Despliega el menú
Viajes

aragón es extraordinario

Fuendejalón, el señorío del viñedo viejo

Bodegas Aragonesas marca la pauta en la tierra dorada de la garnacha con su proyecto sustentado por vinos de altísima calidad y predicamento mundial

El tirón turístico del vino es innegable. Lo dice Enrique Chueca, el director general de Bodegas Aragonesas. La firma está asentada en su pueblo, Fuendejalón, que también es el de su esposa y sus padres. “Se fundó en 1984, con un modelo muy innovador en la época; se trataba de la primera sociedad anónima en España procedente de una cooperativa para comerciar todo tipo de productos, vinos en este caso. Este formato agilizó las decisiones desde el principio: la cooperativa en la producción y la sociedad anónima en la comercialización, con gestiones diferentes. Los agricultores socios, eso sí, han demostrado siempre un gran talante comercial, y a ese hecho se deben muchos éxitos de este grupo”.

En 1994 se adhirieron a la sociedad la cooperativa de Magallón y el Instituto Aragonés de Fomento (IAF). “Fue una de las primeras participaciones del IAF, que llevaba poco tiempo en funcionamiento e hizo un aporte esencial a nuestro proyecto; este esquema continúa y ninguno de los socios tiene mayoría absoluta. Entonces estábamos en una fase de modificación estructural en cuanto a la estrategia; queríamos evolucionar más rápido. A día de hoy, las decisiones siguen fluyendo, sin choque entre los socios”.

Enrique marca otro punto de inflexión para la bodega y toda la producción local. “Se encargó un estudio de consultoría a Price Waterhouse para que se definiese una estrategia mundial destinada a posicionar los vinos de Aragón. El modelo de Campo de Borja brotó un poco de allá; luego fueron apareciendo otros proyectos de éxito”

Bodegas Aragonesas trabaja a lo grande. En la última vendimia ha manejado casi 20 millones de kilos de uva este año. “Hace medio siglo, la garnacha era el 90% de esta zona; hemos conseguido mantener una extensión de viñedo viejo muy amplia, la más grande del mundo con casi mil hectáreas de este tipo, y gozamos del reconocimiento de nuestro sector por ello. La garnacha es la reina, pero ambién trabajamos otras uvas, empezando por el tempranillo, cabernet sauvignon, syrah, merlot y algo de mazuela en tintas, mientras que en blancas tenemos chardonnay, macabeo, moscatel de Alejandría y verdejo”.

El director general de Bodegas Aragonesas afirma con una sonrisa pícara que “no sabemos hacer vinos malos. Los de gama alta son todos basados en garnacha, empezando por el Garnacha Centenaria, con un precio asumible, vale más de los 9 ó 10 euros por los que se vende. Por encima está el Aragonia, con un periodo de barrica más largo, y un escalón más arriba tenemos al Fagus, reconocido en todo el mundo; ya nació de pie con la primera añada en el 2000, porque fuimos el 13 de puntuación en la guía Peñín ese mismo año, rodeados de vinos carísimos. Fueron 24.000 botellas en el lanzamiento al mercado en 2002, y duraron tres semanas, a pesar de que se vendía a 3.000 pesetas (18 euros) la botella. Para describirlo bastaba una premisa, ‘el que nos gustaría tomar’. Lleva tres añadas juntas, que le da una estabilidad tremenda. Pensamos que si no lo vendíamos, nos lo beberíamos nosotros. En lo alto de la pirámide de la bodega está el Galiano, que se destina casi por completo a la exportación y hace producciones cortas, casi todo va a China, seguido de Estados Unidos y Suiza. Cuesta 80 euros la botella en España, y 500 en China”.

Vídeo de Fuendejalón en 'Aragón es extraordinario'

El mielero que no se pone límites y reta a su propia imaginación

Adolfo Cuartero es apicultor y empresario; la palabra afanado le calza como un guante a la mano de un tirador de esgrima. Lo de apasionado con su trabajo también le pega; la diversidad y calidad de su producto le ha valido un sitial privilegiado en el sector de la miel, que se afana en conservar dándole rienda suelta a la imaginación con su marca, Miel del Tío Juan Cruz.

