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De Morillo de Sampietro a Artosilla: un viaje inspirador al Pirineo protagonizado por mujeres

La primera edición de 'Huellas', proyecto premiado por Turismo Aragón como Mejor Experiencia Turística en 2023, arrancó el pasado fin de semana con 8 participantes, y volverá el mes de octubre. 

Eva García, guía especializada en la historia de las mujeres del Pirineo aragonés, con un grupo en Aínsa.
Eva García, guía especializada en la historia de las mujeres del Pirineo aragonés, con un grupo en Aínsa.
Verónica Lacasa

Mujeres del pasado y del presente protagonizan un viaje de tres días al Pirineo aragonés que, en palabras de sus primeros participantes, pone en valor el medio rural a través de las diferentes formas de vida de cinco emprendedoras locales. "En cuanto lo vi anunciar por Instagram me llamó la atención por el enfoque de mujeres que recuperan oficios en pequeños pueblos casi despoblados. Me gustan los pequeños viajes que descubren grandes vidas, y de hecho estoy encantada con la experiencia", confiesa Paca Tomás, una periodista jubilada que ha visto en 'Huellas: al encuentro de mujeres del Pirineo aragonés' la manera de conectar con el paisaje y descubrir lugares "inauditos" por medio de historias que no son las convencionales.

"Yo creo que volveré, y no solo por esa sucesión de montañas y ríos. Es inimaginable todo lo que hemos visto. Esa pastora con esa pasión por recuperar lo común, por lo que hace", cuenta tras visitar la pequeña quesería que han montado en Morillo de Sampietro Sara Rosado y su pareja, Agustín Sesé, en una de las primeras paradas de este viaje. Junto a Eva García, una apasionada guía de montaña especializada en la historia de las mujeres del Pirineo aragonés, se descubren varios rincones del Alto Aragón y los proyectos actuales de cuatro emprendedoras locales que dan vida a los pueblos. 

Visita a Siricueta, el proyecto de vida de dos pastores afincados en Morillo de Sampietro.
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Siricueta: el proyecto autosuficiente de cuatro pastores del Pirineo

A 970 metros de altitud, sobre un altozano que cae vertiginoso hacia el río Yesa, se encuentra la aldea de Morillo de Sampietro, perteneciente al municipio de Boltaña. En ella nos reciben Sara Agustín y su pareja, Agustín Sesé, dos de los cuatro únicos vecinos de esta aldea pirenaica en la que han hecho realidad su sueño de tener su propio ganado y abrir una pequeña quesería. "Nuestra pasión siempre ha sido recuperar y generar paisaje, y todo ese trabajo que inviertes, la naturaleza después te lo devuelve con creces. Cada año producimos más comida", presume orgullosa Sara al abrirnos las puertas de su hogar. 
​Alejada de todo tipo de servicios, bromea con que lo verdaderamente estresante para ella es tener que bajar en verano a comprar en un supermercado lleno de gente en Aínsa. "Lo bonito de vivir así es que estás aprendiendo constantemente cosas nuevas. Vivir en contacto con la naturaleza es de lo más sano que puede existir. Yo tengo estrés, porque hay muchas cosas que hacer aquí, pero me acuesto cansada y bien", dice feliz.
​Cuenta que los últimos habitantes ya ancianos que se fueron de esta aldea pirenaica lo hicieron en el año 2000. Sara confiesa que habría pagado porque "nos enseñaran todo eso que hemos aprendido a golpe de error. Toda la toponimia que hemos tenido que inventarnos yendo con el ganado de aquí para allá", cuenta con una sonrisa.

Adina Ionita enseña la antigua cocina, con su cadiera, del Hotel L'Abadía de Sieste.
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L'Abadía de Sieste: disfrutar del silencio y la tranquilidad rodeados de naturaleza

