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Viajes

aragón es extraordinario

Un gran templo vigía vela por La Almolda

Consagrada a Santa Quiteria, patrona de la localidad junto a San Úrbez, esta edificación es epicentro del fervor popular, repartido en varios enclaves

En La Almolda se toman muy en serio lo del crecimiento sostenido. Se trata de un concepto inmaterial que va encontrando ocasiones para materializarse en el transcurso de los años, siempre paso a paso, desde su atalaya monegrina, esos siete kilómetros de recta hasta la vecina Bujaraloz que marcan un camino transitado con frecuencia en los últimos tiempos por las producciones audiovisuales. ‘Hanna’, serie de Amazon Prime Video protagonizada por rostros populares de la televisión como Joel Kinnaman y Mireille Enos (que ya estuvieron juntos en ‘The Killing’) junto a la bisoña protagonista Esme Creed-Miles, rodó varios días en el término hace ahora un año. Manuel Lamenca, alcalde de la localidad, está orgulloso de cada paso productivo, desde el rescate progresivo del patrimonio al brillo de la biblioteca municipal (multipremiada a nivel nacional) o la solvencia del bar local, que ha sorteado las limitaciones de la pandemia con una amplia terraza. “Aquí trabajamos todos día a día para mejorar la calidad de vida de los vecinos, desde los detalles aparentemente más pequeños a las apuestas de presente y futuro”.

Santa Quiteria es la patrona (honor compartido con San Úrbez) y la gran ermita consagrada a la santa vigila la vida del pueblo desde lo alto. Una edificación singular que recoge, solícita, el fervor de los habitantes del pueblo; exhibe hechuras barroca de planta rectangular con nave de tres tramos, cubierta por bóveda de medio cañón. Los reflejos dorados y luminosos del altar mayor se quedan en la retina al instante; sobre las capillas hay tribunas abiertas a la nave mediante balaustradas de madera, que se prolongan en el órgano y el coro. Además, las vidrieras (en las que predominan los tonos azulados) resaltan poderosamente en las alturas de la ermita.

La fachada es de ladrillo con remate escalonado, pares de pilastras flanqueando la nave central y el eje de la puerta de acceso, de medio punto. El templo está construido sobre una iglesia anterior, de los siglos XV ó XVI; el actual edificio fue construido en el siglo XVII, y se amplió en 1702 con la construcción de la zona del crucero y de la cabecera. A ambos lados del portón de entrada hay recitados –llamados ‘gozos’– a la santa y al otro patrón, San Úrbez, para pedir el agua. En cuanto a las campanadas de Santa Quiteria, se dan a mano en una campana que data de 1951; se oye en siete kilómetros a la redonda. En el altar mayor, la imagen de Santa Quiteria está jalonada por San Úrbez y San Francisco, amen de ocho figuras que representan a las hermanas de la santa, todas ellas identificadas nominalmente. En la primera planta, una veta natural de piedra cortada en el monte que ciega un ventano tiene una figura que la creencia popular asocia a la de la Virgen

Las fiestas de Santa Quiteria y San Úrbez tienen en los mayordomos a una figura esencial, que se encarga de preparar las figuras de los santos patronos desde una semana antes de que empiecen las fiestas, que coinciden (en este no ha sido posible) con el intervalo entre el 21 y el 25 de mayo. “No era momento de celebrar, todo el mundo lo entendió. Ojalá que el año que viene se den las condiciones para que los pueblos podamos retomar nuestras tradiciones”, concluye Manuel.

El dance local, una actividad ancestral que mantiene todo el brillo

Las fiestas de Santa Quiteria y San Úrbez y la intervención de los danzantes en las celebraciones son el momento álgido del año en La Almolda. “En verano hay fiestas más sencillas, pero también muy disfrutadas”, explica Montse Olivares, presidenta de la Asociación de Mujeres La Candelera. El dance de La Almolda tiene más de un siglo de historia con las actuales hechuras, y la tradición se ha mantenido a cabalidad, con reflejos exitosos en encuentros regionales de danzantes. Hay un pequeño Museo del Dance en la casa contigua a la ermita de Santa Quiteria, donde se explica entre otras cosas la relevancia del mayoral en la fiesta. La familia Samper tiene los últimos mayorales: Máximo, su hermano Luis y Blas en la actualidad. El que fuera presidente de la DGA, Hipólito Gómez de las Roces, fue nombrado mayoral honorario en 1977 durante una visita al pueblo.

