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aragón es extraordinario

Jaime Oms, el faquir que recarga las pilas en Paracuellos de la Ribera

Es uno de los pocos españoles que se dedican actualmente al faquirismo como espectáculo, bajo el nombre artístico de Fakir Testa

En la India, el faquir (la RAE lo escribe con q, aunque lo habrán visto siempre con k) es un asceta que practica duros ejercicios de mortificación. En el mundo del espectáculo, un señor con bigote y perilla muy cuidada, gorro espectacular y ropas de seda que hace cosas muy peligrosas. Jaime Oms no es indio, sino madrileño, y vive en Paracuellos de la Ribera desde el pasado invierno, aunque llevaba dos décadas viniendo regularmente a este pueblo próximo a Calatayud. Jaime es faquir profesional y su alter ego artístico es Fakir Testa (fakirtesta.com). "Sí, me apellido como la Organización Mundial de la Salud -bromea, aunque las cosas de las que hace en escena no siguen mucho los consejos de esta institución- y llevo viniendo a Paracuellos mucho tiempo. La razón es muy sencilla; mi madre era médica y tenía una paciente de Paracuellos. Tanto le habló de su pueblo que vino, lo conoció y se enamoró de esta casa, que estaba en estado ruinoso. La compró y yo adquirí otra poco tiempo después. Las fuimos arreglando poco a poco; por desgracia, mi madre falleció. Su casa es ahora mi cuartel general. Una de las cosas que me inculcó fue el cariño por este pueblo en el que ahora tengo mi residencia habitual. Siempre vine fines de semana, veranos y temporadas largas; vivía en Barcelona hasta el pasado invierno. En mi casa del pueblo están ahora unos amigos".

Vídeo del fakir Jaime Oms en Paracuellos de la Ribera en 'Aragón es extraordinario'

No, Jaime no vio un día a un señor caminando sobre brasas y decidió que ésa iba a ser su profesión. "De pequeño nunca imaginé que me dedicaría a esto, la verdad. Siempre he sentido mucha curiosidad por la antropología y el estudio del cuerpo, eso sí; he experimentado desde crío conmigo mismo, pero no lo pensé como una profesión. De hecho, cuando conocí por primera vez a un faquir yo tenía 23 años y estaba trabajando haciendo 'piercings'; me propuso que le colgase con unos ganchos, lo que se llama 'body suspension', que nadie estaba haciendo en España por aquel entonces. Comenzamos a hacer espectáculos teatralizados, era 2003; trabajamos unos meses en el circuito 'underground' barcelonés, pero luego se volvió a su país, Francia, y yo me quedé pensando que no quería volver a mi anterior vida, que me apetecía seguir explorando este terreno y llevarlo a un público más amplio".

A Jaime le propusieron hace espectáculos de calle y se lanzó a la piscina. "Conforme iba estudiando el faquirismo clásico fui viendo nuevas vías de expresión para mí. Lo que hacía antes generaba unas emociones muy fuertes en el público, casi hasta el punto de lo desagradable, y ahora quería ir por otro camino; sorprender, provocar reacciones, pero haciendo cosas de una forma más académica, para que lo disfrute desde un niño a mi abuela. Llevo desde 2007 siguiendo en esta línea, y dedicándome exclusivamente a esto. He trabajado básicamente solo, pero también en espectáculos ajenos; por ejemplo, con La Fura dels Baus".

Jaime se mueve por toda Europa con su trabajo. Los faquires profesionales en España se cuentan con los dedos de una mano. "Quizá incluso sobra algún dedo. En Europa no hay tantos, solo abundan en Inglaterra; también hay en Estados Unidos, Australia y, naturalmente, la India. La India es una cuna identificada del faquirismo, que es inherente al ser humano, pero de ahí a caminar sobre brasas es un paso en el que inciden muchos factores, tradiciones, retos… el fuego era el elemento más a mano en tiempos remotos cuando uno que quería impresionar a los demás, fuera de modo lúdico o religioso".

¿Cuánto hay de espiritual y cuánto de exhibición en el faquirismo? Jaime se revuelve un poco ante la cuestión, pero responde tranquilo, sin alterar para nada el tono grave de su voz. "No es una cuestión de vanidad, sino de ganas de hacerlo bien, de retarme. ¿Vaya pregunta, eh? No, no soy presumido -ríe- es que es mi vida; me entretengo leyendo sobre el faquirismo, preparando mis números, equivocándome incluso. Me gusta conocer gente en este mundo, viajar con esta profesión… el faquirismo es mi amigo. Viajo mucho, por la comarca o por el continente, de manera indistinta. Además, a veces surgen oportunidades muy bonitas como la que me ha propuesto la Diputación de Barcelona; dar charlas en institutos para contar a los chavales mi experiencia, me motiva mucho".

