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Viajes

aragón es extraordinario

Boltaña fluye: pura poesía en movimiento

El equilibrio entre la magia de la zona alta y el vibrante pueblo a ras de carretera hace de Boltaña un destino completo, rodeado de arrebatadora naturaleza

Pasa muchas veces: el nuevo par de ojos que se posa en una plaza alejada de su terruño, y descubre en ella matices que no valoran los de casa. Eso no ocurre al cien por cien con Boltaña: la mirada de amor de quien aterriza se cruza con la satisfacción de los que ya estaban allí, conscientes de su privilegiado marco. Bea Silvestre vino de Madrid al Sobrarbe hace 17 años: seis en Aínsa al principio, y ya son 11 en Boltaña. Se define como actriz rural, guía local y poeta náufraga. Las dos primeras se explican por sí solas, pero la tercera necesita su nota aclaratoria. La ofrece en la plaza mayor de Boltaña, en la terraza de La Goleta, mientras suena el bolero del panameño Carlos Eleta Almarán que bordaron Pedro Infante y Luis Miguel: ‘La historia de un amor’.

“Publiqué –revela Bea– un librito que se llamaba ‘Poemas en una botella y otros versos buscando tierra’ que hablaba mucho del agua; de ahí me salió la idea de los poemas náufragos, y el agua está por todas partes aquí. Yo era azafata de vuelo y no conocía esto, pero escuché a La Ronda de Boltaña en un festival de Alagón, donde me habían llevado unos amigos, y decidí que quería conocer la tierra de aquellos señores. Vine un verano a Boltaña, para fiestas; conocí Jánovas, Aínsa… y lo vi claro. Al año siguiente ya estaba por aquí”.

Vïdeo de Boltaña en 'Aragón es extraordinario

Bea cinceló su triple identidad desde temprano. “Siempre he escrito, empecé en la interpretación con el grupo de teatro ‘El Eco’ de Aínsa y estudié Turismo. De otro colectivo, ‘De Tripas Corazón’, salimos tres personas con el objetivo de combinar actividades turísticas, culturales y arte”.

Boltaña está en el valle el Ara, el río salvaje del Pirineo. “No está represado en ningún tramo de su cauce, que va de Bujaruelo al Cinca –explica Bea– y para mí sus aguas son mágicas. Además, están las pozas: las de Ascaso son una maravilla, con la roca calcárea, los toboganes y badinas. El Confesionario es otra barbaridad, una cascada que brota de la roca, con una forma muy especial –sonríe– y nuevos accesos; antes solo se podía llegar deshaciendo el barranco de Sieste por las pozas de San Martín, que son fantásticas, pero ahora hay un sendero limpiado por los Amigos de los Caminos Tradicionales del Sobrarbe, la gente de Zona Zero”.

La plaza Mayor tiene un encanto innegable, extensivo a todo el casco antiguo. “Hay que recorrerlo, callejear, es uno de los más grandes del Pirineo –explica Bea– y también vale la pena un paseo por la zona baja. Las casas típicas tienen espantabrujas, chamineras, símbolos de protección… y mucho por revelar;un ejercicio interesante es llegar al castillo, cerrar los ojos y dejar que te invadan las sensaciones”. Saliendo de Boltaña hay mucho más que ver en el término: pueblos como Sieste, Espierlo, Silves y Morcat son miradores naturales, como también ocurre con el monte Navaín o Crapamote.

Bea no se cansa de piropear a la Ronda. “Qué os digo... a mí me cambiaron literalmente la vida, y a todos nos que topamos con ellos nos la mejoran; tenemos suerte de que sean de aquí. para mí se trata de una fuente de sabiduría hecha música, consagrada al rescate de la historia y el color de los sentimientos, las emociones de personas en territorios olvidados por mucha gente”.

Irse de Ronda con los de Boltaña: una sana costumbre que cautiva

Manuel Domínguez nació en Zaragoza y toca el acordeón diatónico. Lo de Ignacio Pardinilla, de Aínsa, es la guitarra, mismo instrumento que rasga con su hermano Joaquín, músico avezado en el jazz, el blues y lo que le echen. Manuel e Ignacio son miembros fundadores de La Ronda de Boltaña; hace tres años, la agrupación cumplió el cuarto de siglo y recibió un caluroso homenaje en el Teatro Principal con motivo de los Premios de la Música Aragonesa. No obstante, la suya es una trayectoria jalonada de premios cotidianos, los aplausos y la devoción del público en todos los rincones de Aragón.