Adina Ionita, de 32 años, gestiona con su pareja -ambos de Zaragoza- el Hotel L'Abadía de Sieste, al que llegaron hace 4 años en busca de un cambio de vida. "Nos vinimos el primer verano de la pandemia. Él se dedicaba a la hostelería y a mí me ha enganchado. El edificio es de un vecino del pueblo que buscaba venderlo, pero llegamos a un acuerdo de pagar un alquiler y trabajar", explica.
Con ellos, el pueblo de Sieste tiene hoy 17 vecinos censados que se han convertido para esta pareja en "amigos". Adina reconoce que "vivir en un pueblo tan pequeñito era un reto", pero cuatro años después siente que no cambiaría por nada la calidad de vida que esconde este lugar. "Mi pareja ha vivido en ciudades muy grandes, con mucho jaleo. Aquí estamos 24 horas, pero la vida se vive de otra manera, con otra calma. Yo dejé el trabajo en el que estaba y decidí venirme aquí. La vida cotidiana en pandemia era incierta y nos bailaban las reservas. Pero ahora nos hemos estabilizado un poquito y lo vemos con otros ojos. Con la idea de poder hacer más cosas", dice ilusionada, deseando acoger a ese perfil de viajeros -ya sean parejas, grupos o familias con niños- amantes de la naturaleza y el medio rural que buscan un lugar en el que desconectar. 

Cata de mieles con Azpe García en Artosilla.
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'A redolada': cuidar y dar a conocer las abejas como forma de vida en Artosilla

Otra de las paradas de este viaje nos lleva hasta Artosilla, un núcleo repoblado del valle de la Guarguera, en Huesca, en el que Azpe García ha encontrado la forma de seguir viviendo gracias a la apicultura y la educación ambiental. "Llevo aquí desde que tenía tres años. Artosilla, como muchos otros pueblos, quedó abandonado. Mis padres vinieron con un proyecto para recuperar pobladores. Había ganas de cambio y venía gente de ciudades que buscaba otra manera de vivir, más en contacto con la naturaleza. En 1986 crearon la Asociación Artiborain para volver a dar vida a tres aldeas: Artosilla, Ibort y Aineto, pertenecientes al municipio de Sabiñánigo. Tenían el sueño de recuperar viejos oficios, y así lo hicieron", cuenta. 
A día de hoy, en los tres núcleos poblacionales que forman el valle de La Guarguera viven 150 personas. Ella y su pareja, ambos biólogos y apicultores, siguen con el compromiso de intentar reconstruir el pueblo y respetar el aspecto que tenía en origen. "Aquí lo difícil es poder trabajar en el pueblo sin tener que moverte. Yo no conseguí trabajar de bióloga nunca y mira que lo busqué, pero como muchas otras supongo que nos vimos en la situación de decir: si quiero trabajar de lo mío, me voy fuera o si quiero trabajar aquí, ya me puedo inventar algo", cuenta entre risas. Así nació 'A Redolada', una pequeña empresa productora de mieles que se dedica también a dar talleres y charlas de educación ambiental en un antiguo pajar convertido en museo y templo de las abejas. 
"Este valle, a pesar de que para mucha gente no es interesante, a mí el hecho de que fuera tan salvaje, de que no haya cultivos de regadío ni contaminación, de cara a poner abejas era lo mejor que podía encontrar, y tener a mi familia aquí ayuda. En el 2014 ya decidí con mi pareja el quedarme aquí. Él estaba en ese momento haciendo el doctorado. Yo puse tres colmenas a ver si eso me gustaba y me lancé a arreglar este edificio, para el cual teníamos un acuerdo de reconstrucción. Han sido años de mucho curro y un montón de aventuras que se resumen en este proyecto para seguir viviendo en el valle", cuenta con una sonrisa.

Maite Gracia, de La Tarara, explica uno de los platos del menú degustación de su restaurante vegetariano, en Guaso.
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'La Tarara': pasión y creatividad en la cocina vegetariana de Maite Gracia

