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aragón es extraordinario

Monroyo tiene un secreto que reconforta

El singular y estiloso hotel Consolación está situado junto a la ermita del mismo nombre y muy próximo al secadero local Soincar

Mucho se ha hablado a estas alturas del hotel Consolación, la parada ‘chic’ en el extremo suroeste del Matarraña, el hotel que redibujara desde su aparición el concepto de privacidad. Son esos cubos, sin duda. Habitaciones sueltas, cercanas entre sí pero no adosadas, que miran con ojos de límpido cristal un monte lleno de pino y carrasca. En la finca también almendros y olivos, mesitas con sillas simples, apartes con chair longs apuntando a la espesura, piscina y caminito... es curioso comprobar como la imaginación halla enseguida el refrendo en tres dimensiones dentro de este lugar que, por supuesto, ofrece la tranquilidad elevada al cuadrado. No, al cubo. y Monroyo saca pecho.

En el hotel hay 13 habitaciones, 10 son cubos (hay uno doble, indicado para familias o grupos) y uno señalado metafóricamente con tiza, el 3, reservado normalmente a parejas que celebran ocasiones especiales. En el edificio principal, junto a las zonas comunes y el antiguo garaje reconvertido en salón de música y eventos, hay tres habitaciones, una de corte barroco y dos recién acabadas, con bañera suspendida y camas de roble.

Se hace cocina a la vista regularmente; los cambios de carta suponen visitas de algún chef de primer orden, que enruta la nueva propuesta ‘in situ’. En Navidad y fin de año, por supuesto, hay menús especiales; para recibir el año entrante se hace aperitivo en el garaje, copa en la zona de la ermita, cena especial en el restaurante y nuevamente brindis con música en la zona del garaje, antes de las 12 campanadas que se tañen desde la ermita.

El hotel tenía un elemento muy significativo, que, desgraciadamente, ya no está. Un rayo partió a mediados de agosto durante una tormenta el olmo centenario que se alzaba frente a la ermita. Hubo que cortarlo; el hotel ha conservado parte de la madera y quiere dedicarle un recuerdo. Por otro lado, el Consolación tenía un sofá al final del sendero que se acerca al barranco, mueble inspirado en el Chesterfield naranja de la serie ‘Friends’; quedó afectado por la misma tormenta, pero se va a reponer para seguir albergando escenas románticas, pedidas de mano incluidas.

¿Y qué hay en la caja?

Los magos usan esta frase antes de desvelar el final de un truco. Aquí, la magia está sobre todo en el paisaje; el interior de los cubos no tiene mucho misterio una vez se accede a ellos, pero lo conserva intacto al aproximarse, ya que no se ve su interior desde el camino. Suelos en pizarra natural, como las bañeras con hidromasaje excavadas en el suelo, cómodas sillas Butterfly, gran cama en formato tatami, baño privado y chimenea. Si no se asoma el cuerpo a la terracita del cubo, nadie puede ver el interior. La inspiración, reconocida por los dueños, es el arquitecto texano Craig Elwood, famoso por su Case Study House 16 y las estructuras paneladas.

Un aviso a navegantes; aunque en los tiempos del GPS (y de Google Maps, sobre todo) no hacen tanta falta las señales ostentosas, las que conducen al Consolación son tan minimalistas como el propio hotel, y el nuevo trazado de la carretera nacional hace que haya que estar atentos para no pasarse el desvío de acceso. Si ocurre, la cosa tiene fácil y rápida solución; el tiempo se detiene en un hotel como éste.

La ermita con alma de santuario y la parroquia dedicada a la Asunción

La ermita-santuario de la Consolación es el origen espiritual del hotel del mismo nombre. Se abre al culto dos veces al año, para la Virgen de agosto y el lunes de Pascua. Es un día de abrazo entre el pueblo y su refugio de lujo, con celebración religiosa y comida popular para cerca de medio millar de personas. La edificación es barroca, construida en mampostería y sillería con planta de cruz latina y nave de un solo tramo. Tiene en la entrada una fecha marcada en la piedra: 1731.

En cuanto a la iglesia parroquial de la Asunción, en el centro del pueblo, se trata de un templo con fábrica de cantería y mampostería, construido en el XVI y transformado en siglos posteriores. Es de tres naves, con tres tramos en la central; las naves laterales presentan dos tramos por cada uno de la central, que se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y de arista las laterales.

