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Excursión a Aguas Tuertas, la pradera infinita de los valles occidentales

Situado en la cabecera de Guarrinza, la ruta hasta este singular paraje es apta para familias con niños.

La ruta a Aguas Tuertas se recomienda para niños.
La ruta a Aguas Tuertas se recomienda para niños.
Wildkids.es

Enclavado en la cabecera del valle de Guarrinza, Aguas Tuertas, un paraje pirenaico de infinitas llanuras, es el destino perfecto para realizar una excursión de montaña con niños. La siguiente propuesta está de hecho incluida en la guía de Wildkids ‘Rutas con niños por el Pirineo aragonés’.

El de Aguas Tuertas, marcado por el río Aragón Subordán, es uno de los valles más singulares del Pirineo, caracterizado por los pequeños meandros que va marcando el agua a lo largo de una planicie de más de dos kilómetros de longitud.

Con una distancia de 6 kilómetros de ida y vuelta y un desnivel de 350 metros en altura, la ruta se considera apta para realizar con niños de a partir de 4 ó 5 años.

Para emprender la marcha se recomienda llegar en coche hasta la pista de Guarrinza, donde una barrera marcará el final del paso para vehículos. Para alcanzar este punto, desde Hecho y pasando por Siresa, se toma la carretera hacia Selva de Oza, atravesando el congosto de la Boca del Infierno.

Dejando a un lado el aparcamiento de Guarrinza, todavía se puede avanzar algo más por una pista, eso sí, con numerosos baches, por lo que conviene tomarse este tramo final con calma. Otra opción, para una excursión más larga, es emprender la marcha en este punto.

Si se avanza en coche, una vez alcanzada la barrera que no deja pasar, la vía se abre para poder aparcar los coches y comenzar, ahora sí, la marcha a pie. La ruta no tiene pérdida, ya que transcurre por el sendero GR-11, marcado con señales blancas y rojas.

Desde este punto, los primeros 2,5 kilómetros se producen por una pista forestal en suave ascenso que lleva hacia la cabecera del valle de Guarrinza. A la derecha, el barranco del Barcal, y, a la izquierda, aparecen las cascadas que el río Aragón Subordán forma en su abrupto descenso desde los llanos de Aguas Tuertas hasta el valle.

Conforme se avanza, el sendero encamina al caminante hacia El Salto, una cascada por la que se precipita el agua que proviene de los llanos de Aguas Tuertas. Poco antes de alcanzar la cabecera del valle, a la derecha quedará el barranco de la Loma por donde, dependiendo la época del año, el agua que baja puede inundar parte de la pista por la que pasa esta ruta.

Cuando se haya alcanzado casi la mitad de la distancia total de la ruta y abandonando la pista forestal, el último tramo de ascensión hasta la cota más alta de la ruta es de apenas 500 metros, salvando así la mayor parte del desnivel.

En este punto, el senderista se encuentra a algo más de 1.600 metros de altitud, en el refugio para pastores de Aguas Tuertas, tras una hora aproximadamente de caminata. La cabaña se emplaza en un pequeño collado, desde el que se pueden ver, unos metros más adelante, las inmensas praderas con sus meandros casi como si de un circuito de carreras se tratara.

El dolmen de Aguas Tuertas y otros restos megalíticos

Llegados aquí, se recomienda tomar el sendero que surge a la izquierda al pasar el refugio para poder obtener unas vistas mejores del paraje. Merece la pena detenerse aquí para contemplar con perspectiva cómo el recién nacido río Aragón Subordán forma estos surcos de color arcilloso durante más de dos kilómetros sobre una pradera verde donde no es raro encontrar multitud de animales, como caballos o ganado vacuno, pastando.

Vistas del paraje de Aguas Tuertas
Vistas del paraje de Aguas Tuertas
Ayuntamiento Valle de Hecho

Además, este camino llevará, a media ladera, hasta donde el río abandona la pradera y donde se emplaza el Dolmen de Aguas Tuertas. También conocido como la Caseta del Duende, es uno de los monumentos megalíticos mejor conservados del valle del río Aragón. Cuenta la leyenda que desde ella uno de estos seres fantásticos vigila el acceso al valle.

Pero este no es el único resquicio megalítico de Aguas Tuertas. Y es que este valle está considerado como uno de los lugares con mayor concentración de construcciones de este tipo de todo el Pirineo. El Mallo Blanco, un conjunto de túmulos dispersos con más de 4.500 años, aparece en lo alto de una pequeña colina. También se pasa por el túmulo de El Salto, una estructura circular de 15 metros de diámetro formada por grandes piedras.

Alternativas antes de la vuelta

Antes de emprender el camino de vuelta, que se produce por el mismo trazado que la ida, la inmensa pradera espera abajo al senderista. La hierba invita a tumbarse, a comer algo y a reponer fuerzas antes del regreso.

Si se quiere ampliar la excursión, desde aquí, el sendero GR-11 continúa a lo largo de la llanura, durante los más de dos kilómetros de longitud de la misma. Una vez recorrida la planicie, el camino prosigue en dirección al ibón de Estanés, un lago de alta montaña situado en la frontera con Francia. La senda gira hacia el este para llegar al puerto de Escalé. Avanzando en el camino, una bifurcación a la derecha llevará hasta una canal de fuerte pendiente para, una vez superada, bajar al ibón.

Con esta alternativa, que ya no sería apta para todos los públicos por su longitud y desnivel, se sumarían unos cuatro kilómetros (dos de ida y dos de vuelta) al total de la ruta.

Tras este paréntesis, la propuesta original, recomendada para una actividad familiar con niños, regresa hasta la pista de Guarrinza por el mismo camino de ida.

La duración total calculada en tiempo, sin desviaciones, es de algo más de dos horas de ida y vuelta sin tener en cuenta las paradas para comer, almorzar o simplemente disfrutar del singular paisaje.

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