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aragón es extraordinario

Paco Martínez sabe cómo levantar el vuelo después del Dakar en Las Parras de Castellote

El teniente de alcalde del municipio se hizo famoso en el mundo de las motos con sus participaciones en el Dakar de 2012 y 2013, cuando sacrificó muchas de sus aspiraciones por ayudar a otros pilotos de manera desinteresada.

Es teniente de alcalde en Las Parras de Castellote, constructor de profesión y apasionado de las motos. A Paco Martínez no le falta la faena; de lo otro, por la dimensión mediática que tuvo esa pasión motera hace unos años, le cuesta algo más hablar, pero lo hace; con distancia, serenidad y quedándose con lo bueno.

“Mi pueblo es pequeñito –explica–, somos 20 ó 25 vecinos durante el año; y no, no eliges del todo estar aquí, la vida te va llevando. Desde chaval piensas en marchar a sitios más grandes donde haya trabajo, otra calidad de vida, pero al final aquí estás, y yo asumo los retos con ganas siempre. Aquí en el pueblo, cada cual somos de nuestro padre y nuestra madre; tenemos un bar municipal, que llevan unas personas que lo hacen muy bien… y poco más; Jaganta es barrio, a tres kilómetros, hay algún vecino menos, no tienen bar y se apañan en sus casas”.

Lo de la moto es harina de otro costal, sobre todo en el entorno del gran Dakar. “Eso no se va... bueno, un poco sí, ¿eh? El precio fue caro, y no hablo ahora de dinero: participar en la carrera más grande del mundo y tener protagonismo es algo que muchos no perdonan, y me metió en un mundillo que no me iba. Además, ir al Dakar es como subir al Everest, después de ahí es complicado encontrar retos que te motiven; yo fui a dos, muy distintos, y desde hace ocho años no he vuelto a competir”. La última fue en 2013, en esa carrera que nació en el desierto del Sahara hace cuatro décadas, y que con los años y los avatares políticos y económicos pasó a disputarse en América del Sur, sin perder el nombre.

Paco matiza el asunto. “Es que eres un don nadie y en apenas quince días te haces famoso en medio mundo; la fama rápida es complicada de manejar, los premios... creo que supe hacerlo, pero hubo gente que no lo aceptó bien y pagué las consecuencias; quizá a mí me hubiera pasado también si el famoso hubiera sido otro del pueblo. Ahora estoy en Las Parras, sobreviviendo, y no hay ningún problema”.

Paco empezó con la moto desde chaval. “Con 7 u 8 años ya estaba dando saltos con una 49, viendo el Dakar por la tele; ya entonces tenía la ilusión de competir allá alguna vez. Con los años fui progresando, y ya en edad adulta probé en la antigua Baja España, tres veces, carreras de motocross, quería ir más rápido, me hacía más entrenos... recuerdo con especial cariño aquellos 400 kilómetros por el desierto en los Monegros de la vieja Baja”.

Hablarle a Paco de Peterhansel,‘ monsieur Dakar’, o de Carlos Sainz es hacerlo de compañeros de carrera. “Peterhansel estaba ya en coches cuando corrí, pero su historial en motos es increíble. Eso sí, yo me fijaba sobre todo en un piloto de Castellón, Pellicer, que tiene casa aquí en el pueblo. Fue el culpable de que yo fuera. Marc Coma también es otro fenómeno, y Sainz, pero los grandes sufren menos, lo pasan bien. Yo llegaba tarde y a trabajar la moto, guardaba dos horicas para dormir. Sales a correr a las dos de la mañana, y no vas por pistas: barrancos, ríos, lo que sea. Es otra carrera”.

Vídeo de Paco Martínez en Las Parras de Castellote en 'Aragón es extraordinario'

Dos ediciones distintas consagrado a auxiliar a otros pilotos

Paco corrió el Dakar en 2012 y 2013. “En el primer Dakar tenía la ilusión de llegar a la última meta, al último día. Es una carrera brutal, los que la hemos corrido sabemos hasta qué punto, y quienes lo hemos hecho con pocos medios, aún más. Son 20 horas encima de la moto cada día, casi 1.000 kilómetros muchas veces, no comes hasta que llegas, muy poquita agua encima… y cada kilómetro es pura supervivencia. Lo logré, llegué a Lima, fue una maravilla, pero ya disfruté echando una mano a los demás. El segundo año fui contratado por Kawasaki Argentina para ayudar al equipo profesional. Corría y ayudaba, pero llegó un momento en que me harté de ayudar solamente a mi equipo y empecé a hacerlo con todo dios. Se montó un follón”.

Al final, las aguas volvieron a su cauce. “Kawasaki Argentina me quería echar de la carrera, pero llamaron desde la fábrica de Estados Unidos diciendo que mi actitud era correcta, que correspondía al espíritu del Dakar del fundador Thierry Sabine, y me pude quedar hasta el fin de la carrera. Ayudé a más de 30 participantes, pero no a apretar una tuerca; a dos o tres se les llevaron riadas, alguno tuvo accidentes graves… y cuando ayudas a otro te la juegas tú. Lo que pasa es que yo podía, me había preparado a conciencia para la carrera. Tengo una caseta a 2.000 metros de altura en Cantavieja, cerca de las pistas de esquí; compré una parcela, me hice una casita y estoy solo allá. La moto también la preparé bien con los argentinos. Eso sí, tras esa experiencia, perdí las ganas de volver. Los que van sin dinero da mala imagen, y si encima sale en los medios, peor. No he vuelto a competir”.

Y sí, Paco está construyendo una moto voladora

Paco se pone serio para hablar del proyecto que se lleva entre manos desde 2013. “Llevo ya unos cuantos años con esta ilusión, y la idea se ha hecho realidad, de hecho ya está en la etapa final: una moto voladora. Como comprenderás, es una apuesta complicada; recuerdo que el primer diseño me gustaba, pero surgieron complicaciones, así que he ido puliendo cosas, rebajándola de peso… ahora ya queda apurar el equilibrio, hacerla aún más manejable”.

No es una idea sencilla de materializar, ni siquiera de imaginar, y tampoco resulta barata. “He gastado todos mis ahorros, podía haber financiado más de un Dakar… pero vale la pena, pronto la veréis todos, espero que está totalmente lista al año que viene. No me he aliado con nadie, quiero mantener la independencia con esto. A base de apechugar en la obra he conseguido el dinero para desarrollarla”.

Paco probó con hélices para la propulsión, pero no era la solución ideal. “Fallaba el control, era demasiada potencia. Ahora llevo seis pequeños turborreactores, que se reparten por toda la moto, ligeramente inclinados para compensar fuerzas; la máquina solo pesa 27 kilos, va con 20 litros de queroseno, y en los dos últimos años la he probado sin incidentes. Lo más normal con este aparato es volar a un metro, y si hay un fallo mecánico baja poco a poco hasta tocar el suelo”.

Paco guarda celosamente su creación, para salvaguardar la patente. “No la enseño aún, ya llegará el momento. Otra cosa buena es que me ha alejado el gusanillo del Dakar; la inscripción son 15.000 euros, y lo gastaba todo el proyecto, ya no me quedaban fondos para el Dakar. A ver, si funciona bien no será un aparato de calle, podría ser interesante para las fuerzas de seguridad. El despegue y el aterrizaje es vertical. El otro problema es la autonomía, no sirve para largas distancias, pero es cuestión de seguir perfeccionando”.

Reportaje de la serie 'Aragón es extraordinario'.

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