Roquet, expositor permanente de las delicias culinarias de la zona

El pueblo de Monroyo desciende y culebrea desde la carretera, exhibiendo en el camino una sucesión magnífica de casas solariegas y rincones con encanto, pero la mayor parte de sus motores económicos están en la parte de arriba. La gasolinera es parada técnica habitual de quienes van a la playa, y en una esquina del centro de repostaje de vehículos hay otro sitio que devuelve la vida al más pintado, esta vez por razones gastronómicas: la tienda Roquet Monroyo.

Yolanda Guarc lleva el negocio y también atiende la gasolinera, aunque cuenta con apoyos en las jornadas con más concurrencia de visitantes. “La tienda la abrió un hermano mío, y ahora la gestiono yo. El nombre es familiar también, porque pertenecemos a Casa Roquet; nuestro apellido también suena en el Bajo Aragón y el Matarraña por las panaderías y los obradores de repostería y pastelería”.

La tienda abrió con un espíritu de concordia y orgullo zonal que pervive a día de hoy. “La idea –explica Yolanda– era tener un sitio con muestras de los productos de calidad del Matarraña, sumando además aportes de las comarcas colindantes como el Maestrazgo, el Bajo Aragón, Els Ports de Morella en Castellón y Terra Alta de Tarragona. Es un expositor permanente de toda la zona”.

Soincar, el secadero local, surte de embutidos a la tienda. “Los jamones los traemos del secadero de Peñarroya, y lógicamente se trata de un producto estelar estando en Teruel; por supuesto, esta elección se debe a que el género es de primera calidad. Normalmente tenemos jamón al corte aquí, que envasamos luego al vacío, pero en estos meses tan complicados lo hemos dejado de hacer, porque era complicado seguir correctamente los procesos en las actuales circunstancias, y lo primero es lo primero. Ahora tenemos piezas enteras al vacío o el fileteado que llega del propio secadero; en este año, todo el mundo lo entiende. Lo volveremos a hacer, y lo ofertaremos online; la venta web marcha bien, la hemos ido renovando en roquetmonroyo.net”.

Además del jamón, lo que más se lleva la gente de Roquet es el aceite de Denominación de Origen Bajo Aragón. “Trabajamos con diferentes almazaras, para abarcar las peculiaridades de cada una, pero siempre con un estándar alto; desde la Cooperativa del Mezquín, ubicada en La Codoñera y Torrecilla de Alcañiz, a productos concretos y selectos como la gama ecológica del Mas de Catxol, el de arbequina pura de Oroaragón de Valdeltormo, el Diezdedos de Cretas, la cooperativa de Mazaleón… hay un poco de todo”.

Hay vino de las Bodegas Crial que llegan de Lledó o de la cooperativa de Cretas, entre otros untos, y queso fresco de L’Escresola de Peñarroya, hasta productos de puntos más alejados como Samper o Lécera.

Esta variedad se traslada también a la oferta hostelera, con los extraordinarios bocadillos de jamón con tomate (qué difícil es bordar lo que parece fácil) de la Posada Guadalope, que cuenta además junto a sus instalaciones con el Jardín de la Noguera; también hay que señalar las generosas raciones de El Molino.

MONROYO

Comarca. Matarraña.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 180 kilómetros por la N-420 y la N-211.

Posada Guadalupe. Uno de los establecimientos con más solera de la comarca, centro habitual de celebraciones y punto de reposo de excursionistas. Cuenta con el Jardín de la Noguera para eventos al aire libre.

Centro BTT Monbike. Situado muy cerca de la Posada, tiene marcadas y clasificadas por grados de dificultad diversas rutas ciclistas. Alquila material.

Portal de Santo Domingo. De los cuatro portales de la muralla que tenía Monroyo solo queda uno en pie, de origen medieval. Las diferentes guerras lo amenazaron seriamente, sobre todo en 1839, pero en 1993 fue restaurado.

El Abejero. La apicultura local tiene como representante a este esfuerzo de gran calidad e impecable servicio. Se trata de la segunda generación de colmeneros; tienen miel de romero, tomillo, carrasca... además, también venden polen y jalea real.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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