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Solaz y esparcimiento en la tradición molinera de Blesa

La Asociación Cultural el Hocino de esta localidad turolense ha sido concienzuda a la hora de divulgar este bagaje histórico, con varios enclaves identificados y uno, el Bajo, convertido en Museo de tan hacendosa tarea

Blesa es un lugar de molienda como pocos hay en Aragón. La proporción de enclaves molineros y azudes en relación a sus pobladores es apabullante, aunque pertenezcan a épocas pretéritas en cuanto a uso. Además, gracias a la Asociación Cultural el Hocino y los diversos esfuerzos municipales, se ha dado lustre a ese legado.

Marisa Rubio pertenece a la Asociación y es una de sus entusiastas colaboradoras en las diferentes iniciativas emprendidas a lo largo del año. "El hocino es un paraje al fondo del pueblo, con un mirador muy bonito además, y se consideró al nacer la Asociación que era un nombre con el que todo el mundo se sentía identificado. Hemos ido haciendo muchas cosas a lo largo de los años, pero el museo de la tradición molinera es quizá la que más se conoce. Se le llamaba y se le llama el Molino Bajo; estaba en desuso, con muchas zonas ya arruinadas. La Asociación se lo pidió a la familia de los molineros, de apellido Serrano, que no podía hacerse cargo de las reparaciones, y nos lo cedieron. A través de subvenciones y de los aportes de los asociados se fue restaurando la edificación. Por supuesto, se conservó todo lo posible, se adecentó lo más importante y a partir de 2008, se convirtió en museo".

Además de todos los aparejos y engranajes propios de la actividad, el museo cuenta con pinturas época, donaciones de los vecinos… aparece un poco de todo, desde una balanza a un caballito de madera. Se inauguró coincidiendo con la Expo de Zaragoza, siguiendo la corriente (valga la licencia acuífera) a la manifiesta inclinación temática del evento hacia el mundo del agua. La Asociación cuida con mimo el museo. "Se trata la madera, se desinsecta… hay que estar encima".

Marisa va dando detalles del espacio expositivo, que el año pasado estuvo cerrado casi de modo permanente por la pandemia. "El conjunto del molino incluía la vivienda del molinero; la zona de molino era de aquí para arriba –señala un punto superior desde la entrada, en línea recta– y a este otro lado –parte izquierda, al fondo– estaba la casa. En la zona superior se ha dejado un espacio diáfano para que pueda apreciarse desde allá la maquinaria del molino, con todos sus engranajes. El molino en sí data del año 1858; entonces ya existía en el pueblo el molino del Vado, aguas abajo, y el molino de La Cueva, aguas arriba del Aguasvivas, privado. En esta zona en la que estamos fue donde un tal Miguel Cólera decidió construir el molino Bajo; al otro molinero no le sentó bien, claro, porque de pronto tenía competencia tras pocos años de propiedad; no hacía tanto que se habían colocado diversos bienes municipales en manos privadas. Sin embargo, la obra de Cólera salió adelante".

El agua del río venía por las acequias, con el objeto de mover las muelas. "El de la Cueva –aclara Marisa– tiene caída alta y su manejo era más sencillo, ni balsa había, porque no era necesario retener el agua y soltarla para que pudiera hacerse la molienda. Aquí, en el molino Bajo, hacía falta una profundidad de cuatro metros en la balsa para que el agua cayese al rodete y moviese todo el engranaje, el palo y las muelas".

Todo un ritual

En la recordada película ‘Tiempos modernos’, de Charles Chaplin, se mostraba con una mezcla de detalle y desenfado el proceso fabril. El del molino era mucho más simple, con ese punto manufacturero que, no siendo literal, sí confería a sus protagonistas y espectadores la sensación de estar asistiendo a un uso arcano de la actividad humana. La sencillez no quita para que se tratase de todo un espectáculo para el profano, y un ritual casi sacro para el iniciado.

Los pasos son muchos, aunque claramente diferenciados. La caída del agua, el inicio del movimiento, el trigo depositado en la torva (con ‘r’ en este caso), la deschinadora o despedregadora de clasificación por gravedad que separaba las impurezas del trigo, la piedra con dibujo geminada con la lisa que iban haciendo su magia frotadora en los granos de trigo, la harina cayendo a las talegas, la cernedora para refinarla... una sinfonía. "Había aquí una grúa para mover las piedras de vez en cuando –recuerda Marisa– y picar la que tenía el dibujo, porque perdía relieve con el uso".

Para paliar la escasez de caudal en el Aguasvivas, el Molino Bajo contó además con una turbina en los años 30. El resto de los referentes era un rosario de variedades. Tras el Molino del Vado hay otro más abajo, el del Galindo. "Ése tiene una acequia excavada en la roca, es una preciosidad; también conserva el azud, pero poco más, el edificio ya nada. En el del Vado también hay un azud, el de los Arcos".

Entre los molinos de Blesa había tres tipologías: los de balsa sin cubo, caso del Bajo o el Arrocado (el más alejado del pueblo), otros con balsa y cubo como el del Vado y otros sin balsa, por venir el agua de arriba, como el de la Cueva.

La vivienda del molinero tiene un encanto especial, como la cocina bien surtida gracias a las donaciones de los vecinos, que incluyen dos viejos aparatos de radio. Había alcobas con escondites, ya fueran para enseres o en momentos determinados de la historia, para personas. El molinero del Bajo también se dedicó en los últimos años de actividad a la apicultura. Un vecino, Óscar Artigas, ha colaborado activamente en la ambientación del espacio dedicado a la afición apicultora del último molinero en el Museo.

El Hocino hiperactivo

En la Asociación del Hocino no saben estar quietos. A través de su revista homónima (ya lleva 47 ediciones) hablan de diversos temas; uno de los más curiosos es la tradicional destilación del espliego en Blesa. El fin de semana de los pasados 24 y 25 de julio, durante las que hubiesen sido fiestas patronales, las calles de Blesa se adornaron con casi 60 poesías gracias a la colaboración de vecinos y visitantes (incluyendo hijos del pueblo ya nacidos en el destino migrante de sus padres) muy entusiastas, además de firmas ilustres traídas a Blesa para la ocasión y un compendio de poemas escritos por niños.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'.

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