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aragón es extraordinario

Morata de Jiloca y sus cárcavas de película

La acción milenaria de las aguas sobre la roca formó en las inmediaciones de la localidad estas hendiduras que sirvieron de marco al filme ‘Los cuatreros’ en 1964.

Foto de Morata de Jiloca
Fachada de San Martín de Tours
Laura Uranga

Miguel Langa es agricultor y lleva ya unos cuantos años en la alcaldía de Morata de Jiloca, su pueblo, que se conoce al dedillo tras una vida dedicada a su gestión y, más atrás en el tiempo (le viene de familia) a la tierra, con especial incidencia en los frutales. La fuerza de la costumbre, empero, no le coarta a la hora de admirar con ojos casi nuevos la maravilla geológica que atesora su pueblo: las cárcavas, esas montañas horadadas durante cientos de miles de años por las aguas, un tipo de erosión bautizada como remontante y típica de los suelos arcillosos. Además de este ‘rastrillado’ natural, las cárcavas suelen estar jalonadas de caprichosas figuras talladas por la madre Natura en la piedra: en Morata es famoso un camello que alberga a veces buitres en sus jorobas, y que se sitúa a cuatro kilómetros del pueblo.

Algo más cerca, apenas a kilómetro y medio, están las cárcavas que sirvieron de localización precisa a la película ‘Los cuatreros’ allá por 1964. Un rodaje se vivió con intensidad en la comarca, ya que entre sus protagonistas estaban el británico Edmund Purdom, famoso por su papel protagonista en ‘Sinuhé, el egipcio’ (Michael Curtiz, 1954), donde había sustituido al mismísimo Marlon Brando. También actuó en ‘El hundimiento del Titanic’ y ‘Julio César’, ambas de 1953. Por si fuera poco, y en su eterno papel de tipo al margen de la ley, el zaragozano Fernando Sancho tenía un hueco destacado en el reparto. “Al director y los productores les encantaron las cárcavas –recuerda Miguel– y aprovecharon bien el escenario; hay un hueco pequeñito a mitad de pared que utilizaron para que un caballo saliera a galope, y debían entrarlo ya girado antes de rodar la escena, ambientada en un desierto de California”. Fue uno de los primeros ‘western’ rodados en España.

Verde y marrón

En el entorno natural de Morata hay mucho más que ver; no todo son cárcavas y frutales. Las muelas del Jiloca, aunque áridas por naturaleza, tiene un gran interés ecológico y están incluidas en la Red Natura 2000 (LIC y ZEPA). La cabra montesa es habitual en la zona, así como la alondra de Dupont. También hay una notable zona de pinar al sur del pueblo, que de hecho cubre más de un tercio del municipio y es destino habitual de senderistas y ciclistas. Es un pinar de repoblación con pino carrasco, y se plantó con el fin de frenar la fuerte erosión presente en las laderas en la margen sur del valle del río Jiloca.

El caudal del río es el gran sustento del municipio; la vega resultante ha dado como fruto la consolidación del peral en la zona, apoyado por varias acequias de origen romano y árabe. “Tenemos –recuerda Miguel– dos empresas especializadas, Frutas Alonso y Frutas Sabor del Jiloca, que comercializan buena parte de la producción de la zona. La pera de agua y la conferencia son espectaculares, pero también destacan las manzanas golden y reineta, la cereza, la ciruela… como hay mucho contraste de temperatura entre el día y la noche, tenemos una maduración lenta, y las frutas cogen todos los azúcares, a diferencia de lo que ocurre en otras zonas”. Ojo, que no es una invitación al hurto en el campo: más bien una pista para que la visita a la frutería sea con la chuleta de las respuestas correctas.

San Martín de Tours, una joya mudéjar con mucha personalidad

La plaza Marco Monge y la calle Mayor lindan con la parcela ocupada por la iglesia parroquial de San Martín de Tours, una verdadera joya del mudéjar aragonés. Antes de admirar su espectacular portada, no está de más curiosear por los laterales del edificio, donde puede leerse –no es la única– una curiosa inscripción. “Toda palabra ociosa se hará cuenta rigurosa”, reza el dicho que invita a la reflexión en la pared sur de la iglesia.

