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aragón es extraordinario

El (agradable) peso de la tradición en Bodegas Moneva, las favoritas de la NASA

Almonacid de la Sierra, tierra vinícola por excelencia, mantiene una alta actividad en el sector desde siempre

Bodegas de vino hay cientos en Aragón, de todos los tamaños. Bodegas con solera e historias, algunas menos. Bodegas adoradas por astronautas, una; Moneva, de Almonacid de la Sierra, localidad de tradición vinícola donde las haya. Jesús y José Manuel Moneva son la tercera generación de la bodega familiar apellidada como ellos. "Empezó el abuelo Manuel, siguió nuestro padre, otro Manuel, y ahora estamos nosotros. Lo llevamos en la sangre; mantenemos las bodegas viejas operativas, porque son la raíz de todo; aquí subes malo y sales bueno".

La esencia de este emprendimiento está impresa en las paredes de esta vetusta y mágica bodega, situada junto a otras ‘parientes’ en la zona alta del pueblo; llegó a haber dos centenares de referencias unifamiliares activas en la producción local, aunque muchas operasen únicamente para consumo interno. Algunas se han recuperado, y hay varias convocación comercial en el pueblo. "Hay buenos vinos en Almonacid, los nuestros y otros –explica Jesús– y varias bodegas activas en el pueblo que trabajan bien, además de la cooperativa de San Nicolás, que hace vino ecológico magnífico".

"Nosotros –recalca Moneva– llevamos mucho en el oficio, es una forma de vida. ¿Veis –señala a una réplica a tamaño real– ese carro de ahí? Con uno igual iba mi abuelo a vender vino a Zaragoza, otros lo hacían desde Encinacorba o Aguarón por aquí; el primer día llegaban a María, donde hacían posada, el segundo a Zaragoza y volvían a dormir a María, y el tercero a casa. Aquí había uno, el tío Redondo, que se subía hasta Sallent de Gállego, por ejemplo; nosotros vamos mucho ahora a encubar a casas particulares hasta Panticosa, por ejemplo; con sus jamones y nuestro vino, como dicen ellos, ya puede nevar. Mi padre también bajaba a Zaragoza a diario, a los mercados". Los Manueles, dice su hijo, tenían don de gentes. Él no va mal servido. «Lo daban todo. Tratamos de estar a la altura, también en eso".

La bodega es un banquete para los sentidos: el aroma, las viejas barricas y cubas, el sabor de vinos que no se compran en tiendas, y que los Moneva ofrecen solamente a los allegados; hay una prensa gigante, antiquísima, hecha a mano. "Es de carrasca, azarolla y roble, una obra de artesanía, más de un siglo de antigüedad. Además, cada gran cuba del sótano tiene nombre, Daniel Bernal se los puso: la Tardana, el Abuelo, la Preñada que es la más grande... a ver, tenemos la bodega de abajo en mitad del pueblo, preparada para la producción comercial, pero hace ocho años hicimos reformas serias en la vieja, porque eso no se puede perder. Cuando vienen grupos de clientes extranjeros, por ejemplo, siempre nos dicen que buscan algo así en sus visitas a bodegas españolas". Hay mensajes de los amigos del fundador en las paredes. Destaca uno: "Manolo, con los amigos, se porta de maravilla, pero lo que más le jode es fregarles la vajilla".

"En la NASA nos encargaban vino para despedir las misiones, le llamaban el vino de la suerte"

En la zona hay quien conoce a la bodega Moneva como la de los astronautas. "Tenemos –explica Jesús– un amigo del pueblo, Manuel se llama también, ya muy mayorcico. Trabajaba de mantenimiento en la Base Americana; cuando se lanzaban los transbordadores mandaban a puntos estratégicos ingenieros y astronautas, para que estuviesen preparados ante cualquier eventualidad, Zaragoza era uno de ellos. Se alojaban en el Boston, y en cuanto la misión avanzaba sin imprevistos, Manuel se encargaba de llevarles a algún lado para que conocieran el entorno. Este Manuel llamó a su amigo Manuel, mi padre, y le preguntó si podía llevarlos a la bodega, hacerles unas chuletas y beber algo de vino. Así lo hicimos; les encantó la tradición del vino en teja, que aquí seguimos haciendo en un punto especial de la bodega".