Jaime es consciente de que lo que hace puede tener consecuencias fatales; un pequeño error en el momento menos apropiado podría incluso costarle la vida. "Lo sé, pero no hacerlo también me la quitaría".

Lo de la tolerancia al dolor es otro debate, y ahí Jaime se pone gallego cuando se le pregunta cómo lo hace. Lanza otra pregunta, pelín retórica. "Es que… a ver, ¿qué es el dolor? Una alarma mental pata proteger el cuerpo, ¿verdad? En el quirófano te anestesian antes de abrirte en canal y no te duele, pero hay un daño físico que se maneja con la anestesia. Yo trato de buscar el equilibrio al llegar esa alarma y exploro el umbral del daño físico; también entreno las diversas partes del cuerpo para sobrepasar un poco ese límite. Tenemos más capacidad de aguante de lo que nos creemos, pero si te dedicas al faquirismo también debes aprender a evitar algunos actos reflejos, dilatar órganos… al final haces cosas de manera automática, porque en escena tiene que quedar bien y ser incluso gracioso. Tengo un gran muelle de acero en espiral que me meto por la nariz y saco por la boca… no sé".

El último número que ha montado se basa en una escalera de espadas con el filo hacia arriba, que sube sin dañarse; este número tiene una ampliación histórica que he recuperado. La hacía un faquir italiano de la zona de Calabria en los años 30 y 40 del siglo pasado, que fue todo un referente del espectáculo moderno del faquirismo: se llamaba Blacaman. García Márquez se inspiró en él para un cuento, vivió en Sudamérica. Tenía este número que no se ha vuelto a hacer, y que he preparado para un espectáculo que confío presentar en Estados Unidos; hay una oportunidad que no pudo cristalizar por la covid y que espero aprovechar en el futuro próximo. El número se llama el patíbulo y tras subir la citada escalera de espadas me quedo colgando por el cuello de otra espada suspendida más arriba. También me cuelgo una bombona de butano de unos 15 kilos de los ojos con unos ganchos; es un número que hice en 2019 en 'Got Talent' España. Tuve los cuatro síes, pero no gané; también participé en el 'Got Talent' rumano".

"No hay trucos, sino técnica, estudio y mucho trabajo previo"

Las visiones clásicas del faquir siguen ahí: caminar sobre brasas, echarse en una cama de clavos, atravesarse la piel con grandes agujas… sin embargo, Jaime va un poco más allá. "Todo lo clásico está vigente, hablamos de artes documentadas 4.000 años atrás que son iguales a lo que hago yo ahora. Hay técnicas diferentes, pero el formato no tiene cambios sustanciales; en la India, tanto en la calle como en la corte, se hacían cosas más o menos sofisticadas".

"El reto es llevar todo esto al terreno propio; ahora tenemos la tremenda suerte de contar con muchísima información, acabas bebiendo directamente de la fuente de este saber. Los tragasables, algo que todos conocemos, es algo que normalmente no hemos visto, ni siquiera en la tele, y no nos suena como algo extraño. Estuve varios años aprendiendo hasta conseguirlo, y a la hora de documentarme descubrí que no había nadie que lo hubiera hecho en España. No me lo podía creer, seguí buscando, hablando con expertos y no hay constancia de que nadie lo haya hecho. Solo yo".

Dicho y hecho. Jaime saca un espadín e invita a comprobar que es sólido, que no tiene un botón para que la hoja se repliegue. Se prepara, se concentra y se lo traga tras alzar su mano derecha con el espadín y trazar la perpendicular hacia la boca, de arriba abajo; lo mantiene dentro unos segundos hasta sacarlo cuidadosamente… y sonríe, el tío. "No hay truco, es técnica, estudio y mucho trabajo previo: dilatas el esófago, se desplaza el corazón unos milímetros, no es una introducción recta, hay tres esfínteres que debes ir abriendo… al practicar hay que ir poco a poco, con mucho cuidado. Y sin calentar: bueno, si hace frío caliento un poco la espada".

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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