La misma pasión por su trabajo muestra Maite Gracia, una zaragozana, "hija de cocinera", que ha abierto en Guaso, un pueblo de 100 habitantes del Sobrarbe, el primer restaurante vegetariano de la comarca. 
"Soy hija de cocinera tradicional, y he pasado muchos años fuera de España, donde tuve la suerte de aprender de otras cocinas", cuenta al hablar de 'La Tarara', un restaurante vegetariano con influencias londinenses que cumplió el pasado 2 de abril dos años abierto en este rincón del Pirineo oscense. 
Instalarse allí -confiesa- fue casi fruto del destino, ya que en sus rutas senderistas había pasado en incontables ocasiones por la zona. "No buscaba el lugar, el local me encontró a mí, y está siendo una aventura maravillosa. Yo hacía rutas antiguas por el Biello Sobrarbe, y todos los caminos me traían a Guaso", dice entre risas.
Ahora en La Tarara trabajan 7 personas en verano, y tres son fijos todo el año. ​Su carta es un festín de colores y sabores en el plato, y se basa en el compromiso de su cocinera por ofrecer una propuesta creativa basada en el producto de cercanía. "Nuestro menú va ceñido a lo que las huertas con las que trabajamos nos pueden proveer, al no comprar ingredientes de manera masiva, y es una forma tremendamente creativa de trabajar", afirma Maite. Entre sus especialidades y tapas más demandadas están los filetes de mijo y las croquetas veganas y sin gluten, entre las que destaca la de zanahoria de la huerta de Arro con ajos tiernos y Ras el Hanut -una mezcla de especias típicas de Oriente Medio-. Al hacer balance de estos dos años de andadura, Maite se emociona por la abrumadora respuesta que está teniendo su restaurante en la zona. "No esperaba una acogida tan maravillosa. Me cuesta aterrizar la vida y la marcha que lleva nuestro proyecto, pero cuando a lo que te dedicas deja de ser trabajo y se convierte en pasión, es menos doloroso el acúmulo de horas", señala esta cocinera, que agradece la confianza y el "apoyo moral" recibidos en este tiempo. 

'Huellas', mejor iniciativa turística de Aragón en 2023, busca ahora interesados para su próxima edición, que se celebrará los días 4, 5 y 6 de octubre en el Pirineo aragonés con un programa muy similar. Por su parte, varios participantes de esta edición animan a disfrutar de un viaje "sorprendente" que pone en valor al mundo rural a través de emprendedoras locales. "Creo que este tipo de iniciativas se deberían promocionar más, y no solo enfocadas a un público femenino. Es también un viaje inspirador para cualquier hombre", afirma Carlos Arbiol, de Tarragona.

Para Solange Reis, una brasileña afincada en Zaragoza que se apuntó a este viaje con su amiga Ana Isabel Urueña, ha sido una experiencia "sorprendente" que le ha ayudado a derribar prejuicios a la hora de contratar estos paquetes turísticos. "Llevo muchos años viajando con mi marido y mi hijo, y nunca habíamos contratado una agencia de viajes, y eso que hemos ido a más de 40 países... Esta es la primera vez que decidimos ir en grupo, con todo programado, y ha sido impresionante: las comidas, la casa rural, los paseos, la compañía, las guías... En el taller de apicultura de hoy me hubiera quedado toda la tarde", dice con una sonrisa. "Creo que es de alabar la originidad del enfoque, basado en mujeres emprendedoras que dan a conocer el Pirineo. Y me ha gustado mucho también la naturalidad que envuelve el proyecto", apunta, por su parte, Urueña, de Zaragoza. 

Aida Castany, una treintañera de Barcelona, se queda con la "calma" que le ha aportado este viaje, el cual recomendaría a quienes busquen desconectar de la ciudad y la rutina. "Ahora la gente joven nos cansamos muy rápido o no sabemos lo que queremos. Yo venía aquí sobre todo para buscar tranquilidad, porque vengo de una ciudad en la que vamos revolucionados, y necesitaba parar. A mí me ha quitado de la cabeza todos esos problemas que nos creamos nosotros mismos cuando vamos así de acelerados, y siento que me ha dado por pensar en lo que quiero y lo que me gusta. Me ha inspirado mucho conocer a estas mujeres que están trabajando tanto y tienen otro tipo de vida totalmente distinta a la mía. Creo que es una experiencia que ayuda a evolucionar", afirma. 

Por su parte, Gisela Solé, impulsora de esta iniciativa puesta en marcha por la agencia aragonesa Mundo Ara Travel, adelanta que ya han puesto fecha para el siguiente viaje. Será los días 4, 5 y 6 de octubre, y volverá a poner en valor el Pirineo, desde una perspectiva femenina, contando con nuevas productoras locales. "Ha sido maravilloso ver a los participantes disfrutar de la experiencia y a las empresarias compartir sus historias y sus formas de vida. Hemos visto que estos encuentros son enriquecedores para ambas partes, y ese es el tipo de turismo que queremos hacer", concluye.

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