“Somos un grupo de amigos que quería divertirse con la música –explica Miguel– y buscaba además recuperar el uso de instrumentos tradicionales para expresarnos a nuestro gusto. Se nos ocurrió hacer canciones con los sentimientos y vivencias que nos brotaban al tocar; habíamos nacido para rondar por ahí y de pronto estábamos grabando discos, íbamos a tocar muy lejos y la gente conocía las canciones... un ejemplo de lo que genera la Ronda es la canción ‘El país perdido’: es una de nuestras primeras composiciones, y habla del Sobrarbe, pero allá donde vamos la gente la canta como suya, aunque estén a 300 kilómetros. Con Teruel, por ejemplo, tenemos una gran conexión”.

Las historias y el modo de contarlas: ahí reside el caballo de batalla para los rondadores. “Tenemos nuestra forma de trabajar, pero hay que recordar que nuestras canciones son propias, no revisiones de clásicos populares; lo añejo es el modo de aproximarnos a esas historias”.

Empatía

El ‘palabro’ sirve para definir lo que siempre ha sido en el arte sentir algo en las tripas, en el corazón. “Vivimos –prosigue Miguel– de la emoción participativa, sobre todo en las rondas callejeras; se juntan los vecinos que no se han visto en todo el año, hablan, comparten… el sentimiento que transmite la música a la gente es el que sentimos nosotros al tocar, no es impostura. Conectamos primero con Boltaña, luego todo Sobrarbe, luego todo el Pirineo, luego de aquí a Zaragoza y finalmente todo Aragón. No vamos a proyectarnos más allá, nuestro ámbito es rural, compartimos mundo. ¿Sabes cuando alguien dice algo que tú querías decir? Rápidamente hay una conexión. Me ha pasado con canciones de otros y a la gente le pasa con las nuestras”.

Ignacio celebra seguir sorprendiéndose. “Me ocurre al ver la intensidad de la gente con La Ronda. Seguiremos en la brecha, porque cada lugar que visitamos nos carga las pilas. Nadie rebla. ¿Relevo? No. Nunca se planteó nada más allá de nuestras propias trayectorias, sin saber siquiera cómo iban a desarrollarse las cosas. Habrá una continuidad de la Ronda, pero no saldrá de Boltaña. Nosotros salimos gracias al influjo de gente como Labordeta, en el futuro habrá otro esquema, pero no somos una escuela, solo un proyecto que nunca se planteó el futuro, ni nada. Fíjate que ni siquiera nos pusimos un nombre, nos lo pusieron la gente de los pueblos de alrededor”.

Barceló Monasterio de Boltaña, un cinco estrellas que masajea las sienes

Situado a las afueras de Boltaña, este hotel de cinco estrellas es el producto de la renovación del antiguo Monasterio de Boltaña, datado en el XVII. El establecimiento dispone de 96 habitaciones y 40 villas, con unas increíbles vistas hacia los Pirineos y el río Ara. Tiene restaurante a la carta (Marboré), bar snack (Somontano), cafetería (El Rincón), una extraordinaria terraza solárium con piscina exterior, parque infantil, iglesia del siglo XVII con capacidad para 220 invitados, ‘fitness center’, taller especializado de bicicletas, 4 salones con capacidad para 360 personas y un spa de 1.100 metros cuadrados. ¿Qué añadir a toda esta magnificencia? Como suele ocurrir en los sitios que valen la pena, los detalles; la sobria elegancia de cada corredor, las magníficas mañanas que regala el entorno haya sol o nubes, la silueta del edificio principal, el rumor salvaje del río bajo el puente de entrada... un lujo.

BOLTAÑA

Comarca. Sobrarbe.

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 94 kilómetros por la E-7 y la N-260.

Dónde dormir. Hotel Monasterio de Boltaña a las afueras del pueblo, hotel Boltaña en el centro (reabre en la próxima primavera, con pizzería incluida) y dos opciones de Camping, La Gorga y Boltaña, amén de una amplia oferta de casas rurales.

Dónde comer. Casa Coronel (tradición e imaginación en platos de cuchara y carnes) y el Asador Zabrín (insoslayable su ‘panna cotta’ de romero) son dos grandes elecciones. De tapeo, La Goleta (plaza Mayor) está siempre de guardia. En la zona de abajo, el Aragonés, y su almuerzo típico, el Avenida y el reabierto Parador. En Margudgued brilla el Pajar y sus cangrejos con tomate.

La Muestra de Cine de Ascaso. Conocida como la muestra de cine más pequeña del mundo, la cita fílmica (cineascaso.org) celebró el pasado mes de agosto su novena edición en esta hermosa aldea situada a siete kilómetros de Boltaña.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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