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La ruta de los pies mojados, una aventura en bici por el barranco de Paternoy

Se llama así porque durante el trayecto hay que atravesar el río en más de 20 ocasiones. Uno de los puntos de interés es el deshabitado poblado jacetano.

Paternoy está despoblado desde 1970
Paternoy está despoblado desde 1970
Faustino Calderón/Los Pueblos deshabitados

Escondido y recóndito, perdido en las montañas de La Jacetania, Paternoy es un pueblo ya deshabitado que, en sus mejores épocas, no llegó a superar las 25 viviendas. Sus vecinos se dedicaban al pastoreo de ovejas, siendo esta la principal fuente de ingresos del lugar. Aunque ya despoblado, Paternoy sigue teniendo vida y es lugar de partida, paso o destino de muchos senderistas y aficionados a la BTT que quieren hacer la ruta del barranco. Aprovechando la salida, se pueden recorrer las calles del municipio, donde todavía se conservan los restos de algunos edificios y casas.

También conocida como la ruta de los pies mojados, la del barranco de Paternoy es una actividad que suele estar pasada por agua. Y es que a lo largo de este recorrido aparecen varias pozas donde, si es verano, permiten darse un refrescante baño. Algunas alcanzan profundidades de 6 ó 7 metros y los más valientes hasta se atreven con un salto.

Pero el principal motivo para haberla bautizado así es que para avanzar en este itinerario hay que cruzar el río de un lado a otro en más de 20 ocasiones. Muchos realizan esta ruta en BTT, recorriendo un territorio amplio de las estribaciones sur de la Sierra de San Juan de la Peña. Lo más común es realizar un itinerario circular, con salida y llegada al pantano de La Peña, pasando por Paternoy y Villalangua.

Esta propuesta para bicis de montaña es de dificultad media-alta. Aunque la distancia total no es demasiado larga (39 kilómetros por pista forestal en su mayoría), hay que superar un desnivel de algo más de 500 metros. En tiempo, según el ritmo de cada uno, la salida se puede prolongar entre 3 y 5 horas, y es imprescindible llevar agua, ya que no hay fuentes en toda la ruta.

Ya sea en bici o a pie, la ruta discurre por extensas áreas deshabitadas y bosques de coníferas de grandes dimensiones, en un territorio a caballo entre la Hoya de Huesca y la Jacetania. Mojarse los pies, como indica el nombre de este recorrido, no siempre es obligatorio, dependerá de la época del año en la que se haga y de la cantidad de agua que baje por el río. En cualquier caso, si alguien estaba pensando en estrenar zapatillas para recorrer el barranco de Paternoy quizás no sea la mejor idea.

Durante el recorrido merece la pena detenerse en varios puntos de interés para tomar un descanso y disfrutar del entorno. Uno de ellos es la pardina de Lagé, a seis kilómetros del comienzo de la ruta. Situadas entre praderas se esconden dos edificaciones que durante mucho tiempo se emplearon para campamentos infantiles. Otro de los lugares de interés es la pardina de Bergosal, dos kilómetros más adelante, una casa habitada con una pradera al oeste desde la que se obtienen las mejores vistas sobre la sierra de San Juan de la Peña.

El siguiente punto clave de la ruta es Paternoy, en el kilómetro 11. Recorrer sus calles tiene ambiente de película, con la vegetación que va recubriendo los muros de sus casas derruidas. Entre ellas, se pueden distinguir el horno comunal, empleado por todos los vecinos; la Casa Colás, que fue la última en quedar deshabitada, en 1970; la iglesia con su portada renacentista; el lavadero o la fuente.

Una vez conocido el pueblo, la ruta continúa cruzando el barranco del Cajicar, en dirección Villalangua. Durante este tramo final se pasa por varias pardinas, como la de Noveciercos (por donde ya se está descendiendo), la de Cercito y la del Charz. Una vez llegados a Villalangua, una aldea de 33 habitantes perteneciente a Las Peñas de Riglos, se habrá superado el kilómetro 30 de la ruta, un buen momento para parar a comer. Lo que queda hasta el pantano de La Peña, punto de partida y llegada del recorrido, es por asfalto y de bajada.

Desde Santa María de la Peña, opción corta

Como alternativa, hay una ruta algo más corta que va desde Santa María de la Peña hasta Paternoy. Está pensada también para hacer en bici de montaña y es lineal, con ida y vuelta por el mismo trazado. En este caso los kilómetros recorridos no llegan a los 20 y la salida se puede completar en poco más de tres horas, con alguna parada.

La ruta comienza en el camino de Santa Maria a Paternoy, que surge en el kilómetro 48 de la carretera A-132. El primer desvío que hay que tomar está en la pardina de Visús, otro de estos lugares despoblados que abundan en la zona. Para no perderse, en Lagé hay que prestar atención a los cruces y seguir la dirección del río hasta llegar a Bergosal, donde la pista de buenas condiciones se termina. A partir de aquí se da el peor tramo, por las condiciones de la senda, teniendo incluso que pedalear por el río en ciertos momentos.

Sin pérdida, se llega hasta Paternoy donde tras la despoblación llegaron los saqueos, para terminar de dejar el pueblo en estado de ruina. Por si fuera poco, en 1994 un incendio de grandes dimensiones, causado por una hoguera mal apagada, acabó con lo que quedaba. Las llamas estuvieron activas durante dos días y se quemaron 3.000 hectáreas, dejando la tragedia a las puertas de pueblos como Arbués, Alastuey, Ena o Arbués.

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