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San Miguel de Foces prefiere el deleite a las visitas veloces

Situado en el municipio de Ibieca, este singular templo encierra una colección de pinturas del siglo XIV que merece el aplauso de todos los visitantes, y la profusión de marcas de cantero en sus muros es increíble

San Miguel de Foces es una joya que reluce mucho en su entorno inmediato (Ibieca, el municipio al que pertenece, y toda la Hoya de Huesca, con la capital provincial a 22 kilómetros) pero que tiene menos eco en el resto de Aragón, aunque historiadores y expertos en patrimonio sí dan a esta espléndida ermita el valor que merecen sus hechuras y calado. Ana Broto, natural de Ibieca, se encarga de las visitas guiadas durante el año entero junto a Mónica Aragón, y en sus explicaciones resulta sencillo hallar el encanto y singularidad del templo.

“San Miguel -cuenta Ana- está donde está porque en el siglo XI se cedieron en propiedad ciertas tierras a una familia noble, que decidió añadir a su linaje el nombre de Foces por estar las citadas tierras junto al pueblo de Foces, hoy desaparecido. En 1249, el noble más reconocido de esta familia, Eximén, mandó construir la ermita”.

En un principio,Eximén tenía la intención de usar esa edificación –más grande de lo que suele ser habitual en el universo de las ermitas– como panteón familiar. “Era muy cercano a Jaime I de Aragón –apunta Ana– y cuando el monarca conquistó Mallorca y Valencia nombró a Eximén procurador general del Reino de Valencia, lo que motivó su reubicación en aquellas tierras;allí aumentó su patrimonio, y donó en encomienda la iglesia que construía en Foces a la a la orden hospitalaria de los monjes de San Juan de Jerusalén. La iglesia acabó de construirse en 1259 y se le adjuntó monasterio, con su claustro y dependencias monacales; además, al estar los sanjuanistas, también tuvo hospedería”.

Por Foces pasaba una rama secundaria del camino de Santiago y la calzada romana Ilerda-Osca, muy transitada. “Con ella se unían Alquézar, el castillo de Montearagón… era la autopista de entonces. Los monjes, aunque acogían sobre todo a los peregrinos del Camino, admitían a todo el mundo en su hospital de Foces, y siguieron ahí hasta que la peste negra golpeó la zona a mitad del siglo XIV; Foces desapareció y no se repobló, y tampoco se supo más de los monjes, contagiados en su tarea de acogida”.

De mano en mano

Con los Foces reubicados en Valencia, el templo y el monasterio quedaron en abandono. “Ya en el siglo XV pasó al señor de Urrea; en el XVI la iglesia, que era lo único que quedaba, se registró en Ibieca. Las piedras del monasterio se usaron mucho tiempo a modo de cantera para levantar casas en otros pueblos, pero al ser las de la iglesia piedras sagradas, eran intocables. Por eso se llega al siglo XX con un estado de conservación muy bueno; en 1916 se consigue la declaración de monumento nacional para San Miguel, gracias a la restauración exhaustiva de 1913 y las pinturas murales de gótico lineal en su interior, igualmente muy bien conservadas”, aclara Ana.

La iglesia exhibe una clara transición del románico al gótico. “Sí, ya hay arcos apuntados y ventanales de mayor tamaño, con lo que se cuenta con más luz. Había alusiones al mal, dentro y fuera del templo, para que la gente supiese que era un lugar sagrado. Estas alusiones se mezclan con decoración vegetal, desde vid a higuera y cardo, plantas típicas de la zona. La ermita tiene planta de cruz latina y tres ábsides poligonales; el central es más grande de tamaño y el doble de alto”.

Las pinturas de la parte sur, datadas en 1302, narran la vida de San Juan Bautista; en el norte, las imágenes son de la infancia de Jesús. “Hay dos arcosolios; el primero de Hato de Foces, hijo de Eximén, y el segundo de doña Sancha Vallés de Antillón, su esposa, ambos con sus escudos. Los sepulcros del lado norte ofrecen más dudas; probablemente pertenecen a monjes de la comunidad que moró el monasterio”, explica Ana.

En lo referente a las marcas de cantero, se hizo un estudio específico dada la gran cantidad que exhibe San Miguel. “En la provincia de Huesca, junto con Santiago de Agüero, creemos que es el que más tiene, con unas 100 distintas.El estudio lo hizo Daniel Zabala, y se puso un panel con todas las halladas. Se aprecian sobre todo en el muro sur, donde hay un reloj de sol que marca las horas de los rezos monacales, con el escudo de los monjes sanjuanistas. A los visitantes les gusta tratar de encontrarlas tras la visita. Eran el modo más práctico de cobrar el trabajo;el hecho de que hubiese tantas personas en faena es llamativo, y eran canteros de categoría, porque cuando se construyó la catedral de Valencia, con Eximén allá, muchos de los canteros de Foces trabajaron. Por cierto, la portada de San Miguel de Foces y la del Palau de la catedral de Valencia tienen cierto parecido”.

