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aragón es extraordinario

La Almunia tiene su Fuerte en el amor al juego tradicional

El antiguo convento franciscano reconvertido en Museo del Juego y el Deporte Tradicional abrió formalmente hace cuatro años gracias a la donación de piezas efectuada por Fernando Maestro

Decía Calderón que la vida es sueño; soñar es jugar con la realidad y mechar el día a día con alegría. En La Almunia están de acuerdo con ambas frases; Juanjo Moreno, teniente de alcalde, las corrobora con entusiasmo al mostrar El Fuerte, sede del actual Museo del Juego y Deporte Tradicional de La Almunia. “Este edificio es lo que queda del antiguo complejo conventual de los franciscanos. Vinieron aquí tras la donación de una cofradía de La Almunia, la Tercera Orden, a principios del XVII. En 1812, durante la guerra de la Independencia, fue tomado por los franceses; se hicieron fuertes aquí, de ahí el término”.

Juanjo señala al franquear el acceso principal que la inspiración del museo tiene una imagen llegada de Bélgica. “La puerta principal no estaba en el emplazamiento actual. Cuando se remodeló el edificio, aún se conservaban piezas originales del retablo del antiguo templo, de las pocas que se salvaron de la destrucción francesa. Para el museo se recreó un grabado del maestro belga Peter Brueghel el Viejo, que muestra la Plaza de los Juegos, un guiño al destino actual del edificio, que se compró en 2001 con fondos municipales y FEDER. Había sido almacén de chatarra, de cospillo, telares e incluso un vertedero”.

¿Y qué hacemos?

Tras adecentarlo, se pensó en algún uso adecuado para tan magno lugar. “Durante la Expo 2008 se habilitó como Museo del Agua y el Riego, con atención especial en el Jalón; funcionó un par de años, con maquetas y audiovisuales. También se hicieron actividades culturales y sociales, desde conciertos a colocación de insignias de la escuela universitaria. Un día, hablando con Fernando Maestro, surgió la idea. Él fue lanzador de barra y lleva el Museo de Juego y Deporte Tradicional en Campo (Huesca) aunque es de aquí. Vino a dar una charla, invitado por una asociación, y se enamoró del sitio. Fernando ha recabado esta colección toda su vida, desde viajes a intercambios y mercados, y ofreció donarla para fines museísticos”.

Se hizo un estudio, se sacó a concurso el diseño y se empezó a trabajar. Para la apertura hubo que esperar algo más. “Lleva cuatro años abierto y está conceptuado para romper fronteras idiomáticas: el juego es un lenguaje universal”, explica Juanjo.

En el museo hay juegos aragoneses y de otros puntos de España, pero también alemanes, belgas, franceses, británicos, holandeses… más de 600 piezas, de 250 juegos diferentes. “Algunos están en vitrina, porque son más delicados y se pretende que queden fijos, pero otros van cambiando. Somos socios de la Asociación Europea del Juego y Deporte Tradicional, que incluye a más de 700.000 entusiastas; de hecho, la sede administrativa de la Asociación está aquí. También es oficina de Turismo, abre todos los días, tardes incluidas, excepto el lunes.

Peonza gigante para empezar

Es el primer paso: además, lleva el mapamundi, toda una metáfora del cariño universal por el juego. “A los chavales les encanta, y a los mayores también. Además del turismo familiar y de aficionados, el sostén principal han sido las visitas colegiales. Con la pandemia se ha frenado, pero normalmente vienen una treintena de colegios cada año; se les hace una visita guiada, interactiva y con apoyo de vídeo. Hay incluso una visita virtual disponible, y el discurso expositivo no es invariable; van añadiéndose cosas de manera continua”.

En las diversas capillas de antiguo templo se van tocando áreas temáticas complementarias. “Destacan los inventos de cuando éramos chavales, desde las chapas de botella para carreras ciclistas hasta las nueces para tallar calaveras, las bellotas como ‘tazos’, yoyós de botones, collares con bolitas de madera, tabas… de todo. También carraclas caseras, turutas, pistolas de panizo o tiradores de pinzas”.

El rosario de ejemplos parece interminable. No faltan el aro, el patinete, los diábolos, los trompos, las canicas (en La Almunia se les llama pitones) y demás juegos clásicos. También hay un rincón de gigantes y cabezudos, con más de un siglo de antigüedad. Al fondo del museo, el singular juego de bolos y sus derivaciones tienen un área especial. Los bolos de mujeres, por cierto, son muy significativos en Aragón. “Cuando no se permitía el juego en la calle, ellas –explica Juanjo– hallaron el modo de burlar esa norma. Para poder jugar en grupos de cinco o seis pintaban los bolos de negro, con su ‘alzacuellos’ blanco, y se los llevaban al cura para que los bendijera. Eso –ríe– desactivaba la prohibición”.

Vídeo del Museo del Juego y el Deporte Tradicional de La Almunia de Doña Godina

En las vitrinas hay piezas de gran valor sentimental. “Los juegos que están aquí han sido jugados en su gran mayoría, tenemos pocas réplicas. Eso es importante; muchos expertos hallan en La Almunia cosas que solamente habían visto en foto”.

También se atiende al lanzamiento de barra aragonesa con los diversos aperos de labranza, y a la bola. “Aquí en La Almunia había mucha afición, las tiradas de bola de pueblo a pueblo en los caminos eran toda una sensación. Se sigue practicando los domingos. Tenemos bolas de todo tipo, desde madera a reforzadas con metal, claveteadas… también nos hacemos eco del lanzamiento de quesos, famoso en Inglaterra y también en Croacia e Italia. En un encuentro vinieron los italianos con un parmesano gigante, que luego nos comimos”.

Se ha hecho hueco a la pelota mano, la cesta punta y sus elementos, tamborines (protobadminton) y la picota, un protogolf con algo de cricket y béisbol. También llaman la atención los hoyetes, la ranita, los dardos de plumas de faisán, el juego de las cintas que había que ensartar por la anilla con un clavo yendo en bici y el adictivo billar holandés, al final del recorrido. ¿Abrumados? ¿Nostálgicos? ¿Ha sido demasiada información o dan ganas de recomenzar el repaso? Háganlo ‘in situ’...

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'

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