De aquella visita quedó huella. "Uno de los astronautas, de ascendencia cubana, nos dijo que antes de una misión espacial, los participantes se reunían a beberse unos vinos y desearse suerte; luego firmaban las botellas y las guardaban en una vitrina. Otro de los que vinieron, un teniente coronel, se llevó botellas nuestras para este fin. En una misión posterior, donde había nerviosismo por las condiciones atmosféricas para el vuelo, este alto mando dijo que todo iría bien, porque tenía el vino de la suerte de Zaragoza; un truco para calmar los ánimos. No fue la única vez, en la NASA nos encargaban vino para despedir las misiones. Le mandaron a mi padre una placa conmemorativa de la primera visita".

La primera expedición que detalla Jesús fue la STS-125, que tenía como objetivo atender irregularidades en el telescopio espacial Hubble. El coronel que templó los ánimos de su tripulación, aunque no subió en aquella misión al espacio, era Rex J. Waldheim, exitoso astronauta que sí viajó en otras tres ocasiones: la STS-110, la STS-122 y la STS-135, todas con el Atlantis, destacando por sus exitosos paseos espaciales: su foto está en la bodega, como otra de Daniel C. Burbank y toda la tripulación reserva de la STS-125.

La bodega surte a las misas del Pilar y la Seo

Los zaragozanos y visitantes más píos de la ciudad han probado vinos de la Bodega Moneva en muchas ocasiones, sin saberlo; el detalle es que se trata de vino consagrado. Ocurre que la bodega de Almonacid de la Sierra provee a la Basílica del Pilar y a la Seo de vino para las celebraciones eucarísticas, algo que viene ocurriendo en las últimas cuatro o cinco décadas. "No sé la fecha exacta, pero comenzó mi abuelo. En el Pilar tienen barricas bajo la sacristía para ese fin; cuando les suministramos solemos llegar muy temprano, para molestar lo menos posible a quienes visitan la plaza, y descargar el camión con la manga por un hueco aprovechado para ello, a fin de rellenar las barricas. A la Seo accedemos por la plaza San Bruno, y acarreamos garrafas por una escalera. Es un orgullo atender a ambos lugares".

En Almonacid, el espíritu acogedor permanece intacto, con guiños especiales a las visitas con un toque sentimental. "Esperando hace no mucho la visita de unos clientes suizos, llegó un estadounidense diciendo que ‘bautizar’ a su hijo, ya mayor, en la costumbre de beber vino en teja; así ocurrió. Era uno de los astronautas".

Los vinos de Moneva

El Viña Vadina se presenta en diversas variedades de tinto (de garnacha centenaria 100%, y también en coupage con tempranillo y notas de syrah), amén de blanco (uva macabeo) y rosado de garnacha).

En cuanto al Almonac, en su gama destaca el vino destinado a la consagración en el Pilar y la Seo. Los blancos se basan en macabeo, y también hay moscatel). "El Almonac es un vino joven al que se le corta la fermentación al llegar a 996 –explica el bodeguero– y se filtra y enfría para embotellarlo con algo de azúcar y carbónico natural".

El Abuelo Manuel es el tinto reserva de garnacha centenaria, de edición limitada. "Son vinos con personalidad –explica Jesús– incluso los coupages". La viña. Bodegas Manuel Moneva maneja cuatro hectáreas de macabeo en los pagos del Bosque y La Somera, cinco de mazuela en el pago de Cahizpelao, 14 de garnacha en los pagos de Mendoza y Camino de Épila, 12 de tempranillo en los Espinos y Cahizpelao y cinco de syrah en La Somera y los Chopos.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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