Sorpresa y preguntas

Lo que más suele llamar la atención a la gente que hace la visita guiada es el tamaño de la iglesia, que por cierto es objeto de romería con la Virgen de Foces, en conexión con Ibieca. “Es una ermita, pero de tamaño muy grande y la gente nos lo comenta –apunta Ana– por no estar habituados a la terminología con estas dimensiones. El estado de conservación de las pinturas también es muy llamativo”.

Algo que sorprende es la ‘lejanía’ con Ibieca. “a ver, son dos kilómetros entre el pueblo y San Miguel, que está en medio del monte, y la distancia no es larga, pero ese aspecto se entiende mejor al oír la historia del lugar, especialmente al saber que la referencia era la calzada romana, el ramal del Camino de Santiago y el propio pueblo de Foces. Teniendo en cuenta estos factores, San Miguel estaba muy cerquita de la acción”.

Comparaciones nada odiosas y recreaciones vividas con entusiasmo

Mónica Aragón comparte con Ana Broto las tareas de guía. “Soy de Ibieca por parte de madre, y cuando hago las visitas trato de transmitir el amor que le tengo a esta iglesia, porque es algo muy mío. Me incorporé a la tarea a los 17 años, cuando nos ofrecieron este servicio de guías; las personas que lo hacían antes nos dieron la formación necesaria y me animé, ya tengo más de una década en esto. Intento aportar un enfoque cálido; para el pueblo de Ibieca, Foces es algo que llevamos en el corazón. A mí, concretamente, el cariño por San Miguel me viene de mis abuelos, lo reforzó mi madre... creo que se nos nota. De hecho, los guías han sido tradicionalmente de Ibieca”.

Mónica comenta que “sin conocer la historia, lo que ves viene a ser una iglesia muy bonita. Cuando conoces un poco más, lo que hay dentro y el arte que se puede admirar, la cosa cambia a mejor. La gente lo expresa; el pasado verano, un grupo barcelonés entró y se quedó tan sorprendido que llamaron a San Miguel una Catedral del Mar en miniatura. Eso me impresionó. Ahora quiero ver esa catedral, porque no he estado allá, a ver si esa comparación, salvando las distancias, tiene fundamento”.

Mónica también revela que “cuando empezaron las recreaciones medievales, fui una de las primeras del pueblo que pudo protagonizarlas. He llevado varios años las piscinas, los recreacionistas venían a refrescarse y nos hicimos amigos. No tenía traje, pero me cedieron un atuendo suyo de campesina el primer año; en el segundo hubo un taller en Ibieca con varias mujeres que querían formar parte de la recreación, y nos hicimos un traje medieval”.

Visitas y web

Durante todo el año se efectúan los sábados y domingos con cita previa, llamando entre semana a los dos números habilitados, que corresponden a Ana (628 540 341) y Mónica (659 571 702). El costo de la entrada y la visita guiada es de dos euros. Importante: el punto de encuentro con la guía es el Ayuntamiento de Ibieca. En verano hay horarios más fijos debido a la inclusión de la visita en el programa de Puertas Abiertas de la DPH. Los Amigos de San Miguel de Foces tienen una página web oficial, amigosdesanmigueldefoces.org. También se puede contactar con ellos por sus cuentas de Facebook e Instagram.

Las recreaciones

Este año se retomarán, si la pandemia lo permite. Las coordina un colectivo zaragozano, Feudorum Domini, con el apoyo del Ayuntamiento de Ibieca. Esta asociación ya recreaban personajes sueltos relacionados con San Miguel de Foces antes de sumarse a esta actividad regular en Ibieca. Con Feudorum Domini se recrean sobre todo escenas de la vida civil, pero otras veces se alude al entierro de Eximén, la boda de Hato y Sancha, el nacimiento del bebé de ambos o la leyenda de la desaparición de los monjes. “Son rigurosos, no chirría nada –apunta Ana– y traen amigos y colaboradores de todo el mundo. Hacen una gran labor; de hecho, hasta montan un campamento. Se ha hecho normalmente el último fin de semana de agosto, pero las fechas podrían cambiar, siempre dentro del verano.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'.

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