“Hay muchos templos consagrados a este santo en la comarca –explica el alcalde Miguel Langa, que admira el ‘azul oscuro casi negro’ de los arabescos cerámicos mudéjares de la portada– porque cuando se echó a los moriscos en España, toda esta zona se repobló con cristianos franceses. Los que vinieron desde allá se trajeron a sus santos, de ahí el asunto. la verdad es que esta iglesia es una joya, desde el alabastro de Fuentes en de Jiloca en algunos puntos a la riqueza del estilo mudéjar. Aunque es bonita en cualquier momento del día, la tarde ofrece la mejor luz para admirarla”.

El templo pertenece al tipo de iglesias-fortaleza que se hicieron habituales en el siglo XIV por toda la zona de la península reconquistada a la dominación árabe. Es de una sola nave, con dos tramos, además del coro a los pies y el presbiterio en la cabeza. En el exterior del templo se pueden diferenciar dos épocas distintas de construcción; la más antigua corresponde al mentado siglo XIV, y se aprecia en la parte inferior de los cuerpos centrales y la cabecera. El segundo empujón llegó a finales del XVI, con el remate del edificio materializado en una galería de 25 arcos semicirculares.

La fachada que tanto admira Miguel Langa (y todo el que llega hasta el pueblo para verla) está sin duda entre las más hermosas del mudéjar en Aragón, solamente superada (aunque hay quien la valora incluso por encima) por La Seo de Zaragoza. La puerta permaneció tabicada hasta la restauración del edificio a finales del siglo pasado, que presenta un conjunto de lacería mudéjar consistente en paneles decorados con cerámica vidriada y lacería rómbica. La torre es de ladrillo, y se halla separada de la iglesia.

Vídeo de Morata de Jiloca en 'Aragón es extraordinario

Las capillas

Las capillas del presbiterio, afortunadamente, conservan buena parte de la decoración con motivos góticos en las molduras y capiteles corridos. Destaca la decoración original de la capilla izquierda, formada por cabezas de dragones y decoración vegetal, que sirvió como patrón para la recuperación de las pinturas del resto del templo. En las claves de las bóvedas encontramos decoración original como la Señal Real de Aragón o un racimo de mocárabes.

Con la rehabilitación de la iglesia en 1982 se instaló en el presbiterio el retablo gótico de la Vera Cruz, conservado hasta entonces en la ermita del mismo nombre, donde se colocó en su lugar una reproducción a escala. Se trató de una medida encaminada a darle mayor visibilidad, al relocalizarse en el centro del pueblo, aunque la seguridad también fue un motivo poderoso para la mudanza.

Un municipio activo, con población plural... y un genio de los puzzles

Además del campo y las dos industrias derivadas del frutal, Morata de Jiloca cuenta con serrería y una empresa de reciclaje de plásticos, sucursal de Unilever, que fabrica granza (pequeñas bolitas de plástico). El pueblo tiene una población inmigrante notable y asentada, con mayoría de nacionales búlgaros. Entre los veteranos más conocidos del pueblo está Gregorio ‘el de los puzzles’, como le llama uno de sus vecinos. Especializado en grandes rompecabezas, que compra sobre todo por internet, comenzó motivado por su hija y ha roto varias marcas nacionales de tamaño y número de piezas; en su casa abundan las obras de arte recreadas en puzzle, e incluso ha tenido que volver a troquelar piezas para adaptar nuevos puzzles a a sus paredes. Estos días no abre su casa a extraños por respeto a la covid-19, pero mantiene intacta su afición, que se extiende a otras habilidades constructivas.

MORATA DE JILOCA

Comarca. Comunidad de Calatayud.

Cómo llegar. Desde Zaragoza, su capital de provincia, hay 96 kilómetros por la A-2 y la N-234.

Dónde comer. Junto a la iglesia parroquial se encuentran el bar La Cárcava y el Mesón Manolo. Conviene reservar con antelación para asegurarse de que los fogones estén activos.

Casa Costea. Se trata de un monumental palacio tardogótico; todo el edificio es de tapial, menos la portada y la galería de 25 arcos, un número que no alcanza ningún palacio aragonés de los siglos XVI y XVII.

Ermita de la Virgen de Alcarraz. Situada a las afueras, es un edificio de buen tamaño, con tejado a dos aguas y varias dependencias para los romeros. Se sube el primer domingo de agosto.

Ermita de la Vera Cruz. Está al final del viacrucis, sobre una pequeña loma cubierta de pinos. Fue custodia en su día de un retablo gótico del siglo XV, atribuido al ‘Maestro de Morata’, que ahora está en la iglesia parroquial de San Martín.

Reportaje incluido en la serie ‘Aragón es extraordinario’.

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