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aragón es extraordinario

Buitreman y el Mas de Bunyol, un nuevo clásico en el Matarraña

El responsable del muladar más famoso de la zona lleva más de tres décadas alimentando a los buitres cada mañana

José Ramón Moragrega, natural de Beceite, responde al apelativo de Buitreman; esa palabra, acuñada por un periodista del National Geographic, le identifica en el mundo de la ornitología, en la comarca del Matarraña y en las mentes de todos aquellos que le hayan acompañado a uno de sus viajes matutinos hasta el Mas de Bunyol. Ahí, a las afueras de Valderrobres, José Ramón y su esposa Loli Carrasco han hecho de la alimentación de buitres un modo de vida enfocado –de manera responsable, con respeto al animal– al turismo sostenible.

Siempre ha sido una actividad a pequeña escala; el ‘hide’ u observatorio diseñado en el edificio que gestiona la pareja en medio del campo tiene una capacidad limitada, aunque más que suficiente para que esta impactante vista de 300 buitres (de media) lanzándose sobre José Ramón y la carretilla llena de despojos del matadero de Valderrobres pueda llevarse a cabo de manera exitosa, discreta y emocionante.

"Pues ya son más de 31 años en esto", explica José Ramón, flaco y ágil, de mirada profunda. "Lo importante es que a mis 69 años sigo teniendo salud, y eso me permite disfrutar de una vejez privilegiada; hago lo que me gusta, vivo en la naturaleza, intentamos conservar el entorno lo más limpio posible… es una forma de vida envidiable, creo yo, me da muchas satisfacciones. Ha sido un proceso lento y muy trabajoso, de años, pero bonito. Ha llegado un momento en el que los buitres me tienen integrado en este entorno; si yo cambio mi actitud, algún gesto raro o algo que les inquiete, pegan la estampida y se van, y tardan tres o cuatro días en recuperar la confianza en mí; soy parte del ritual, y cuando me pican es porque estoy en medio de una pelea por la comida, por sobrevivir". Además de los buitres es habitual que se unan los alimoches de los puertos de Beceite, hay dos parejas ya, y milanos en vuelo que hacen picados, córvidos… también algún quebrantahuesos, toda una emoción".

Vídeo de Buitreman en 'Aragón es extraordinario'

Todo en regla

La normativa sobre la alimentación de aves carroñeras cambió a principios de este siglo en la Unión Europea. "Desde entonces hay que seguir de manera estricta ciertas directrices, como la prohibición de coger comida de granjas; todo debe ser de categoría dos en el matadero, con transporte apropiado, control veterinario… una vez cumplidos los requisitos, lo que queda ya es cuestión de confianza, de respetar los códigos de los buitres. La gente se sigue sorprendiendo con lo que hacemos, a veces piensan que exageramos con ciertas recomendaciones, pero es el modo de hacerlo bien. Los visitantes suelen ser gente respetuosa con las aves, no hay que insistir mucho en las precauciones porque a la primera ya entienden la filosofía que seguimos, vengan de donde vengan; muchas veces, además, repiten, incluyendo muchos fotógrafos de naturaleza. Mi gasolina es la sorpresa de quien nos visita al ver tantos buitres llegados del Pirineo, de la Ibérica, del valle del Ebro… muchos vienen ya a dormir, porque saben que hay buenas posibilidades de comer".

Loli, alias Buitrewoman, sostiene el proyecto con pasión y eficacia

Loli Carrasco es el otro 50% del proyecto. "Yo soy Buitrewoman –ríe– aunque mi papel no está entre los buitres. Empezamos esto juntos, sin referencias, y hemos ido aprendiendo. Es el único lugar en el mundo donde te puedes alojar junto al muladar y vivir la experiencia completa, aunque también tienes la opción de venir solamente por la mañana a ver cómo Buitreman reparte la comida entre nuestros amigos alados, claro. Es un edificio autosuficiente, tenemos energía y agua generada aquí; placas solares y pozo de aguas potables. Hace diez años que contamos con el alojamiento, que al principio estaba orientado a fotógrafos de naturaleza y que ahora se abre a todo el mundo, siempre y cuando nuestros huéspedes acepten su responsabilidad a la hora de no alterar el entorno en el que están".

La visita parte del polígono industrial de Torre Sancho a las 9.15. El camino hasta el Mas lleva apenas 10 minutos en vehículo propio. Se dejan en un punto concreto y se camina menos de 300 metros por una senda entre pìnos hasta el observatorio. La experiencia cuesta 15 euros, aunque suelen haber descuentos para familias con niños.

"Los ingresos aquí son limitados, no es una actividad de varios pases diarios; alguna ayuda institucional nos vendría genial, porque hemos tenido que pedir otro ICO para ampliar instalaciones. Esto es la lucha económica, que no tiene nada que ver con la ilusión. Buitreman no falla ningún día, con la salvedad de las jornadas de mucha lluvia o nieve, y lo pasa mal. Y no para: le da mantenimiento a la casa, gestiona el convenio de colaboración con el matadero, cuida la finca… es como una navaja suiza".

Una actividad no intrusiva, mágica e imborrable

En pandemia, José Ramón ha seguido alimentando a los buitres, varias carretillas por día que recarga en su vehículo; vive en el Mas, con poca gente alrededor. "Mis 17 años de marino en mi juventud me hacen tolerar bien lo de moverme en espacio reducidos. Con los buitres hay cosas muy claras; deben notar lo menos posible la presencia humana, por eso nos acercamos a través del pinar y en silencio, y se entra bajo tierra al edificio. No se puede usar flash en las fotos, y es preferible ropa oscura y terrosa para llamar menos la atención".

Buitreman pasa el resto del día en desbroce, limpieza en la finca, cuidado de la masía aunque sea autosuficiente. También tengo que cuidar un problema que he desarrollado durante tantos años con los buitres: tengo un pico de oro y puedo marearos hablando durante horas. Aspiro simplemente a seguir haciendo esto mientras tenga fuerzas". Hay una tercera componente del equipo; desde hace tres años el matrimonio cuenta con un puntal clave en la limpieza, Mari Crangashu, que se encarga de ayudar donde ellos no llegan en la casa. "Somos ya sexagenarios –apunta Loli– y esa ayuda extra nos permite mantener todo en funcionamiento de manera correcta".

En el Mas de Bunyol hay normas básicas de convivencia entre todos, ya sean hospederos, visitantes humanos o voladores. La terraza no es accesible por la mañana, mientras están los buitres, pero el resto del día está disponible para los huéspedes; es un ejemplo de esas condiciones de convivencia. "Alquilamos tres habitaciones a la vez como mucho, aunque disponemos de seis; preferimos –apunta Loli– atender con máxima calidad a menos gente. La publicidad nos la brindan los propios visitantes, nadie se va de aquí sin un montón de imágenes fijas y vídeos, siempre y cuando acepten el modo correcto de tomarlas; sentados en las gradas, tras el cristal. Y aseguro que se disfruta al máximo".

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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