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La sabina milenaria de Blancas y otros árboles monumentales en Teruel

Por su reciente candidatura a árbol europeo del año, el ejemplar del Jiloca se ha hecho famoso pero en la provincia hay más ejemplos dignos de conocer.

Sabina de Blancas
Sabina de Blancas
Laura Uranga

Por su reciente candidatura a Árbol Europeo del Año (concurso en el que se ha quedado a las puertas), la sabina milenaria de Blancas ha ganado en popularidad en los últimos meses. Este ejemplar de la comarca del Jiloca mide ocho metros, con un perímetro de 3,6 y se calcula que tiene entre 1.000 y 1.500 años de vida.

Además de sus dimensiones y longevidad, la sabina de Blancas es singular por ser símbolo del pueblo y de sus habitantes y por estar ligada a sus tradiciones. En 2015 entró en el catálogo de árboles singulares de Aragón, y desde finales del año pasado su nombre ha pasado a un primer plano por su aspiración a ganar el concurso europeo. Pese a los votos de más de 21.000 personas y el apoyo de famosos como Carmen París, que tocó el piano y cantó a sus pies, la sabina de Blancas quedó finalmente segunda en la fase nacional.

Su trayectoria en el concurso terminó ahí pero gracias a ello, este singular ejemplar se ha dado a conocer más allá de las fronteras aragonesas. Para cobijarse bajo su amplia sombra y poder tocar su robusto tronco, hay que dirigirse al paraje de la Paramera, un terreno de unas 3.000 hectáreas de zona ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) en las inmediaciones de Blancas, en el valle del Jiloca.

Por todos estos motivos, la sabina de Blancas es uno de los árboles singulares de la provincia de Teruel, pero no el único. En la misma comarca del Jiloca está otro de los ejemplares incluidos en el catálogo. Se trata de la carrasca de los Tocones, en la localidad de Peracense. Tiene más de 1.200 años de antigüedad y mide unos 11 metros de altura y seis de perímetro. En origen tenía cuatro ramales pero uno se partió con un rayo y un fuerte vendaval acabó con otro de ellos hace unos años. Los vecinos todavía conservan este último como si se tratara de una reliquia. La carrasca se encuentra en las proximidades del pueblo, en el camino de Alba, y está señalizada.

En Aguilar del Alfambra (comarca Comunidad de Teruel) se encuentra el chopo cabecero del Remolinar. Es el nombre del paraje donde se encuentra este ejemplar de 24 metros de altura, 20 de diámetro en la copa y un perímetro en el tronco de casi seis. Tiene varios cientos de años de antigüedad y es símbolo de la chopera de Aguilar y de todo el alto Alfambra. En esta zona, este ejemplar comparte protagonismo con otro de la misma especie que fue incluido en el catálogo aragonés de 2015. Se trata del chopo cabecero de Perales del Alfambra, situado en el paraje de Los Pozos, también catalogada como zona Zepa. Este álamo negro tiene 20 metros de altura y data de hace 200 años.

Carrasca de los Tocones (Peracense).
Carrasca de los Tocones (Peracense).
Comarca Jiloca

El pino del Escobón es otro de los árboles singulares de Aragón. Está en Linares de Mora (comarca de Gúdar-Javalambre) y sus 30 metros le convierten en el pino laricio más alto inventariado en la Comunidad. El perímetro del tronco es de cinco metros y se calcula que tiene 400 años de antigüedad. Para llegar hasta él hay que salir del pueblo en dirección a Valdelinares y llegar hasta un área recreativa junto al cauce del río Linares. El espacio está acondicionado con una fuente, mesas y barbacoa.

En la comarca del Matarraña se encuentra el tejo del barranco de El Cuervo, en los Puertos de Beceite. Su altura total es de unos diez metros y el diámetro de su copa alcanza los 16. Como peculiaridad, su enorme tronco está adosado a la roca. Llegar hasta este árbol singular es un tanto complicado ya que se sitúa en un angosto barranco, de pronunciada pendiente. En cualquier caso, en los alrededores llama la atención que se pueden encontrar más tejos, una especie que no abunda en esta zona.

Otros árboles destacados fuera del catálogo

Aunque estos son los árboles singulares de Teruel incluidos en el catálogo del Gobierno de Aragón, en la provincia hay otros ejemplares insólitos que bien merece la pena ser vistos de cerca. Es el caso de los pinos silvestres de grandes dimensiones del Puerto de Cuarto Pelado, en el Maestrazgo. Aunque por sus dimensiones destacan tres, todo el conjunto, compuesto por 25 pinos, es monumental. Sus alturas son variables (de 12 a 15 metros) y se encuentran entre Cantavieja y Cañada de Benatanduz.

En Alloza (comarca de Andorra-Sierra de Arcos) hay un ciprés mediterráneo con un perímetro de tronco de 3,38 metros y una edad estimada de 500 años. Se encuentra en el Calvario, donde convive con otros 200 de su especie. Próximo a la capital turolense, en el monte de Villalba Baja, se levanta un quejigo de 16 metros de altura y cuatro de diámetro.

Chopo cabecero de Aguilar del Alfambra
Chopo cabecero de Aguilar del Alfambra
Chusé Lois Paricio

La sierra de Gúdar es prolífica en árboles monumentales y, además del ya citado pino de Linares de Mora, se pueden encontrar otros ejemplares singulares. Muy cerca de allí, en Mosqueruela, está el pino Letrado. Tiene 11 metros de altura y es de muy fácil acceso ya que se sitúa a pie de carretera, en el kilómetro 52 de la A-1701.

En Fuentes de Rubielos está la carrasca de los Toranes, junto al sendero PR que une esta localidad con Rubielos de Mora. Sobresale por su altura de 12 metros y su edad estimada es de 160 años. No tanto por sus dimensiones como por su aspecto, destaca la conocida como sabina del desmayo, en el término de Manzanera. Está pegada a la carretera A-1514 hacia Torrijas, en medio de un campo de cereal, y llama la atención porque sus ramas cuelgan hacia abajo, de ahí su nombre.

Estos son algunos de los árboles monumentales de la provincia de Teruel que, además de destacar por sus características y dimensiones, forman parte de la identidad de sus pueblos y son motivo de orgullo para sus gentes. Cada vez más ejemplares de este tipo se van incorporando al catálogo oficial como forma de preservarlos y garantizar su buen estado de conservación y perdurabilidad con el paso de los años. Dada su accesibilidad, el respeto por estos árboles y, en general, por el entorno que los rodea es fundamental para que sigan haciendo historia por los siglos de los siglos.

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