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Isuerre, vigía vocacional de la Bal D'Onsella

La localidad está en el corazón de un valle privilegiado, virgen de masificaciones, que ofrece a los amantes de la naturaleza una alternativa diferente.

En el mismo centro de ese enclave privilegiado que es la Bal D’Onsella, en las altas Cinco Villas, emerge Isuerre después de apenas dos kilómetros de subida asfaltada desde la carretera que serpea junto al cauce del río Onsella. Un mirador único hecho pueblo (aún los hay más altos en la zona, allá por Los Pintanos) que alberga poquita gente y muchísima ilusión. Además de bien avenidos, los habitantes del pueblo saben del carácter privilegiado de su ubicación; se reúnen en el Balcón D’Onsella, en la parte más alta del pueblo, y desde ahí van moviéndose a izquierda, derecha y fondo para explorar a conciencia las posibilidades de fundirse con la naturaleza.

Miguel Ángel Bezunartea es vecino de Isuerre, con raíces en Ochagavía (Navarra); ya en la etapa otoñal de su vida, pero fuerte como un roble, ha tenido oficios muy diversos, desde el ganado por el campo en la infancia a la madera, labores de foresta y otras ocupaciones citadinas como la papelera en Sangüesa, o el una fábrica de botellas de plástico en Zaragoza; además, tiene mili en El Aaiún para dar rienda suelta a historias exóticas en el valle cuando se tercia. "Finalmente regresé aquí -explica- y aquí estoy muy bien. Tenemos buenos sitios para visitar y unas grandes vistas. A Peñarrata, por ejemplo, que está aquí mismo a 10 minutos, dicen que parece la roca del Rey León -ríe- o a donde Esmeralda y Denis tienen los caballos", en referencia a los gerentes del Balcón de Onsella, ya hechos al pueblo tras cuatro años de estancia. También le gusta a Miguel Ángel una loma en la que hay una serie de curiosas ‘antenas’ que parecen parte de una estación espacial. Y colabora en el belén cada año. "Hacemos un tablado, caballetes y paneles con bombillas. Además de todas las figuritas, ponemos estrellas, que aquí las tenemos arriba muy claras. Hasta la Osa Mayor", sonríe de nuevo.

Esmeralda Ezquerro y Denis de Rosas llevan el Balcón D’Onsella desde 2016; les avisó de la disponibilidad de su amigo Sebas, cartero de la zona. Es el restaurante y bar municipal, pero los guisos de Esmeralda y las especialidades al horno de leña de él le confieren en la zona un caché de muchos tenedores. Además, el Museo Micológico está en el nivel superior y hay una placita con vistas justo delante del bar. Denis hace hincapié en el tema micológico. "Tenemos este museo de setas, y veníamos pensando que también se podía hacer un parque de setas, por una razón: no hay ningún sitio en España que tenga las dos cosas. A la gente del pueblo le encantó la propuesta, hemos buscado artesanos y presupuestado la iniciativa ya hemos empezado y el año que viene queremos ir completando figuras a la entrada del pueblo".

"Las ideas no faltaan, pero hacen falta unos mínimos apoyos. Por nuestra parte, también queremos -apunta Esmeralda, experta amazona y amante de los caballos, como Denis- traer una vaca lechera y hacer un poco de granja-escuela para completar una excursión diversa, que incluya igualmente la visita al museo y el parque micológicos. La idea es no quedarnos quietos, seguir pensando cosas para que vivir aquí siga siendo bonito y, además, emocionante".

Carreras de caballos y un horno de leña para las celebraciones

Esmeralda Ezquerro, además de hostelera y empresaria, es acróbata. "Hago un show de acrobacias con mi caballo Capote, a los niños les encanta, pero es solamente una parte de las posibilidades que estamos planteando para hacer en Isuerre. Toda nuestra actividad tiene dos bases; hacer cosas buenas para el pueblo y seguir tratando de que las locuras bonitas se hagan realidad".

En el aterrizaje de esas ideas también colabora el horno artesanal de leña en el que Denis hace pizzas de fábula y asa de todo. "Aquí hacemos la fiesta de la matanza, medievales una vez al año -explica Denis- y otras fiestas tradicionales, pero ahora estamos empeñados en un proyecto muy interesante, que queremos impulsar cuando mejoren las condiciones generales. Yo he sido jockey y he diseñado una carrera muy especial, que necesita implicar a otros 15 pueblos, centrada en purasangres ingleses. Cada caballo representaría aquí a un pueblo, y el jinete portaría el escudo del suyo en su camisilla. La idea sería juntar aquí a vecinos de cada sitio el día de la competición para jalear a su caballo, y el trofeo sería para el pueblo".

Lo bueno es que los pueblos de la Bal D’Onsella están de acuerdo, según afirma Denis. "También Petilla de Aragón, e invitamos a Javier y Sangüesa, porque tenemos mucha relación con ellos. La inversión por pueblo no es grande, y además de los vecinos seguro que vendría también gente de Ejea y Pamplona, por ejemplo. Haríamos cuatro carreras, tres clasificatorias y la final, con espectáculos en medio como las acrobacias, carreras de burros y encuentro gastronómico. Es algo que no se halla en otros sitios. Ya he hablado incluso con un eurodiputado, y le gustó la idea como elemento de dinamización rural". Soñar es gratis, o muy barato. Habrá que cruzar los dedos.

El Museo Micológico, una excelente herramienta lúdica y didáctica

Los caballos de Esmeralda (Yala, Bao, Garoe, Chelda, Dalí, La Cubanica o Lola, entre otros) no pueden entrar al Museo, aunque en la puerta sí hay una efigie en madera de Capote, su equino acróbata. El Museo Micológico de Isuerre se abrió en 2007. "Ojo, de aquí sales sabiendo -afirma Miguel Ángel Bezunartea- porque está todo muy bien explicado, lo que sí y lo que no se debe hacer". Las setas de la zona están muy bien descritas, con sus correspondientes niveles de toxicidad en el caso de las venenosas. La favorita de los niños es el ‘pedo lobo’. "Es comestible -explica Miguel Ángel- hasta que empieza a ennegrecerse y suelta un polvillo. Ahí ya no, claro". Una de las enseñanzas del museo es que nunca hay que lavar las setas; solamente se debe quitar la tierra; se cortan de manera limpia con un cuchillo metálico por la base, para que el micelio del hongo se conserve mejor.

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