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Viajes

aragón es extraordinario

Cuevas Labradas, trufa y hornos de miel

Esteban Fuertes y María Gil de Albornoz acumulan dos décadas de experiencia en el afán trufero, y preparan el inicio de la campaña en este pueblo contiguo a Teruel

Esteban Fuertes y María Gil de Albornoz son actualmente los representantes locales de Cuevas Labradas en el negocio de la trufa. Con su casa y sus campos en este pueblo de la ribera del Alfambra, a apenas 14 kilómetros de Teruel capital, llevan un tiempo en el afán; los inicios no fueron sencillos, como suele ocurrir con los proyectos que empiezan abriendo senda. “Hace 20 años empezamos a darle vueltas al tema de la trufa –explica Esteban, que trabaja en mecánica en Teruel– y por aquel entonces empezaba la feria en Sarrión. Estuve en la segunda edición, de hecho; te vendían las plantas y las vallas, te daban pautas... y bueno, nos lanzamos a poner micorrizadas”. “Se lanzó –reconoce María– porque cuando me lo dijo, me eché las manos a la cabeza. Entonces parecía una locura”. “Empezamos a plantar, la tierra no es buena para otros cultivos, por pedregosa, pero cuando a los cinco años empezaron a salir trufas, ya no estábamos tan locos como creían algunos de los vecinos. A ver, no tenemos muchas tierras, y esto tampoco te hace rico además de ser muy sacrificado, pero sin duda es un extra”, apunta Esteban. por cierto, hay que eliminar toda la vegetación existente en la finca, tanto la herbácea como la leñosa, y hacer un arado profundo.

La mejor explicación es siempre sobre el terreno, y la pareja se presta a informar al lego en su plantación. Les acompaña Pecas, una perrilla muy lista de seis años, que hará de puntero láser con patas. “Es algo viejica para la trufa, pero tiene mucha energía y aún hace bien su trabajo –explica María– y en cuanto se centra, encuentra. Búscala, Pecas... allá va”.

Pecas es un manojo de nervios, pero a la orden de su dueña olisquea, se acerca a una de las plantas, marca, escarba y se aparta; hay una tuber melanosporum (nombre técnico de la trufa negra) bajo la tierra. María llega detrás con un machete estrecho que no sea punzante, y echa un vistazo antes de ampliar el hoyo, ver si se ha hecho ‘pozo’ y aparece la trufa. El hoyo debe taparse de inmediato con la misma tierra que hubo que quitar para llegar hasta la trufa, y no hay que sacarla si no están maduras o si están pasadas.

“No son muy grandes este año, no tenemos el riego que necesitamos aquí –explica Esteban– y eso condiciona el resultado. Los perros son fundamentales: antes teníamos a Bruno, pero un día se cansó y le cogió manía a la tarea. Era magnífico: recuerdo que le dije una vez a uno que ese perro nos iba a hacer llorar, pero de alegría; ya lo creo que lo hizo, cuando sacó la primera trufa”. María recuerda que la temporada va “desde el viernes más cercano al 15 de noviembre, cuando se abre el mercado de la trufa, hasta el viernes más cercano al 15 de marzo, aunque estás ya pendiente desde un mes antes y hasta un mes después”.

El matrimonio recuerda que el entorno de Cuevas Labradas tiene lugares fantásticos para conocer. “Senderos aparte, hay un lugar muy especial donde se pueden ver colmenas en cuevas de apenas un par de metros de profundidad, no demasiado accesibles. Son los llamados hornos de miel u hornos de abejas, se cree que vienen de la época de la dominación árabe. En su día tenían tapas de madera, las abejas entraban por un agujero y hacían sus panales ahí adentro”.

El refugio perfecto para disfrutar a plenitud de todo el entorno

La Herrería de Esteban está abierta como casa rural desde el verano de 2016. La llevan María Gil de Albornoz y su esposo Esteban Fuertes, mecánico en Teruel. María se encarga de la casa rural y también trabaja con la trufa. “No te hace rico –explica él– pero aprovechas el recurso que tienes. Le hemos echado esfuerzo, María sobre todo, y vamos adelante”. La casa tiene cinco habitaciones, dos cocinas, amplitud de espacios, coqueto patio para barbacoas y una historia con miga. El padre y el abuelo de Esteban eran herreros en el pueblo, y todavía se conserva en una dependencia de la casa el instrumental de la herrería, una buena excusa para que Esteban haga de vez en cuando honor a la habilidad heredada.

La otra ocupación de la pareja en el pueblo, ya detallada en estas páginas, acaba convirtiéndose también en un aliciente para sus inquilinos. “Cuando viene gente a la casa y les contamos el tema de la trufa, subimos muchas veces al campo con el perro, mostramos cómo se saca la trufa, recolectamos y después hacemos en la casa algo con ellas, cosas sencillas, como unos simples huevos fritos que con trufa saben de maravilla.

María y Esteban están enamorados del pueblo, y no lo ocultan. “A mí –apunta Esteban desde lo alto de la loma de Pinarejos Bajos– me encanta comprobar desde cierta distancia, en cualquiera de nuestros montes, la diversidad de paisaje que tenemos. El verde en el curso del Alfambra, el sabinar por aquí, un paisaje más blanco con carrasca, el pinar en otro lado... aquí también hacían yeso, quedan vestigios de la actividad, y hay una ruta muy interesante que recomendamos siempre; viene desde la loma blanca hasta la zona de Corbalán, y pasa por la ermita de Cilleruelos, un lugar muy especial”.

Tres referencia patrimoniales muy diversas en el ámbito religioso

La ermita de la Virgen de Cilleruelos está enmarcada en un paisaje magnífico, a unos cinco kilómetros del casco urbano de Cuevas Labradas. Se vinculó a la Orden del Císter y fue en su día dependiente del Monasterio de Piedra. Es un templo de una nave con tres tramos, cubierta por techumbre de madera y restaurada en profundidad. La ermita de la Virgen del Carmen, por su parte, es de mampostería y cantería, y la bóveda de su nave está reforzada por un murete y una viga en el medio de la misma. El atrio fue tapiado y todavía se distinguen las pilastras en que se apoyaba el tejado a cuatro aguas. Por último, la parroquia de San Juan Evangelista es un templo barroco datado en el siglo XVIII, con tres naves de cuatro tramos y cabecera poligonal. A los pies tiene la torre de cuatro cuerpos construida en mampostería. Los dos cuerpos superiores son ochavados. Se restauró en 1865.

CUEVAS LABRADAS

Comarca. Comunidad de Teruel.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay apenas 14 kilómetros por la N-420.

Gentilicio local. Labradino.

Dónde comer. Multiservicio El Sitio, junto a la iglesia.

Al desfiladero del Chorrillo. Desde el pueblo parte una ruta circular de 13 kilómetros en ida y vuelta, que se puede hacer cómodamente (con paradas) en cuatro horas. Tiene un primer tramo por camino rodado, por el valle abierto del barranco de Corbalán, y un segundo tramo puramente peatonal a través del desfiladero.

Yacimientos. En el puntal de la Peña de los Moros, junto al río Alfambra, se ha identificado un yacimiento de la primera Edad de Hierro, y en los Castillejos existe un yacimiento ibérico.

Rutas entre sierras por el Alfambra. Itinerario que sigue el trazado del río desde su confluencia con el Guadalaviar hasta el punto donde accede al valle del mismo nombre. Llega a Cuevas Labradas desde Villalba Baja y continúa hacia Peralejos.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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