“La empresa comenzó en 1996 y empezamos a envasar dos años después, pero ya trabajábamos en el sector desde 1983 por el impulso inicial de mi padre. Nuestro objetivo ha sido y es preguntarnos ‘por qué no’; tenemos la suerte de contar con una botánica privilegiada, y sabíamos lo que podíamos cosechar, de una calidad muy superior a lo que solía haber en el mercado, pero el tema de la intermediación era una barrera para el crecimiento. Finalmente nos animamos y dimos el salto al envasado y comercialización, para que no nos afectaran mucho los años de mucha producción y problemas para colocarla en el mercado. La sobreoferta fue terrible cada vez que llegó, hubo un momento en que nadie compraba a granel”.

Adolfo recuerda aquellos tiempos batalladores con emoción. “A partir de nuestro inicio formal, que llegó en un cuartito en la parte de abajo de casa, empezamos a mover producto por los pueblos; éramos los clásicos mieleros con bidones de 35 litros de puerta en puerta. Así empecé, voceando ‘el mieleero’. La transformación fue gradual, pero sin parones, que si el motor no funciona la máquina se gripa”.

Un poco más allá

Tras el símil motero, Adolfo aterriza un poco más la idea. “El siguiente paso fue trabajar sirviendo directamente a tiendas; empezamos a vender más, invertimos en esta nave actual y empezamos a envasar en grandes cantidades. En su día teníamos quizá unas expectativas demasiado grandes para el tamaño de negocios de entonces, aunque ahora se nos ha quedado pequeña la instalación; no obstante, dado el momento que vivimos todos, no nos hemos querido meter en una inversión estructural grande. por ahora, vaya”.

El mielero de Fuendejalón repasa los detalles de su evolución como empresa. “Fuimos buscando los mejores mercados, los pedidos subieron... siempre aspiramos a estar entre las mejores mieles de España. Además, hemos incorporado a nuestra oferta mieles del este de Europa que aquí no se estilan, como las de frambuesa, cilantro, acacia o tilo. También tiene buena salida el vinagre de miel en dos variedades, normal de vino y de manzana, sin vino, para atender a la comunidad islámica y a cualquiera que tenga curiosidad por probarlo, claro. Seleccionamos los mejores puntos para poner nuestras colmenas, zonas sin agricultura industrial para eliminar todo riesgo de alteración, aunque suponga un esfuerzo añadido. Hay colmenas nuestras en varios pueblos en el Moncayo, y en los Monegros para aprovechar el romero; son lugares excepcionales dentro de Aragón, que nos proporcionan unas mieles estupendas”.

De la garnacha a las Garnachicas, azúcares y sal en su justa medida

Fuendejalón tiene un activo muy grande en su gente; abundan las mentes abiertas y los espíritus proactivos. “Creo –apunta Enrique Chueca– que también somos generosos con el foráneo, aquí no cuesta entrar. Y hay cosas para enseñar, como la ermita de la Virgen del Castillo, nuestra patrona, con una fiesta muy bonita y frescos de interés. Además, la parcela gastronómica está muy bien cubierta; en un pueblo de 750 habitantes hay cuatro restaurantes, y todos tienen buena relación calidad-precio. A Fuendejalón gente viene a visitar nuestra bodega, al Rodi para probar su sal de garnacha y sus Garnachicos, a comprarle al mielero local del Tío de Juan Cruz, con grandes productos; por nuestra parte, el trabajo de las visitas es una inversión a futuros, que programamos de lunes a sábado. La gente se va encantada y cuando llegan a casa, corren la voz; es la mejor publicidad”.

FUENDEJALÓN

Comarca. Campo de Borja.

Cómo llegar. Desde Zaragoza, su capital de provincia, hay 56 kilómetros por la A-68 hasta Pedrola y la CV-620 hasta destino.

Dónde comer. Hay cuatro restaurantes en el pueblo, un número considerable. En el Rodi, de larga tradición familiar, destaca la originalidad y el detalle; se sigue con la Bodega el Churro, muy tradicional en platos de cuchara y carnes, además del Tariro y sus raciones y el Pistolo en la estación de servicio, de menús muy solventes.

Ermita de Nuestra Señora del Castillo. Fue erigida en el XVIII sobre el solar de la antigua fortaleza. Es un edificio de tres naves y planta rectangular con seis pequeñas capillas laterales. La imagen de la Virgen es la pieza más antigua en ella: data del siglo XIII.

La parroquia. Bajo la advocación de San Juan Bautista, el templo es de construcción gótico-mudéjar, de la segunda mitad del siglo XVI. En el paño central de la cabecera figura la fecha de factura de la iglesia: se trata del 19 de agosto de 1597.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

Etiquetas
Comentarios