la Almozara, el Actur y también Torrero al estar a más altura. En la ciudad sopla el viento con intensidad unos 280 días al año.

C. PERIBÁÑEZ. ZARAGOZA Actualizada 19/10/2010 a las 08:16
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El último e incómodo invitado de las fiestas del Pilar, se ha dedicado a derribar ramas y tejas, cerrar parques y bambolear farolas. Frío, intenso y seco, el cierzo ha obligado también a rebuscar la ropa de invierno, sobre todo, en las zonas más expuestas al viento, donde se crea una sensación térmica de hasta diez grados inferior respecto a otras áreas de la ciudad.

Ayer corrió el viento a unos 80 kilómetros por hora, registro a partir del cual Protección Civil acostumbra a activar su alerta. La semana que hoy comienza se reeditarán las temperaturas de estos días que, si bien oscilan entre los 15 y los 7 grados, hay que restarles muchos enteros porque la sensación de frío con cierzo es mayor.

Pero, ¿qué ocasiona estas ventoleras? ¿Por qué en Zaragoza acostumbra a soplar el viento unos 280 días al año? Y, sobre todo, ¿puede trazarse un 'mapa' del cierzo de la ciudad? Todos los zaragozanos tienen marcados sus puntos negros personales: una criminal esquina de la plaza de Paraíso, algunos tramos de Sagasta o las bocacalles de la plaza de San Miguel.

Los meteorólogos explican que el cierzo es un viento de componente noroeste que sopla a lo largo del valle del Ebro. El flujo de aire se canaliza entre el Pirineo y la cordillera Ibérica y, al llegar a Zaragoza, se produce un 'efecto embudo' por el que las masas de aire cogen velocidad. Como proviene del noroeste, todas las calles con esta misma orientación facilitan que corra con más intensidad: la avenida de Navarra, Cesáreo Alierta, Tenor Fleta... Sin embargo, las perpendiculares tampoco se libran de su efecto porque en todas sus intersecciones se producen golpes de viento. Es lo que ocurre, por ejemplo, en las pequeñas bocacalles del Camino de las Torres o en muchos puntos de la avenida de los Pirineos.

Zonas de riesgo

Por otro lado, la apuesta de Zaragoza por los grandes espacios abiertos (las últimas remodelaciones de la plaza del Pilar o de la de la Romareda) también contribuyen a que el cierzo coja fuerza al no toparse con obstáculos. Así, el campus de la plaza de San Francisco o casi todos los parques 'fortalecen' al cierzo como puede comprobarse en el Cabezo o como recuerda la trágica Cincomarzada de 2006, la última celebrada en el parque del Tío Jorge.

Bomberos tiene localizados puntos de riesgo en los que, principalmente debido al temor de desprendimiento, delimita zonas en las que acostumbra a haber incidencias. La mayoría se concentran en San Pablo y La Magdalena, aunque también en la avenida de Cataluña o en la calle de Sobrarbe hay espacios 'conflictivos'.

Otro caso especial es el del barrio de Torrero que, al estar a mayor altura que el resto de la ciudad, acumula récord de intensidad. La desprotección a la que están sometidas otras áreas como el barrio del AVE, Valdespartera o el Actur también los convierte en presa fácil para las iras de Eolo, que -sin embargo- encuentra más dificultades para desbaratar el día a día del Casco Histórico (las imbricadas calles son más inaccesibles), del barrio de Las Fuentes (acurrucado tras el Centro) o de zonas como la avenida de Madrid, donde la masificación urbana de tráfico y comercio, enmascara el frío.

El Ayuntamiento dispone de mapas térmicos de la ciudad (aunque no estudios detallados sobre cierzo), donde se aprecia cómo conforme se avanza por Gómez Laguna la temperatura desciende y en Montecanal la diferencia térmica se hace evidente. Miralbueno, Valdefierro y Oliver también acostumbran a sufrir el zarpazo del viento, que también ofrece alguna ventaja: su soplido contrarresta las concentraciones de polución y vuelve de oro a los propietarios de centrales electroeólicas.

El cierzo, además, está presente en muchas de nuestras rutinas cotidianas y va puliendo como un cincel la personalidad de los zaragozanos. Hay quienes achacan la genialidad, rayana en la locura, de maestros como Goya o Buñuel al cierzo y existe, incluso, una explicación científica para ello. El hombre es muy sensible a los cambios de humedad y la sequedad del cierzo -que desertiza parte de nuestro territorio- es la causante de migrañas, insomnios y tendencias depresivas o suicidas. A menudo se le ha llamado 'el viento de la locura'...





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