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aragón es extraordinario

Berrea, que algo queda: el ciervo atrona Albarracín

La Reserva de Caza de los Montes Universales vive cada año el espectáculo de estos hermosos animales, que durante un mes protagonizan una forma de cortejo tan impresionante como poco sutil

Te lo habían explicado, Youtube da una idea, pero nada comparado con escuchar la berrea de un ciervo en directo si las cosas de la ‘natura’ te privan. No es exclusivo de Albarracín en Aragón, pero no se yerra al identificar esta práctica con el privilegiado rincón suroeste de la tierra aragonesa. Acaba el plazo para apreciarla este año: apenas quedan unos días más tras un mes de estentóreos retos al eco de los Montes Universales.

Suena un alarido, seguido de otro. Hay diferencias, claro. Es un diálogo, los participantes no tienen la misma edad, y el más veterano parece acompañar su alarido con una carcajada irónica al final. Hablan como dos bravucones en un bar. “Cada uno tiene su grupo de hembras, ellas buscan el agua y el pasto, ellos están más elevados”, apunta Luis Pérez, guarda forestal de Guadalaviar adscrito a la Reserva de Caza de los Montes Universales.”Van a berrear ahora, atentos”. Y berrean. Hay gente que confunde el berrido con un mugido; si los ciervos fueran humanos, se mosquearían como los montevideanos cuando les preguntan si son argentinos.

José Antonio Martí es agente forestal del Gobierno de Aragón y coordinador de la mentada reserva. Natural de Torres de Albarracín, es muy apreciado por sus compañeros de faena debido a su experiencia y capacidad pedagogica diaria. “Para ver hoy a los ciervos hoy hemos hecho movimientos similares a los que se hacen junto a un cazador; intentar ver a los animales en la localización que han elegido para valorarlos. Hay que cogerles el aire adecuado y las querencias. Ya habéis visto que no es fácil tenerlos cerca; son animales salvajes que viven en su medio, tú eres el intruso que se mete en su territorio y su enemigo absoluto, pues los controles poblacionales son a través de la caza”.

José Antonio, que sobre el terreno se mueve con un aplomo impresionante, explica que 2021 no ha sido tópico en materia de berrea. “Este año –dice– se ha adelantado un poco , quizá porque ha sido más seco que otros. Ahora hay ya mayoría de animales jóvenes en berrea, los mayores se han ido yendo a lugares más tranquilos y espesos de vegetación, normalmente más elevados, para recuperarse tras el celo”. Ambos profesionales apelan a la responsabilidad de los visitantes. “Es importante mantener la cordura. Las visitas organizadas este año se han reducido a grupos de diez personas como máximo, para mantener un orden adecuado a la naturaleza de la actividad”. Orihuela del Tremedal es una de las trece localidades de la Reserva, que abarca cerca de 60.000 hectáreas de terreno.

Las claves del proceso

Luis tampoco es un recién llegado; lleva 20 años en la tarea. “Los machos se disputan a las hembras fanfarroneando; se reparten zonas de influencia, marcando sus territorios y defendiéndolos a ultranza. El macho más viejo es el que más hembras se lleva; además de ser más grandes, saben cómo actuar. Curiosamente, esa manera de ser es muchas veces pasiva en cuanto a movimiento, a no ser que se sientan amenazados por otros animales o por su predador principal, que es el hombre. Son las hembras las que están alerta. Cuando ya llevan muchos días con las ciervas, se suelen tumbar en un lugar apartado a reposar y, en un momento determinado, se alejan de esta zona”.

Luis reitera la relevancia de las hembras en la especie. “Están en todo, se preocupan del cuidado de las crías y de conseguir alimento, mientras los machos se tumban a ver el tiempo pasar. Las hembras guía, que conducen a la manada para buscar comida, lugares protegidos y buenos barrancos cuando llega la nieve, salvan cada año a los suyos”.