Iglesias, ermitas y capillas para una ruta pía de insólita riqueza

Montse Ordovás y Manuel Lamenca están orgullosos como almoldanos de las nuevas alternativas turísticas de un pueblo que aunque no figura en rutas prefijadas sí atesora el embrujo monegrino en todo su esplendor. En estos momentos se marcan nuevos senderos y rutas para bicicleta, que marcarán la incorporación del municipio a las listas de los aficionados gracias al místico entorno que ofrecen.

“En el pueblo también hay una novedad interesante –explica con orgullo Montse– y es el adecentamiento de una zona céntrica tras la demolición de una casa que amenazaba ruina. Se ha arreglado en forma de plaza, dedicada expresamente a recordar el dance, y hay un bonito mural que lo recrea, aludiendo además de Santa Quiteria. Desde la Asociación de Mujeres hemos hecho todo lo posible por echar adelante este proyecto”.

Manuel, por su parte, revela satisfecho el avance de un centro social con ascensor para la tercera edad en la trasera del bar, compuesto por salas magníficamente dotadas para el ocio y la lectura. “En estos momentos, y por cuestiones de seguridad, no se pueden aprovechar al máximo, pero este enclave es un logro del que estamos orgullosos”. En cuanto a las rutas pedestres y de BTT, la más transitada es de 12.5 kilómetros: una circular sencilla y agradable, sin apenas desnivel.

Un pueblo pío

La parroquia local está consagrada a Nuestra Señora de la Luz; se enmarca en el gótico tardío y data del siglo XVI. La capilla de la Virgen del Pilar, situada en el centro del lado del Evangelio, fue ampliada en el XVII y cubierta con una cúpula sobre pechinas con linterna que se decoró con yeserías y motivos mudéjares.

Hay otra iglesia en La Almolda, aunque en este caso se halle en ruinas y jalonada por el cementerio local; la del Espíritu Santo, a las afueras. No se puede visitar libremente, por el riesgo que conlleva, pero con la compañía de un empleado municipal se puede apreciar en sus restos una hechura barroca; además, su origen es conventual. El interior está vacío, aunque actualmente se conserva un rico vivero en una de las dependencias posteriores para fines de repoblamiento ornamental.

Por si fuera poco, La Almolda cuenta con otras tres edificaciones religiosas en el casco urbano y sus lindes: la ermita de San Antonio y las capillas de San Juan y del Pilar. La primera es del siglo XVII y se halla en una encrucijada de la parte baja del pueblo. Está totalmente encalada, salvo la linterna y la fachada, construida en ladrillo. La capilla de San Juan se construyó en el siglo XX, y la del Pilar, de planta cuadrada y dos pisos, con la ermita en el superior y un arco rebajado en la inferior.

Saliendo de los templos religiosos, no se puede obviar uno pagano y decididamente brillante: la casa de los Rozas, que gracias a José María, uno de los hermanos propietarios, es todo un museo de arte propio o traído de allende los mares. Contigua, en la misma edificación, está la casa rural la Chocolatera.

LA ALMOLDA

Comarca. Los Monegros.

Cómo llegar. Desde Zaragoza, su capital de provincia, hay 76 kilómetros por la AP-2 y 69 por la A-1104.

Para comer y dormir. En el amplio centro social local se ofrece servicio de bar y restaurante, mientras que para la pernocta se cuenta con la casa rural La Chocolatera.

El antiguo castillo. Los primeros registros sobre su existencia datan de finales del siglo XII, concretamente de la cesión que hiciera en 1195 Alfonso II al monasterio urgelés de Bellpuig de las Avellanas, aunque se cree que su origen es árabe.

Tierra de cine. La Almolda forma parte del área de influencia de la Monegros Film Commission, servicio de información y asesoramiento a las productoras interesadas en filmar en la zona.

Botijo con truco. La Almolda tiene su botijo típico, con la particularidad de presentar varios pitorros. No se sabe con seguridad cuál es el que está destapado, lo que produce situaciones hilarantes, sobre todo con los intentos de beber de los no iniciados.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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