Hay una máxima clara para oír la berrea cuando te aproximas a un grupo de ciervos: estar callado, amén de moverse con mucha pausa, buscar puntos de ocultación y si hay viento, tenerlo de cara. Lo ideal es ir con un guía adecuado: en varios puntos de la comarca se presta ese servicio. Los ciervos ven, oyen y huelen de un modo superlativo, tienen esos tres sentidos muy desarrollados, y enseguida salen corriendo ante la presencia del hombre, aunque no sea cercana.

Aquellos visitantes que no sigan la máxima del santo Job en cuanto a la paciencia, han equivocado el destino. “Hace falta mucha calma y serenidad para intentar ver un ciervo durante la berrea, aunque eso también ocurre en cualquier momento del año. Las hembras salen a comer en los atardeceres y amaneceres; si ha hecho mucho calor, tardan más en salir. Hacia las siete de la tarde es una buena hora para verlos, y lo mismo al punto de la mañana. Los machos más viejos berrean menos; los jóvenes se pasan el día entero en el empeño”.

‘Ayva d’ai’

No es la cantidad, sino la calidad. Un berrido ronco del macho viejo tiene un efecto inmediato entre los ‘novatos’, por muy vigorosos que sean. “Cuando oyen al mayor cerca saben que tienen que moverse o se llevarán ‘jabón’ –apunta Luis– aunque es verdad que llega un momento, normalmente sobre los 15 años, en que el ciervo ya va en decadencia. Hacia los 9 ó 10 están en plenitud de fuerzas”. En cuanto a las hembras, la gavata tiene de seis a ocho meses, y la primala es de un año y ya se puede quedar preñada; de ahí en adelante ya se considera a la cierva adulta.

Este año ha sido una locura de asistencia para lo que suele ser habitual en la zona. Luis lo explica en números. “Hace dos fines de semana conté un centenar de coches aquí en Orihuela, en el punto de observación del castillo. Parecía el Paseo de Independencia de Zaragoza. Es uno de los más concurridos de la Sierra, pero hay varios. Los días de más presencia de ciervos en berrea han pasado, el último fin de semana de septiembre fue tremendo. Los años en que abunda la bellota por aquí hay siempre más ciervos, porque vienen buscando esas proteínas. En la berrea, los ciervos pierden de 30 a 40 kilos, es como una maratón para ellos, básicamente porque no comen casi, se olvidan, tienen el objetivo muy claro: cubrir a las hembras. Ahora quedan ya poquitos, pero la temporada de caza, que también empezó hace nada, continúa”.

“Son animales salvajes que no admiten interferencias”

Pedro Artigot es el director de la Reserva de Caza de los Montes Universales, y ofrece una nueva perspectiva de la actividad. “La berrea es el celo de los cérvidos, empieza a mitad de septiembre y dura hasta el Pilar, más o menos, tiempo en la que se cazan los machos de trofeo. En la reserva se trabaja el año entero para conseguir una calidad que se define en esta época, pero cuando llegan estos días tenemos a todo el personal trabajando a destajo; se atrae a mucho público por la observación y escucha, y en algunos momentos tenemos que hacer un duro esfuerzo para compatibilizar caza y turismo. Contamos con una red de 14 puntos de escucha para concentrar ahí a los visitantes. Los ciervos son animales salvajes que no admiten interferencias en su movimiento, que es libre por todo el terreno; los humanos espantamos a las bestias y podemos causar, en definitiva, que no haya berrea. Hay más puntos clave en la parte norte, sobre todo en Orihuela, Bronchales y Noguera, y más densidad de ciervo ahí; también tienes en Griegos, término de Albarracín, Monterde… casi en toda la comarca. Abunda el gamo y el corzo, pero el rey indiscutible es el ciervo, se creó la reserva por él en 1973, aunque lleva en la comarca desde 1962. La reintroducción se hizo con ejemplares de Quintos de Mora y Cazorla, sobre todo. La baja densidad de población humana, unida a la altitud, las temperaturas frescas, y los buenos pastos han ido haciendo que sigan por aquí”.

Artículo de la serie 'Aragón es Extraordinario'.

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